Capítulo 11: Buena compañía en el dolor

642 Words
Amanda y Rubén estaban en el hospital esperando atención. Por suerte, la urgencia estaba casi vacía. Se encontraban sentados en unos asientos con un número en la mano, con el cual los llamarían para atender a la chica. —¿Cómo me encontraste? —preguntó Amanda algo mareada. La herida que dolía más de lo que quería admitir, y haber visto la sangre correr desde su rodilla hacia abajo le había impresionado mucho, tanto que hasta había sentido algunas arcadas. —Estaba cerca comprando un videojuego —respondió Rubén mostrando una bolsa pequeña con una caja delgada dentro —y mientras me iba a mi casa, te ví saltar sobre ese gilipollas, entonces me acerqué y le pegué para que no te hiciera nada. Amanda se apoyó en el hombro de Rubén y cerró los ojos. Rubén la rodeó con su brazo y apoyó su cabeza en la de ella. —Gracias —musitó ella— Aunque lo tenía casi bajo control. Si no me hubiera hecho esta tonta herida, ese chico habría quedado hecho polvo. —Sí vi los golpazos que le diste. Solo me acerqué a rematarlo —rió el chico. —Que suerte que no tuviera un arma —pensó en voz alta la chica. -¡Número veintitrés! ¡Número veintitrés acérquese a la puerta por favor! -dijo una enfermera. Amanda se puso de pie con dificultad y Rubén la acompañó a una sala. En el lugar, la hicieron sentarse sobre una camilla. La enfermera le limpió la herida y el rastro de sangre de su pierna. A Amanda le escogía, pero debía ser valiente. Cuando estaba todo limpio, la mujer le colocó un gel y un parche hecho de Gaza y lo sujetó con tela adhesiva especial. Luego, le pasó unas gazas, tela adhesiva y un frasco con yodo para que ella se curara dos veces al día en su casa, explicándole amablemente y pasó a paso cómo debía hacerlo. -Que gran servicio médico tienen en España -comentó Amanda sorprendida cuando salían del hospital -en mi país esperas como mil horas, te atienden mal y no te dan ni una bandita. Rubén sonrió. -Bueno, tampoco aquí es la gran maravilla -replicó el chico- solo tuviste suerte. Había poca gente y la enfermera era amable. Aunque la gaza y las otras cosas sí son por parte de la casa. Algo bueno que tenga este sistema. Amanda rió ante el comentario. -¿Rubén, dónde puedo tomar un taxi? -preguntó la chica cuando ya habían salido del hospital. Él la miró serio. -¿Sabes?, se me hace muy raro que me digas Rubén. Dime Rubius, que así me dicen mis amigos. -O sea que me consideras tu amiga. Que tierno -sonrió Amanda y Rubius le devolvió la sonrisa. -Si quieres te acompaño a tu casa. No tengo nada que hacer hoy de todas formas -comentó el chico despreocupado. -Bueno... gracias, Rubius. Rubén llevó a Amanda a tomar un taxi y ambos se dirigieron a su edificio. Al llegar, Rubius se dio cuenta que era el mismo lugar donde vivía Alexby y lo mencionó sonriendo, mientras Amanda asentía con la cabeza y le contaba que se habían encontrado el otro día. Cuando llegaron al apartamento, Amanda se sentó en el sofá y Rubén se sentó junto a ella. -Este lugar está jodidamente vacío -dijo el chico mirando las paredes. -Es que aún no tengo nada para adornarlo, ni he tenido tiempo para buscar pósters o cuadros o cosas así -se disculpó Amanda. -Yo te podría traer algo bonito... ¿te gusta algún videojuego en especial? -Assassin's Creed -respondió Amanda inmediatamente -de hecho, mi gato se llama Altair. -Que guay. Podría traerte algo de eso -dijo Rubén y le pasó un brazo por los hombros. Amanda apoyó su cabeza cerca del pecho de Rubén y él le acarició el cabello. -Gracias por todo, Rubius -murmuró ella y lo miró a la cara. Él le devolvió la mirada con sus bellos ojos claros. Poco a poco se acercaron. Amanda sentía la respiración de Rubén. Era agradable. Él le tomó la cara suavemente mientras seguían acercando sus rostros.
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