¿Nos Conocemos?

3208 Words
Vanessa Un nuevo día comenzaba para mí, como era costumbre dos golpes a la puerta resonaron por toda la habitación y mis ojos se abrían con desdén, con la mirada fija en el techo, deje que el aire entrara lentamente a mis pulmones, cerré mis ojos por un momento, conforme una lagrima descendía por mi mejilla. Me habían traído a este lugar, después de despertar a lo que me parece Rosa llamo un profundo y reparador sueño. Tenía mis muñecas vendadas al igual que mis tobillos y mi pierna. Perdí la noción del tiempo, por lo que decidí comenzar desde cero y a lo que a mi concierne apenas llevo tres días en este infierno. - Buen día – la voz de Rosa atravesó la puerta , haciendo que me pusiera de pie. – Te he traído un poco de comida – decía con tristeza al observar la bandeja del día anterior intacta. - No tengo hambre - A mi, no me puedes engañar. – tomo la bandeja del suelo y antes de irse deposito un pequeño beso en mi frente. Observando la comida con recelo, la empuje a un lado y volví a tirarme en la cama. Los pasos de Rosa se frenaron antes de llegar a la puerta y se dio vuelta para verme una última vez. Regalándome una última sonrisa, dejo en el suelo, lo que aparentaba ser una cajita. La puerta se cerró de golpe. Pasaron un par de minutos antes de que mi estomago aclamara por la comida, pero me negaba a probar bocado alguno, así que me puse de pie e inconscientemente camine hasta donde se encontraba la misteriosa cajita. Inclinándome para tomarla, me di cuenta que no era una cajita, sino un pequeño libro, de pasta roja y en letras doradas, se podía leer Tesoros Ocultos. Una pequeña sonrisa se dibujó en mi rostro, al momento de pasar mis dedos sobre las páginas, tomé asiento y comencé a leer. Sin sentir el pasar del tiempo, olvide por un instante donde estaba. Me encontraba tan perdida en la historia, que no escuche en que momento abrieron la puerta. Un par de manos, me levantaron sin esfuerzo del lugar y un fuerte grito salió de mi garganta. - ¡Suéltame! - grite, mientras forcejeaba con el hombre tras de mí, intente golpearlo un par de veces, pero, me era imposible moverme. Al salir de la habitación el pasillo se encontraba a oscuras y aparentemente vacío a excepción de los guardias que custodiaban mi puerta, conforme mi avanzábamos, pequeños susurros se escuchaban a lo lejos, algunos parecían ser gritos y otros platicas sin sentido, pero nada era conciso. Mi mirada viajaba de un extremo a otro, en busca de una salida o inclusive tontamente en alguien quien me ayudara, pero estaba completamente vacío. Giramos un par de veces, antes de llegar a lo que parecía ser un cuarto de baño, la persona a mis espaldas me empujo hacia adentro y cerró la puerta con seguro. Con los pies temblorosos di un par de pasos e inspeccioné el lugar, frente a mí se encontraba una regadera, al lado de la puerta se encontraba el lavabo y sobre el un pequeño espejo. Al observar mi reflejo, note lo demacrada que estaba, mi piel se encontraba pálida y unas grandes bolsas negras ocultaba a mis ojos. Al observar a la extraña en el espejo, la impotencia y la ira se apoderaron de mí, tomando el espejo, de los lados, jale de el y lo tire al piso, un gran estruendo se escuchó en el interior, los pedazos de cristal se esparcían lentamente por el suelo, inclinándome para tomar uno de los cristales más grandes, la puerta se habido de golpe y con el cristal en mano, me aproxime a la persona que entraba por la puerta, sin pensarlo lo apuñale con el cristal y salí corriendo. Sentía que mis pies sangraban por cada paso que daba, pero mi mente me decía que no para, que buscara una salida, una salida que ni siquiera conocía. Me encontraba forcejeando con una de las puertas, cuando un golpe me tiro al suelo. Con todo a mi alrededor dando vueltas, un fuerte jalón de cabello me intentaron poner de pie, logrando únicamente que un desgarrador grito inundara el pasillo. - ¡Cállate! – se escuchó a mis espaldas y de repente un hombre con una arma se encontraba, apuntándome con ella, haciendo que callara de golpe. – Muy bien así me gusta, calladita. – el cañón del arma rozo mi mejilla y desvié mi mirada. - Creo que ya es suficiente – un chico tembloroso apareció en mi vista , pero el hombre frente a mi sonrió con diversión y tomándome desprevenida me sujeto fuerte de la cara. - No me importa lo que haya dicho esa anciana, - decía, mirándome fijamente a los ojos y regalándome una sonrisa torcida, e ignorando al chico. - Pero ya me esto cansando de estos juegos. Así que … - por un momento aflojo su agarre y pensé que me soltaría, pero el cañón del arma se estrelló conta mi mejilla. El ardor era insoportable, pero no estaba dispuesta a darle el gusto de verme caer, cuando volvió a tomarme, le escupí en la cara y le regalé una sonrisa. Su rabia se reflejaba en su mirada y por una milésima de segundo me preguntaba qué era lo que había hecho. - Te crees muy astuta ¿no? – le dirigió una mirada, al sujeto que me tenía y me soltó. – Bien, veamos que tan lista eres – como un predador cazando a su presa, se aproximó hacia mí, e inútilmente intente retroceder. - ¡ES SUFICIENTE!, Nicholas, deja en paz a nuestra invitada. – Nicholas, si ese era realmente su nombre, se inclinó hacia mi y me susurro al oído “Aun no hemos terminado”, antes de retroceder y fulminar con la mirada al hombre que había terminado con su diversión. - Jay, lleva a nuestra invitada, al cuarto de baño. Y nuevamente esa palabra invitada, una palabra que estaba completamente errada a como me sentía en estos momentos, yo no era su invitada, era su presa. - Pero, señor… - el chico que creo yo había intentado ayudarme, me miro con miedo y miro nuevamente a su superior. – el baño es un destrozo y… - Dado que a nuestra invitada el baño que le proporcionamos no a sido de su agrado, llévala a los comunitarios y Jay, que no ocurran más inconveniente, por favor, que ya vamos muy retrasados y asegúrate de que le tapen bien lo rojo de la mejilla. - Si señor. Jay con un poco de gentileza me puso de pie y coloco una venda en los ojos, lo que me desconcertó. - ¿Por qué la venda? – le pregunte, mientras sentía que me amarraba de las muñecas. – Y ¿Por qué atarme de las manos? - Es por su seguridad y ahora camine, por favor. – menciono cortante y sentí un liguero jalón y comencé a mover los pies. Durante todo el trayecto en mi cabeza daba vueltas una pregunta, una que no me atrevía a pronunciar “¿De quién era invitada?”, mis pies frenaron en seco, lo que provoco que Jay jalara con fuerza de la soja en mis muñecas. - ¿Señorita? – escuche que Jay se acercaba a mí, pero detuvo en seco y tomo una postura completamente diferente – Solo sígame la corriente y pase lo que pase no diga una sola palabra. – me susurro al oído antes de sentir como me empujaba con una poco de agresividad, pero sin lastimarme. - ¡Camina! – dijo con firmeza, a la par que escuchaba como voces femeninas acercándose a mi ubicación. Jay volvió a empujarme con más fuerza y un tirón de mis muñecas, me hizo avanzar, las voces comenzaron a intensificarse y mis nervios volvían a florecer. Sin dos de mis sentidos, lo único que podía percibir eran los ruidos que me rodeaban y un ligero olor a humedad. Con forme cada paso que daba una puerta se abría y casia al instante se volvía a cerrar. Dos golpes fuertes a una puerta resonaron en el pasillo y el sonido de unas llaves golpeándose entre sí se escuchaban al otro lado, la puerta se abrió y por ella un gran bullicio de voces, sin previo aviso Jay desato mis manos y me empujo por detrás, haciendo que perdiera el equilibrio y callera de rodillas. No sin antes decir – Cuiden de ella señoritas – sus pisadas se fueron alejando y la puerta se cerró tras de ellas. Casi enseguida intente quitarme la venda da los ojos, pero algo me lo estaba impidiendo, a mi alrededor las voces se habían apagado y lo único que podía escuchar era mi respiración alterada, tirando de mi cabello intente quitarme la venda, pero lo único que lograba era que se enredara cada vez más. Una mano me tomo por sorpresa y mi primer instinto fue alejarme, pero casi al instante diez pares de manos me estaban tomando, aterrada comencé a lanzar golpes, e intente ponerme de pie, cuando sentí que alguien se aproximaba por detrás, lance un golpe y el sonido de mi puño chocando con piel sonó en el cuarto. - ¡Vaya chicas tenemos a un peleadora! – grito una chica con voz gruesa y al instante un montón de carcajadas me estaban rodeando. -Leah ayuda a la pobre chica. - Tranquila, ¿sí? Solo voy a quitarte la venda. La venda callo y un destello de luz inundo mi vista, me encontraba rodeada de chicas, las cuales aparentaba tener mi edad, a excepción de una de ellas, quien no dejaba de mirarme, como si intentara descifrar que era lo que yo hacía en ese lugar. - Vaya que tienes un buen gancho derecho, -me dijo una peli negra, quien se sobaba su mejilla. Apenada baje la mirada e intente disculparme, pero la chica ya me había tomado de los hombros. – Oye, tranquila, todas hemos pasado por lo mismo, no tienes por que preocuparte, soy Hanna y ella es Leah – señalo a la chica que acaba de ayudarme. – Y ¿Cuál es tu nombre bonita? Mi mirada se enfocó en Hanna y Leah, con timidez murmuré – Vannesa –lo dije tan leve que muy pocas chicas lograron escucharme. - Lindo nombre, ¿no Leah? – Leah asintió con la cabeza. – Y dime Nes, ¿Cuánto tiempo llevas aquí? - No lo sé - ¡Escucharon chicas, carne fresca! – las chicas a nuestro alrededor comenzaron a aplaudir y por un momento volví a sentirme en peligro. Hasta que la voz de la mujer del fondo resonó sobre los aplausos. - ¡Todas en fila! – la mitad de las chicas se colocaron en fila cerca de la pared, e intente seguirlas, pero Hanna me tomo del brazo, impidiendo moverme. - Quieta linda, sabes aquí tenemos una tradición, ¿no es así chicas? – la otra mitad que no se había movido asintió. – En ese caso démosle la bienvenida como se debe. Dos chicas me tomaron de los brazos y tiraron de mi a una de las equinas, mi mirada inmediatamente busco a la mujer de por te frio quien no se inmutaba por lo que estaba pasando, le lance una mirada suplicante, pero ella no hizo nada. La puerta volví a abrirse y por ella dos hombres entraron. Sus miradas cayeron directamente en nosotras y antes de que las chicas pudieran tocarme la voz de uno de ellos las congelo. - ¿Pasa algo señoritas? – pregunto con voz fría y calculadora. No recibió respuesta, así que grito con fuerza - ¡Entonces en fila! Las chicas se dispersaron, a excepción de Hanna, quien no se había movido de lugar junto conmigo. - Parece que tenemos dos que no saben acatar ordenes – el hombre le hablo a su compañero. La persona que se había quedado atrás, camino hacia nosotras y tomo a la peli negra del cabello y jalo de ella, - Parece que nuestra pequeña rebelde, se ha olvidado de las reglas. – su mirada volvió a mí y sonrió con malicia. - ¿Tu nombre? – hablo en mi dirección. - Vanessa – dije temblando y por un momento el hombre dudo, pero recupero su compostura. - Muy bien Vanessa, en este lugar hay tres simples reglas, ¿verdad Hanna? – el hombre tiro de ella obligándola a verlo a los ojos. – Regla no. 1: Prohibido iniciar una pelea – dictamino y le propicio un golpe en el estomago a Hanna, lo que hizo que ella se quedara sin aire. – Regla no. 2: Prohibido atentar contra alguien ya sea del personal – un nuevo golpe – o compañera – Hanna suplicaba con la mirada e intentaba zafarse de su agarre, demostrando el temor que tiene al hombre enfrente, pero el simplemente le sonrió antes de darle una cachetada – Y por último Regla no. 3 acatar las órdenes. – Con un último tirón, tiro a la peli negra al suelo, quien cayo con tanta fuerza que quedo desmayada. - Creo que ya le han quedado claras las reglas James, ¿No es así? – su compañero, me miró fijamente asentí con la cabeza. - A la fila – me ordeno James. Ambos hombres volvieron a su posición inicial, y yo me forme junto con las demás. - ¡Fuera ropa! – grito la mujer que no había parado de mirarme. Todas comenzaron a quitarse lo que tenían puesto e hice lo mismo. - ¡Toda la ropa señoritas! – grito la figura frente a mi quien, no paraba de detallarme con la mirada. Caminando sin nada encima, fui conducida junto a las demás, aun cuarto con azulejos intercalados entre azules y blancos, formadas en fila, donde nos esperaban con una manguera a presión, cuando la última chica entro, agua fría comenzó a bañarnos, por completo, mis dientes tintineaban, conforme era mojada por tal cantidad de agua, que golpeaba mi piel con fuerza y hacia tambalearme. Después de eso fuimos conducidas a una habitación, donde a lo largo y ancho de la habitación se encontraba un pequeño tocador, en los cuales se podían leer los nombres de las chicas. Cada una de ellas camino a su lugar destinado y tomo la bata que se encontraba en la su silla, temblando camine al único que se encontraba vacío, el cual pertenecía a Hanna, con ganas de taparme tome su bata y cubrí mi cuerpo. Sin saber muy bien que hacer, tome asiento, tomando el cepillo frente a mí, lo pase por mi cabello húmedo y mire a través del espejo, esperando imitar los movimientos de las demás, pero en lugar de eso, Jay entro por la puerta y me llamo. Mirándome con pena las chicas desviaron la mirada, como si supieran que no volverían a verme o algo mucho peor. Con cuidado me puse de pie y caminé hasta estar a la altura de la puerta, Jay me condujo por el pasillo y me detuvo frente a una habitación. Donde tres pares de ojos me examinaban y se notaban muy preocupados, sin dejarme hacer algún movimiento, la chica rubia con ojos verdes, tomo de mi mano y me llevo hasta una de las esquinas del cuarto. Los otros dos pares de ojos continuaban examinando, cuando ambos terminaron se lanzaron una mirada mutua como si con solo mirarse ambos comprendieran que tenían que hacer. Mirando la habitación, note que en cada esquinas se encontraba un hombre trajeado incluyendo a Jay, quienes no quitaban sus ojos de mí, haciendo que me sintiera incomoda y tomara con mayor fuerza la bata, en medio del cuarto se encontraba una hermosa colección de vestidos lujosos, junto con su calzado y a un lado de la puerta una mesita que contenía lo que parecía ser un armamento de maquillaje y frente a mi se encontraba lo que Anna le encantaba llamar, herramientas de tortura para poner bella a una chica. La chica rubia me dedico una ligera sonrisa, antes de tomar cera calienta y colocarla en el área entre las cejas y el área del bigote, espero un momento a que se secara y con un jalón fuerte y firme retiro la cera, llevándose gran parte de mi vello, con unas pincitas, retiro lo que había quedado y les dio forma a mis cejas. La tortura continuo con mis piernas, axilas y… - Caballeros, un poco de privacidad, por favor- la chica hablo con firmeza y miro a cada uno de los hombres, quienes no habían dejado de mirar y hacían debes en cuando muecas, cada que gritaba por el dolor. Al ver que los caballeros no comprendía lo que les estaba pidiendo, la chica les hizo una señal, haciendo que giraran. Cuando la rubia termino conmigo, me miro con ternura – Hemos terminado linda – menciono, para que los hombres volvieran a girarse- me regalo una linda sonrisa y comenzó a recoger su instrumental. Mientras tanto las otras dos personitas no habían parado de moverse en todo el tiempo en el que había sido torturada, la chica fue la primera que se me acerco, una pelirroja, quien no paraba de sonreír. - Oh, mi pequeño lienzo, - pronuncio con gracia – dejemos que la magia ocurra. - me tomo de la cara con delicadeza y examino con detalle cada centímetro de mi cara. Dedicándome una sonrisa unto un líquido pegajoso, que comenzó a provocarme cosquillas- Tranquila, es parte del proceso. En cuanto al chico, me miraba horrorizado, se acercó con mucha cautela y tomo mi cabello, suspirando con tristeza, dijo algo por lo bajo y con cuidado comenzó a cepillarlo. Después de alrededor de cinco mascarillas, una manicura y una pedicura, la chica toma su equipo de maquillaje, mientras tanto el chico, daba los últimos toques al peinado que según la rubia era perfecto para el vestido que habían escogido. Al terminar la chica me dedico una sonrisa de satisfacción, me tendió la mano para que me pusiera de pie, ambas chicas carraspearon, indicándole a los hombres que necesitábamos un poco de privacidad. Y entre las dos ayudaron a vestirme, llevaba puesto un conjunto de lencería que no dejaba muchas cosas a la imaginación y encima de ello un hermoso vestido color verde esmeralda que resalaba mis curvas. Las tres personas me sonrieron satisfechos por el trabaja que acababan de hacer. Jay me observaba con asombro, tres golpes en la puerta lo sacaron del hechizo. - Por aquí señorita – abrió la puerta y me condujo hasta, lo que parecía ser una bodega. – Aguarde un momento por favor. Las puertas se abrieron, frente a mi y una limusina estaba esperando afuera. - Todo está listo – escuche a uno de los hombres hablar por teléfono. – estamos saliendo al punto indicado. – Como ordene. Con delicadeza, fui conducida hasta la limusina, al entrar por completo, frente a mí una figura familiar se encontraba esperándome. - Disculpa, ¿Nos conocemos? – pregunte, al momento de sentir como la limusina se movía.
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