La verdad acecha en la noche

1220 Words
Alexa despertó al día siguiente con el sonido de su teléfono vibrando sobre la mesita de noche. Parpadeó varias veces antes de extender la mano y ver el nombre en la pantalla: Nikolai. Su corazón se encogió. Dudó antes de contestar, pero finalmente deslizó el dedo por la pantalla y llevó el teléfono a su oído. —Alexa, »sdónde estás?— La voz de Nikolai sonaba preocupada, pero ella ya no podía distinguir si era una preocupación genuina o si estaba interpretando un papel. —Necesitaba estar sola— respondió, intentando que su voz sonara firme. —Pensar un poco. Hubo un silencio breve antes de que Nikolai hablara de nuevo. —No me gusta que desaparezcas así. Sabes que podrías haberme dicho. Alexa sintió una punzada de culpa mezclada con indignación. ¿De verdad quería hacerla sentir mal? —Volveré cuando me sienta lista— dijo sin dar explicaciones. —Te extraño— Nikolai susurró. Pero esta vez, las palabras no la reconfortaron como antes. —Yo también— mintió. Colgó antes de que él pudiera decir algo más y dejó el teléfono sobre la cama. El sobre seguía ahí, esperándola. Ya no podía seguir evitando la verdad. Tomó aire, agarró el sobre y, con manos temblorosas, rompió el sello. Sacó las hojas que había en su interior y sus ojos recorrieron rápidamente los documentos. Fotografías de reuniones secretas, transferencias de grandes sumas de dinero, registros de movimientos ilegales. Entre las imágenes, una destacó por encima de las demás: Nikolai en una reunión con hombres que Alexa conocía bien. Mafiosos. Criminales. Enemigos de su padre. Sintiendo que la habitación se cerraba a su alrededor, dejó caer los papeles sobre la cama. Era cierto. Todo lo que le habían dicho en el café era cierto. Su mente viajó a los recuerdos recientes. Cada gesto, cada sonrisa de Nikolai, cada promesa de protección. Todo estaba diseñado para mantenerla cerca. Para que no sospechara. Para manipularla. Un nudo se formó en su garganta. No podía quedarse de brazos cruzados. Necesitaba respuestas, pero esta vez, Nikolai no podría darle una versión distorsionada de los hechos. Ella misma se encargaría de descubrir la verdad completa. Tomó su teléfono y, con una calma que no sentía, envió un mensaje a Sergei. «Necesito hablar contigo. Nos vemos en una hora en mi oficina. No le digas a nadie.» Se levantó de la cama, se arregló el cabello y se vistió con determinación. Si Nikolai creía que podía manipularla, estaba equivocado. Podía que su corazón estuviera hecho pedazos, pero su mente estaba más despierta que nunca. Era hora de jugar su propio juego. Alexa llegó a su oficina antes de la hora pactada, necesitando unos minutos para calmar su respiración y ordenar sus pensamientos. El eco de sus tacones sobre el suelo de mármol le recordaba que aún tenía el control, aunque por dentro sintiera que su mundo se desmoronaba. Se sirvió un vaso de whisky sin hielo y lo bebió de un solo trago. No podía permitirse dudar. El sonido de la puerta abriéndose la hizo girarse. Sergei entró con su característico andar pausado y una mirada cautelosa. —¿Qué está pasando, Alexa? —preguntó cerrando la puerta tras él. Ella no respondió de inmediato. En cambio, deslizó las fotografías sobre la mesa y observó cada reacción en el rostro de Sergei mientras las revisaba. Él frunció el ceño. —¿De dónde sacaste esto? —No importa —dijo Alexa con voz firme—. Lo que importa es que necesito la verdad, toda la verdad. Sergei dejó las fotos a un lado y suspiró pesadamente. —No voy a mentirte. Sabía que Nikolai tenía sus propios intereses en el negocio, pero no imaginé que estuviera tan metido. Alexa apretó los puños. —Así que es cierto. Todo este tiempo... —Todo este tiempo ha jugado sus cartas con cuidado —confirmó Sergei—. Pero eso no significa que no sienta algo por ti. Alexa rió sin humor. —No me interesa su versión de la historia. Ahora la pregunta es… ¿qué haré con esta información? Sergei la observó en silencio por un largo instante. —Si quieres que desaparezca, puedo encargarme. Ella negó con la cabeza. —No. Todavía no. Sergei arqueó una ceja. —¿Todavía? Alexa sostuvo su mirada. —Voy a destruirlo… pero primero, quiero verlo arder. Sergei esbozó una sonrisa apenas perceptible. —Eso suena más a la Alexa que conocí. Ella ignoró el comentario y recogió las fotografías, deslizándolas de vuelta en el sobre. Su mente trabajaba rápido, calculando cada movimiento. No podía enfrentarse a Nikolai sin un plan sólido. —Necesito saber exactamente hasta dónde llega su influencia —dijo, cruzando los brazos—. Con quién ha estado negociando, qué acuerdos ha cerrado y si hay alguien más en mi empresa que trabaje para él. Sergei asintió. —Puedo hacer algunas llamadas. Hay un par de contactos en el puerto que pueden tener información sobre los envíos que han llegado en los últimos meses. Alexa le sostuvo la mirada. —Hazlo. Y si descubres algo más, dímelo primero a mí. Sergei se inclinó ligeramente, en un gesto que parecía más un pacto silencioso que una simple obediencia. —Siempre. Cuando él se marchó, Alexa se apoyó en el borde de su escritorio y exhaló lentamente. Sabía que Nikolai pronto notaría su cambio de actitud. Él no era un hombre fácil de engañar, pero ella tampoco era la misma mujer que había sido antes de abrir ese sobre. Tomó su teléfono y escribió un mensaje. "Quiero verte. Esta noche en el club." Pulsó enviar y dejó el móvil sobre la mesa. Nikolai respondería. Lo sabía. Esta vez, sería ella quien dictara las reglas del juego. El teléfono vibró sobre la mesa apenas unos segundos después. "Siempre." Alexa presionó los labios, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. Nikolai no hacía preguntas. No dudaba. Era seguro de sí mismo, como si todavía creyera que la tenía bajo su control. Pero esta vez, las cosas serían diferentes. Se puso de pie y caminó hasta la ventana de su oficina, observando la ciudad extendiéndose bajo la luz tenue del atardecer. La reunión de esa noche sería crucial. No podía mostrarse débil. No podía dejar que él viera el torbellino de emociones que la consumía por dentro. Caminó hacia su armario y eligió con cuidado su atuendo: un vestido n***o, elegante pero letal. Nikolai siempre había dicho que le fascinaba verla de ese color. Esta vez, lo usaría como un arma. Horas después, cuando entró al club, el ambiente estaba cargado de música y luces parpadeantes. Sus pasos eran firmes, sus ojos escudriñaban la multitud. Entonces, lo vio. Nikolai estaba en su mesa habitual, con una copa en la mano, esperándola. Sus ojos oscuros se encontraron con los de ella, y Alexa notó la sombra de una sonrisa en su rostro. Él se puso de pie cuando ella se acercó. —Alexa… —susurró, con su voz aterciopelada, pero esta vez, a ella no le estremeció como antes. Se detuvo frente a él y alzó la barbilla, sin darle el gusto de verla titubear. —Tenemos que hablar, Nikolai. La sonrisa de él se ensanchó, pero sus ojos se volvieron fríos. —Eso pensé. El juego había comenzado.
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