Alexa se recogió el cabello en una alta cola de caballo, se puso una gorra y los zapatos, y luego conectó sus audífonos al celular por Bluetooth. Lista para salir a caminar antes de ir a casa de su hermano, tomó su bolso y salió de su apartamento.
Al salir del edificio, respiró hondo y comenzó a caminar sin rumbo fijo, dejando que sus pies la guiaran mientras disfrutaba de la mañana. Recorrió las calles principales, aquellas que conocía bien porque solía pasear por allí con frecuencia.
Finalmente, se detuvo en su cafetería favorita, un lugar conocido por servir los mejores desayunos tradicionales de Moscú. Mientras buscaba una mesa, sacó su celular y llamó a Sergei.
Él respondió al instante, pero su voz sonaba agitada, como si estuviera ocupado con algo.
—Hola, hermanita, perdona, estoy un poco apurado. ¿Necesitabas algo? —preguntó con tono apresurado.
—¿Estás bien? ¿Pasa algo? —quiso saber Alexa.
—Nada grave, solo problemas de la empresa. Me tomarán tiempo resolverlos y los niños están insistiendo en que los lleve al parque de diversiones. Hanna tuvo que ir a su local a cerrar algunos pedidos de banquetes para bodas, así que ya te imaginarás cómo estoy —respondió Sergei, visiblemente alterado. De fondo, Alexa pudo escuchar a sus sobrinos suplicándole que los llevara al parque.
—Te llamaba para saber si podía pasar a verlos después de desayunar, pero creo que mejor te ayudo con los niños. Suena a que estás en serios problemas —sugirió Alexa, justo cuando un mesero le dejaba el menú sobre la mesa.
—¿En serio harías eso por mí? —preguntó Sergei, aliviado.
Alexa sonrió. Aunque no tenía planes de ser madre, adoraba a sus sobrinos y ellos a ella. Pasar el sábado con ellos sonaba como un plan perfecto.
—Por supuesto. Ya sabes cuánto los quiero. No tengo problema en llevarlos al parque, claro, si tú y Hanna están de acuerdo.
—¡Por supuesto que sí! Ven después de desayunar. Se pondrán felices cuando les diga que vas a llevártelos.
Sergei sonaba más emocionado por el hecho de quedarse solo trabajando que por la diversión de sus hijos.
—En media hora estoy allá —dijo Alexa antes de colgar.
Ordenó un desayuno sencillo: huevos revueltos con jamón, pan tostado, mermelada de mora y chocolate frío. No tenía ganas de algo tradicional, y por suerte, el restaurante tenía opciones variadas. Terminó de comer, pagó la cuenta y salió rumbo a casa de su hermano, que no estaba muy lejos. Tal vez le tomaría menos de quince minutos llegar, el tiempo perfecto para reflexionar sobre lo que había visto aquella mañana mientras tomaba su ducha.
Al llegar, tocó el timbre y, sin esperar mucho, Isabella, su sobrina de quince años, abrió la puerta con una gran sonrisa y la abrazó con entusiasmo.
—¡Tía! ¡Qué emoción verte! Y más porque vamos al parque de diversiones —dijo con energía.
Alexa le devolvió la sonrisa.
—Hola, linda. También estoy feliz de llevarlos. Su padre tiene mucho trabajo y con ustedes estresándolo no podrá terminar nada. Así que para que pueda descansar mañana sin problemas, hoy los saco a pasear.
—Ven a mi cuarto, tía. Ayúdame a escoger qué ponerme. No puedo ir con estas fachas, ¡qué horror si me encuentro con mis compañeros de la secundaria! Tú tienes buen gusto, así que vamos —dijo Isabella, tomándola del brazo.
Alexa apenas tuvo tiempo de cerrar la puerta y gritarle un saludo a Sergei, quien, en el comedor, estaba rodeado de papeles y con la computadora encendida. Él le devolvió el saludo con una sonrisa rápida antes de volver al trabajo.
Subieron corriendo al cuarto de Isabella, quien comenzó a sacar ropa de su clóset a toda velocidad. Alexa le ayudó a armar el conjunto perfecto: jeans negros, zapatillas blancas Converse, una blusa lila de manga larga y una bufanda negra con destellos brillantes. No hacía frío, pero era el toque ideal para completar el look.
—Me encanta —aprobó Isabella.
Alexa salió de la habitación para dejarla cambiarse y, en ese momento, Josh, el hermano menor de Isabella, de doce años, se acercó y la abrazó con cariño.
—Estamos tan felices de habernos mudado aquí. Desde hace tiempo le pedíamos a papá que nos trajera a Moscú para estar más cerca de ti, pero no quería dejar la empresa en manos de otra persona —comentó Josh.
Alexa sonrió con ternura. A pesar de los problemas que había tenido en su hogar de infancia, con un padre controlador y manipulador, siempre contó con el amor incondicional de su hermano. Ahora, la familia de Sergei también era suya, y eso la hacía sentir agradecida.
—Lo saben, ¿verdad? Ustedes son lo más importante para mí —dijo, mirando al niño.
Josh sonrió y asintió.
—¿Quieres cambiarte antes de irnos? —preguntó ella.
El niño asintió con entusiasmo y, antes de que su tía pudiera ayudarlo, corrió a su habitación para elegir su ropa por sí mismo.
Rápidamente, los niños estuvieron listos, preparados para salir, Sergei se tomó unos minutos, y subió al segundo piso de la casa, para ver que sucedía arriba con sus hijos que no bajaban rápido para irse como pretendían.
— ¿Todo bien? — preguntó Sergei a su hermana al verla parada en la mitad del pasillo.
— Sí. Tus hijos quisieron irse a cambiar de ropa antes de que nos fuéramos, es todo — ella respondió.
— ¿Y tú estás bien? — Sergei volvió a preguntar, viendo en los ojos de su hermana que algo había sucedido la noche anterior, y que realmente era algo de lo que ella no quería hablar.
— Sí, ¿Por qué lo preguntas? — ella respondió desconcertada.
— Bueno, no más quería saber. Mira, aquí tienes dinero para que lleves a los niños al parque de diversiones, y para que coman allá — Sergei le entregó $400 dólares en efectivo a su hermana.
Ella los recibió y lo guardó en su billetera dentro del bolso.
— ¿No crees que es mucho dinero?
— No, son niños. Van a querer comprar todo lo que se antojen, aunque cuida por favor de que no compren lo que realmente no es necesario, y que no coman mucho, en la noche saldremos a cenar. ¿Vienes con nosotros?
Ella asintió con una sonrisa.
— Sí, claro que sí. ¿A qué horas regreso con ellos?
— 6:00 en punto de la tarde quiero que estén aquí, para que vayamos a cenar a las 6:30 en cuanto Hanna regrese. Ella prometió regresar temprano, espero lo cumpla. Si no lo hace, nos adelantamos, y la esperamos a que llegue al restaurante.
— De acuerdo, apuremos a los niños para que me vaya con ellos sin que se nos haga tarde.
Pero los niños ganaron, y salieron primero, ya estaban listos, Sergei pidió un servicio de taxi desde la aplicación, el transporte tardó nada más diez minutos en llegar porque andaba por la zona, tanto los niños como Alexa se despidieron de su hermano y padre y salieron de su casa en dirección a subirse al taxi.
Pronto, llegaron al parque de diversiones, y en la entrada del parque, cuando hacían la fila para comprar las entradas, un saludo inesperado puso a Alexa demasiado nerviosa para ser cierto.
— Hola, Alexa. No sabía que te gustaba venir a estos lugares, de haberlo sabido, te hubiera invitado a venir desde anoche que cenamos juntos —dijo una voz familiar a sus espaldas. Alexa se volteó a mirar, era Nikolai, también estaba haciendo fila para comprar entradas, estaba acompañado de un niño de la misma edad de su sobrina, un niño que era muy parecido a él físicamente, tanto que Alexa sintió un miedo irreconocible recorrer su cuerpo, como si estuviera teniendo un mal presentimiento de algo que realmente no quería darse cuenta.