Por su parte, Alexa se acercó a Nikolai, le dio un pequeño beso en la mejilla, y al separarse, ambos no pudieron evitar mirarse a los ojos. Se quedaron en silencio, con los niños mirándolos con atención, aunque Isabella era la única de ellos capaz de entender con razonabilidad lo que pasaba entre su tía y Nikolai.
— Nos vemos mañana. Gracias por lo de hoy, me divertí mucho. Realmente, lo necesitaba — le dijo Alexa a Nikolai, aun con sus ojos perdidos en los del chico.
Nikolai sonrió, también sintiéndose muy hipnotizado por ella.
— No hay de que, hay que hacerlo más seguido. ¿No crees? — dijo Nikolai.
— ¡Eso sería estupendo! — Josh comentó con felicidad, pensando que el comentario de Nikolai iba marcado a seguir saliendo con su sobrino y con los sobrinos de Alexa para el siguiente fin de semana, si es que tenía ganas de salir.
Disimuladamente, Isabella le golpeó con su codo en el brazo de su hermano, porque ella sí había entendido por qué Nikolai había comentado aquello a su tía.
— Sí. Será genial, en fin, vámonos niños. Tenemos que tomar un taxi, y apurarnos a llegar a tiempo a casa.
Finalmente, Alexa y sus sobrinos tomaron caminos diferentes, alejándose de donde estaban Steven y Nikolai viéndolos irse.
— ¿Nosotros también ya nos vamos? — preguntó Steven, sin tratar de hacer el más mínimo esfuerzo de quitar su mirada hacia Isabella, quien y poco a poco, fue alejándose de su distancia.
— Sí, campeón. Tu tía nos está esperando para cenar. Recuerda que ella va a cocinar esta noche. Además, quedamos de vernos con Alexa y tus amigos mañana, en el parque donde siempre vamos a jugar fútbol, ¿Lo recuerdas? — el niño asintió con la cabeza sin hablar, prestando atención a lo que su tío decía — Bueno, iremos con ellos mañana a ese parque, quedamos de vernos a las 11:00 de la mañana, y después saldremos a almorzar pizza, ¿Te gusta el plan?
El niño sonrió.
— Sí, me gusta el plan. Además, mamá querrá descansar mañana, supongo que no pondrá un, pero en cuanto le avisemos que saldremos juntos de nuevo, y desde muy temprano. Vamos a casa, hay que avisarle, pero entonces, ¿Podrías decirle que no prepare su carne al horno? La verdad es que no le queda muy bien que digamos. ¡La vez pasada que la comí me dio un dolor horrible en el estómago! — Steven se quejó con su tío.
Nikolai sonrió.
— Sí, lo haré. Pero apúrate, que ya debe estar preocupada porque no hemos llegado. Sabes cómo se pone cuando no llegamos a la hora que ella dice.
Entonces, Nikolai y Steven salieron del parque de diversiones.
Alexa y sus sobrinos tomaron un taxi en cuanto salieron del parque, y en menos de veinte minutos, estaban ella, sus sobrinos, Sergei y su esposa subiéndose al auto familiar para marcharse a cenar en el restaurante donde Sergei sugirió que irían a comer esa noche en familia.
En el camino al restaurante, Josh e Isabella fueron quienes tomaron la iniciativa de la conversación del plan que tenían para pasar tiempo con su tía al día siguiente. Cuando ellos iban de camino a casa en el taxi, Alexa les aconsejó a los niños que no dijeran con quién saldrían al día siguiente, porque su padre consideraba que Nikolai no era una buena persona, mejor dicho, Sergei no quería a Nikolai para nada, ni que estuviera totalmente cerca de su hermana así fuera en la empresa.
Entonces, los niños obedecieron y tocaron el asunto a sus padres sin mencionar nada de Nikolai y su sobrino.
— Papá, mañana queremos volver a salir con la tía — comentó Josh.
Isabella sonrió. Alexa miraba por la ventana hacia las calles, tratando de no pensar en los sentimientos que hoy fue despertando por Nikolai.
— ¿Estás de acuerdo, cariño? — preguntó Sergei a su esposa mientras conducía.
— Bueno, no tengo problema con ello. Si Alexa puede y quiere volver a salir con ellos, mejor para nosotros, ¿No crees? Así pasamos un día juntos como en los viejos tiempos — dijo Susan, sonrió y al sonreír, le guiñó el ojo a su esposo.
Sergei sonrió, entendiendo lo que su esposa trataba de decirle con ese comentario.
— ¡Genial! — gritaron los niños al unísono y felices.
Alexa sonrió.
Pronto, llegaron al restaurante, y cuando llegaron, Sergei estacionó el auto en el parqueadero del lugar, bajaron del auto al estacionar, y se apuraron a ingresar para ir a buscar su mesa reservada que, efectivamente, estaba lista y esperándolos.
— Buenas noches, ¿Son la familia Ivanov? — preguntó una de las meseras encargadas de atenderlos esa noche.
— Sí, así es. Soy Sergei Ivanov, hice una reservación para comer aquí el día de ayer, creo que esta es nuestra mesa — Sergei respondió, señalando a una mesa organizada para cinco que estaba limpia y esperándolos para que se sentaran en ella.
La mesera asintió.
— Efectivamente, esta es su mesa. Pueden acomodarse como gusten, vuelvo enseguida, iré a traerles el menú.
La mesera se retiró.
Mientras se sentaban, un hombre guapo, y con porte elegante, se acercó hacia la mesa de los Ivanov, interesado en saludar a Alexa, puesto que la había visto llegar desde la puerta de atrás del restaurante, que era la puerta que usaban las personas que llegaban en carro y que lo dejaban estacionado en parqueadero del lugar.
— ¿Alexa? ¿Alexa Ivanov? ¿Te acuerdas de mí? — dijo el hombre.
Todos voltearon a mirarlo, sintiéndose extrañados con la presencia del hombre, hasta Alexa estaba confundida de saber quién era, porque realmente no lo recordaba. Alexa era de esas personas que tenían muy buena memoria fotográfica, y si lo había visto en algún lado, sería capaz de recordarlo, o si también lo había conocido en su pasado, para cuando era más joven, ella también lo recordaría.
— Lo siento, pero realmente no lo recuerdo. ¿Quién es usted? — ella contestó con desinterés de hablarle, esperanzada de que, con ello, el hombre se desistiera de querer seguir hablándole porque estaba muy ocupada como para atenderlo.
— Soy Dmitri Volkov, estudiamos juntos en la secundaria. Claro, no me recuerdas porque no me gradué tu generación. Además, antes de terminar la secundaria, tuve que irme del país por asuntos personales y ya regresé.
Alexa seguía sin confundida y sin reconocerlo.
— Estuvimos juntos en el club de literatura de la secundaria, por eso te recuerdo. Yo era gordito, usaba gafas, y tenía brackets. ¿Me recuerdas?
Pero entonces, un leve recuerdo se le vino a Alexa a la memoria.
— ¡Claro! ¡Creo que ya empecé a recordar bien quién eres! Lo siento, es que ha pasado mucho tiempo, además estás irreconocible. Cambiaste mucho.
El hombre asintió.
— ¿Qué haces por acá? — preguntó Alexa.
Sergei, Hanna y los niños se habían sentado, y estaban mirando el menú de comidas del restaurante en silencio, y a la expectativa de que el hombre se fuera para dejarlos comer en paz.