Dulce expectativa y una amarga inquietud

1325 Words
Al regresar, encontró a su familia en una animada conversación. Sergei hablaba sobre anécdotas divertidas de su niñez, logrando que los niños soltaran risas contagiosas que a cada momento Hanna tuvo que silenciar para no incomodar a las demás personas dentro del restaurante con su bullicio. Entonces, Alexa se unió al grupo, disfrutando del ambiente familiar mientras su mente seguía dividida entre el presente y el mensaje de Nikolai. La intensidad de su mirada en la selfie seguía grabada en su memoria como un recuerdo que no pretendía irse jamás de su mente, haciéndole sentir mariposas en el estómago que nunca antes había sentido por ningún otro hombre. La comida llegó rápidamente, y los platos se dispusieron frente a cada uno con una presentación impecable. Los aromas llenaban el ambiente, despertando el apetito de todos. — Alexa, ¿por qué estás tan callada? — preguntó Hanna, esbozando una sonrisa. — Normalmente, eres la primera en hablar durante la cena, y más cuando se trata de divertirte con tus sobrinos. Alexa se encogió de hombros, tratando de ocultar su sonrisa mientras cortaba un trozo de su milanesa. — Solo estaba pensando en lo bien que se ve la comida. — contestó, evadiendo el verdadero motivo de su distracción para que nadie tuviera oportunidad alguna de preguntarle por eso. Sergei la observó con ojos entrecerrados, pero finalmente optó por no decir nada. Sabía que su hermana tenía derecho a su privacidad, aunque su instinto protector siempre estuviera al acecho para así evitar que cualquier incómoda o inoportuna situación pudiera suceder. Después de la cena, cuando salieron del restaurante, los niños corrieron hacia el coche, riendo y jugando como si el día no pudiera mejorar. Alexa miró a Sergei, quien se encargaba de asegurar a los niños en el auto, y sintió un profundo agradecimiento por su familia. Pero también, un inesperado anhelo por lo que la esperaba al día siguiente. Además de que se sentía como una adolescente que comenzaba a enamorarse; quería llegar a casa lo más pronto que fuera posible para saber si podría seguir hablando con su chico afortunado. El trayecto a casa estuvo lleno de conversaciones sobre las atracciones favoritas del parque, las comidas deliciosas que habían disfrutado y las anécdotas graciosas que Sergei contaba para entretener a los niños. Alexa, sin embargo, permanecía en silencio, su mente volviendo una y otra vez a Nikolai y el reencuentro con Dmitri. Esa noche, después de despedirse de su familia y llegar a su apartamento, Alexa se permitió un momento para pensar en todo lo ocurrido. Con el celular en mano, revisó de nuevo el mensaje de Nikolai, observando su sonrisa despreocupada y el ambiente relajado de su hogar. La atracción era innegable, y aunque sabía que había muchas cosas que aún no comprendía sobre él, el deseo de descubrir más la impulsaba a seguir adelante. Finalmente, su frialdad y su estricta regla de que su relación era apenas estrictamente laboral se estaba haciendo a un lado, Alexa estaba permitiéndose vivir este momento como nunca. Antes de irse a dormir, decidió enviarle otro mensaje a Nikolai. Pero esta vez, fue un mensaje sin foto. Alexa: "Espero que duermas bien. Mañana promete ser otro día inolvidable. 😊" Apagó las luces, se acurrucó entre las sábanas y cerró los ojos, permitiéndose soñar con lo que podría traer el futuro. Entre la incertidumbre y el entusiasmo, Alexa se dio cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, estaba emocionada por lo que el destino tenía reservado para ella. Sin embargo, durante la madrugada, Alexa no pudo dormir muy bien. A pesar de haber terminado el día demasiado cansada, Alexa comenzó a tener pesadillas en cuanto sus ojos se cerraron. Eran pesadillas extrañas, se podían contener, no eran incontrolables, pero en el momento justo que ella cerraba sus ojos de nuevo al despertarse para deshacer esas imágenes de su cabeza, estas volvían a aparecer. A eso de las 2:30 de la madrugada, Alexa concilió el sueño, y antes de haberlo hecho, revisó que tuviera activo el despertador a las 8:00 de la mañana, por suerte, le daría el tiempo suficiente para alcanzar a organizarse, a desayunar cómodamente en casa, y salir a tiempo y sin preocupaciones para recoger a sus sobrinos en casa de Sergei y llevarlos a cumplir su cita con Nikolai ese día en el parque con Steven. ¿Realmente sería eso una cita? ¿Llevar con ellos a los niños para un paseo sin sus padres habrá sido la excusa perfecta que Nikolai encontró para invitar a Alexa a una cita sin que se opusiera? Pero eso no era lo importante, ahora, lo importante eran sus pesadillas. Sus pesadillas eran inciertas, por un lado, Alexa vio a un niño gordo, que usaba brackets y gafas, el niño trataba de acercarse a ella, pero ella se resistía. Además, Alexa sintió el fuerte peso del niño caer encima de ella, y sin saber por qué, ella simplemente se negaba y lloraba y gritaba para que alguien más la escuchara y la pudiera salvar de lo que iba a ocurrir. Pero justo cuando eso pasaba, Alexa despertaba y se quedaba sin saber qué más había sucedido en el pasado como para que ahora, después de haberse encontrado con Dmitri de esa manera tan inesperada y sospechosa, empezaran a aparecerse. Alexa nunca había sufrido pesadillas así, hasta ahora. A la mañana siguiente, Alexa despertó con una sensación de opresión en el pecho. Su habitación estaba en penumbras, solo iluminada por la tenue luz que entraba por las cortinas entreabiertas. Se frotó los ojos y se sentó en la cama, intentando deshacerse de la extraña angustia que la había acompañado toda la noche. Su respiración estaba entrecortada, y aunque intentó convencerse de que solo eran sueños sin importancia, no podía ignorar la extraña conexión que sentía entre las pesadillas y su reencuentro con Dmitri. ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de tantos años sin siquiera pensar en él? Sacudió la cabeza, tratando de desechar esos pensamientos. Miró el reloj: 7:45 a.m. Aún tenía tiempo para prepararse con calma. Se levantó de la cama y fue directo a la ducha, dejando que el agua tibia la relajara. Pero incluso mientras el agua resbalaba por su piel, la imagen del niño en sus sueños persistía en su mente. Al salir de la ducha, tomó su teléfono y revisó sus mensajes. Para su sorpresa, Nikolai le había respondido. Nikolai: "Buenos días, Alexa. ¿Listos para nuestra cita de hoy? 😉" Alexa sonrió involuntariamente. Entonces, ¿realmente era una cita? Sintió un cosquilleo en el estómago, pero al mismo tiempo, la sensación de inquietud no desaparecía del todo. Sus pesadillas y Dmitri aún rondaban en su mente, como sombras que se negaban a disiparse. Decidió no darle muchas vueltas. Tenía un día especial por delante y no iba a permitir que algo que ni siquiera comprendía la atormentara. Con un suspiro profundo, respondió el mensaje. Alexa: "Por supuesto. Nos vemos en un rato con los niños. Te llamaremos para cuando vayamos en camino. 😊" Se vistió con algo cómodo, pero lindo, asegurándose de verse bien sin parecer que había pasado demasiado tiempo arreglándose. Mientras desayunaba, revisó en internet si había algún significado detrás de soñar con un niño desconocido, pero las interpretaciones eran vagas y ambiguas. Algunas hablaban de la infancia, de recuerdos reprimidos; otras, de advertencias o de asuntos sin resolver. ¿Qué podría ser aquello que estuviera atormentándola tanto en relación con Dmitri como para que su inesperada presencia llegara a cambiar la tranquilidad de su vida? Cerró la página y se obligó a concentrarse en su día. Hoy sería diferente. Hoy disfrutaría de la compañía de Nikolai, de sus sobrinos y de lo que fuera que el destino tuviera preparado para ella. Sin embargo, en el fondo, una parte de ella sabía que algo había cambiado. Y que su pasado, de una manera u otra, estaba empezando a alcanzarla.
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