Risas & Ojos de amor

1314 Words
Viendo que ya es momento de salir, Alexa se apuró en tomar su bolso, salió de casa. De nuevo, quiso ir caminando hasta la casa de Sergei, y como en el regreso a su casa, cuando su familia la dejó en la puerta de su edificio al salir del restaurante, Hanna le avisó a Alexa que no desayunara, que ellos la invitarían a comer algo en casa antes de que se fueran ella y los niños al parque, Alexa aceptó y ese fue un buen pretexto para salir temprano. Pronto, llegó a casa de Sergei. Josh fue el primero en recibirla porque él se encargó de abrirle la puerta a su tía. En cuanto la abrió, ahí mismo la abrazó. — Buenos días, tía. Ven, entra. Mamá hizo desayuno especial — dijo Josh, cuando se separó del abrazo, y tomó a su tía de la mano para llevársela congio a dentro. Alexa apenas si pudo cerrar la puerta de la casa para irse corriendo detrás de su sobrino. — ¡Tía! — gritó Isabella al verla, dejó de ayudarle a su madre a organizar los cubiertos en la mesa para ir a saludar a Alexa con un fuerte abrazo. — Hola, linda. ¿Dormiste bien anoche para gastar toda tu energía hoy? — preguntó Alexa a su sobrina con emoción. — Sí, lo estoy. Vamos a desayunar, mamá preparó desayuno estilo americano para hoy — dijo Isabella, emocionada. Alexa sonrió. Desayunaron juntos, los niños se despidieron de sus padres, y se fueron con su tía para el parque a su encuentro con Nikolai y Steven. Pero entonces, cuando llegaron al parque, Steven y Nikolai los estaban esperando en donde se encontraba la cancha de fútbol, estaba vacía y esperándolos a ellos para ocuparla. Sin intención de haberlo hecho, Alexa sonrió en cuanto vio a Nikolai de lejos, vestido de ropa deportiva, luciendo un look totalmente diferente al que se pondría si estuviera yendo de camino a la oficina. Esa camisa ajustada, esa sudadera, Nikolai tenía el cuerpo perfecto, y Alexa no creía en que realmente ahora, después de lo que vivieron el día anterior, su relación haya mejorado para bien. Alexa ya no era fría ni mucho menos cortante con él. Ahora, hasta le sonreía sin recordarle que su relación era estrictamente profesional. Cuando finalmente se acercaron a la cancha, Steven fue el primero en notar la presencia de Alexa y los niños. — ¡Mira quién llegó! —exclamó con una sonrisa mientras le daba una palmada en la espalda a Nikolai. Nikolai levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los de Alexa. Por un instante, su expresión fue neutral, pero en cuanto la vio sonreír, sus labios también se curvaron levemente. Era un gesto sutil, pero para ellos significaba mucho. — Llegas justo a tiempo, Alexa. —dijo Nikolai con calma, cruzándose de brazos—. Necesitamos alguien que reparta justicia en este partido. — ¿Justicia? —Alexa alzó una ceja con diversión—. No me digas que ya empezaste a hacer trampa y aún no ha iniciado el juego. Steven rio, y los niños también, contagiados por la broma. — Él no hace trampa. —intervino Josh con orgullo—. ¡Pero si es muy bueno jugando! — Ya veremos si es tan bueno como dicen. —dijo Alexa con fingida seriedad, mientras dejaba su bolso en una de las bancas cercanas—. ¿Cómo haremos los equipos? — Fácil. Nikolai y yo contra ustedes tres. —propuso Steven, con una sonrisa confiada. — ¡Eso no es justo! —protestó Isabella—. ¡Ellos son adultos! — Sí, pero nosotros tenemos a la tía Alexa. —dijo Josh con seguridad—. ¡Ella es rápida! Alexa soltó una carcajada. — Bueno, si confías tanto en mí, entonces acepto el reto. Nikolai la observó con atención. Era la primera vez que la veía así, relajada, divirtiéndose sin la presión del trabajo o los muros que solía levantar a su alrededor. No pudo evitar pensar en lo mucho que le gustaba verla así. El partido comenzó, y entre risas, gritos y jugadas improvisadas, el tiempo pasó volando. Alexa no tardó en notar que Nikolai, a pesar de su actitud competitiva, no hacía más que jugar con ligereza, permitiendo que los niños tuvieran la ventaja de vez en cuando. En un momento del juego, Alexa logró robarle el balón y, sin pensarlo demasiado, corrió hacia la portería improvisada. Justo cuando iba a patear, sintió que Nikolai la alcanzaba y le bloqueaba el paso con el cuerpo. — No tan rápido. —dijo él en un tono bajo, mirándola a los ojos. Alexa sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero no iba a dejar que la desconcentrara. Con una maniobra rápida, giró sobre sí misma y esquivó su bloqueo, logrando anotar el gol. — ¡Sí! —gritó Isabella, abrazando a Josh con emoción. Alexa sonrió, triunfante, y miró de reojo a Nikolai. — Parece que hoy no eres tan bueno como dicen. Nikolai la observó con una mezcla de sorpresa y diversión, y luego negó con la cabeza. — No me confíes tanto, Alexa. Aún queda mucho partido por jugar. Y por la manera en que lo dijo, ella supo que no se refería solo al fútbol. El partido continuó entre risas, gritos de emoción y pequeños momentos de competencia que, sin darse cuenta, acercaban cada vez más a Alexa y Nikolai. Ella disfrutaba del juego, pero sobre todo disfrutaba de esa sensación de ligereza, como si todo lo complicado entre ellos hubiera quedado atrás por un momento. Después de varios goles y jugadas emocionantes, Steven levantó las manos en señal de rendición. — ¡Está bien, está bien! Nos ganaron, pero solo porque Nikolai no se esforzó lo suficiente. — Claro, échame la culpa. —dijo Nikolai con una sonrisa, secándose el sudor de la frente con la manga de su sudadera. Luego, miró a Alexa—. ¿Siempre juegas con tanta intensidad? — No me gusta perder. —respondió ella, con una expresión traviesa. — Lo tendré en cuenta. —dijo él, con ese tono bajo y seguro que hacía que Alexa sintiera un extraño cosquilleo en el pecho. Los niños corrieron a una banca cercana para tomar agua, dejando a los adultos con un breve momento a solas. — Deberíamos hacer esto más seguido. —comentó Steven, sentándose y estirando las piernas. — Sí, los niños se divirtieron mucho. —respondió Alexa. — No solo los niños. —intervino Nikolai, mirándola con intención. Alexa sintió que su corazón daba un pequeño vuelco. Su primer instinto fue evadir esa mirada, pero en lugar de eso, decidió sostenerla. — Supongo que fue una buena mañana. —dijo ella, sin querer admitir demasiado. Nikolai dio un paso hacia ella, sin invadir su espacio, pero lo suficiente para que ella notara su cercanía. — No me lo tomes a mal, pero creo que me gusta más esta versión tuya. Alexa entrecerró los ojos con diversión. — ¿Qué versión? — La que sonríe sin pensarlo. La que disfruta el momento sin preocuparse por lo que sigue. Alexa no supo qué responder. Había algo en la manera en que Nikolai la miraba, en cómo su voz sonaba más suave de lo habitual, que hacía que se sintiera extrañamente vulnerable. Pero antes de que pudiera decir algo, Isabella los interrumpió. — ¡Tía, tenemos hambre! Alexa rió, agradeciendo en el fondo la distracción. — Entonces es hora de ir a comer algo. Nikolai sostuvo su mirada un segundo más antes de asentir. — Vamos. Pero esta vez, yo invito. — De acuerdo, vamos. Y sin saber exactamente cómo, ese simple partido de fútbol se había convertido en algo más. Algo que Alexa no estaba segura de querer analizar demasiado, pero que definitivamente la estaba haciendo sentir diferente.
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