Un día divertido e inesperado

1507 Words
— ¿Qué? ¿De verdad fue capaz de hacer eso tu padre? — ella solo asintió y él prosiguió con lo que iba a decir — Se me hace muy extraño porque la mayoría de padres como el tuyo o como el mío, se sentirían orgullosos de saber que su hijo estaría muy interesado en tomar las riendas de su empresa, de seguir su mismo camino, y convertirse como él siendo un adulto honorable y de presencia en los negocios. Me cuesta creer que el señor Ivanov haya sido capaz de no dejar que Sergei se hiciera cargo de la empresa para que él tomara descanso de ello y pudiera disfrutar de su poco tiempo de vida al lado de su esposa y gozando de su buena fortuna. — Pues no, ya vez que mi padre no fue así, ni con él, ni conmigo. Sobre todo, no lo fue así conmigo. Mi padre actuaba como que no quería hijos en su vida. — Entiendo, y lo lamento. — No te disculpes, no sé cómo le hiciste para entrar a la empresa como socio con la actitud tan arrogante, egoísta y fría de mi padre. — Bueno… Uno tiene sus contactos y métodos para conseguir lo que quiere. Alexa encargó la ceja, sintiéndose curiosa por saber. — ¿Ah sí? ¿Quiénes son esos contactos? ¿Y cuáles son esos métodos? Claro, si se puede saber. — No, son secreto. Si los revelo, ya no me servirán para nada después. — Buen punto. Oye, está haciendo hambre. ¿No quieres un hot dog? Yo te invito — ella ofreció. — ¿Con mucho queso y pepinillo dulce picado? — contestó Nikolai sonriendo. — Es mi favorito — Alexa sonrió. Entonces, Alexa le indicó a Nikolai que se quedara en la mesa, cuidándola para que nadie más la fuera a coger porque ya a esa hora, había más gente entrando al parque de diversiones, y quienes no querían subirse a las atracciones, terminaban yendo a sentarse a cualquier lugar del parque que fuera cómodo para ellos y poder esperar. Los niños se bajaron de la montaña rusa, y felices, corrieron hacia donde estaban Alexa y Nikolai. Alexa compraba los hot dogs, pagó y esperó a que se los armaran para recibirlos y llevarlos a la mesa. — Hola niños, ¿Qué tal está la montaña rusa? — preguntó Alexa con interés. Los niños sonrieron. Estaban demasiado emocionados, y no tenían cabeza para nada más que seguir yendo a cuanta atracción del parque se les antojara esa mañana. — ¡Estuvo genial! ¡Debieron haberse subido con nosotros! ¡Fue adrenalina pura! — contestó el sobrino de Nikolai. — Me alegra que te estés divirtiendo, ¿Quieren comer algo? — dijo Nikolai. — No, tío. ¿Cómo crees que vamos a comer algo ahora si nos esperan más atracciones? Quizás más rato. — Cuando nos aburramos — dijo Isabella. — De acuerdo, nosotros comeremos algo, y luego los alcanzamos, vayan a seguir divirtiéndose, y tengan mucho cuidado — dijo Alexa, recibiendo los hot dogs, y le entregó el suyo a Nikolai para después dejar el suyo sobre la mesa y reclamar las gaseosas y las bolsas de papas fritas que venían en el combo que ella compró. — ¡Lo haremos! — gritaron los niños al unísono, y se marcharon de nuevo con apuro para buscar la siguiente atracción. — ¿Qué haríamos sin esos niños? — Alexa preguntó, volviendo a tomar asiento en su lugar de la mesa, y entregándole a Nikolai su paquete de papas y su gaseosa. — Gracias. Sí, la verdad no sé qué sería de mis fines de semana si no tuviera a mi sobrino. — ¿Siempre pasas tiempo con él, verdad? — Así es, es grandioso. Si no fuera por él, en este momento, estaría pidiendo un domicilio y viendo películas todo el día hasta que me canse. Alexa sonrió, pues así eran también sus fines de semana. — Opino lo mismo. Si no fuera porque mis sobrinos se mudaron a esta ciudad, este fin de semana para mí sería sumamente aburrido y deprimente con Netflix, helado y pizza. — ¿Y con una botella de vino para finalizar la noche? — Exactamente. — Bueno, brindemos por los sobrinos que nos hacen trabajar como niñeros los fines de semana sin recibir pago — Nikolai sugirió. Y ambos hicieron el brindis con sus gaseosas. Terminaron de comer, dejaron la mesa limpia y se fueron a caminar, tenían que irse a buscar a los niños, no los podían dejar tanto tiempo solos en medio de tanta gente en un lugar como este, podría ser peligroso. Mientras caminaban, Alexa no podía evitar mirarse con Nikolai, así como Nikolai no podía evitar mirarse con Alexa, ambos intercambiaban miradas, ya no se sentían para nada incómodos, de hecho, Alexa ya no sentía que Nikolai la había estado persiguiendo ese día como haberse encontrado de pura coincidencia en el parque de diversiones. De hecho, para ella fue como si el mismo destino se hubiera encargado de hacer su jugada. Encontraron a los niños a punto de montarse en la montaña rusa acuática, no pudieron detenerlos a pesar de que les advirtieron de que iban a salir del juego todos empapados y con frío para cuando regresaran a sus casas. Es más, los niños terminaron convenciendo a Alexa y Nikolai de subirse con ellos, lo hicieron. Los niños subieron a su carruaje, y Alexa y Nikolai subieron en la parte de atrás. El juego arrancó, y el baño con el agua de la atracción les hizo vivir el mejor momento. Mientras el agua los empapaba y el aire frío les azotaba la cara, Alexa no pudo evitar soltar una risa. Era imposible no disfrutar de la locura del momento, especialmente cuando veía las caras de los niños, que se reían como si no hubiera un mañana. A su lado, Nikolai también se reía, aunque el agua le estaba calando hasta los huesos. — ¡Esto está mucho más divertido de lo que imaginaba! — exclamó Alexa, dándole un codazo a Nikolai, que intentaba secarse el rostro con una mano mientras sujetaba con la otra la barra del asiento. — Te lo dije —respondió él entre risas, sin poder evitar mirarla. El brillo de diversión en sus ojos le daba un aire más relajado, más cercano. Ya no era el hombre arrogante que había conocido al principio. Ahora había algo más, una complicidad silenciosa que se iba tejiendo entre ellos. El carrito avanzó con un giro repentino, y una gran ola de agua los empapó de nuevo. Alexa gritó, y en ese momento, sintió la necesidad de agarrarse de Nikolai, como si fuera su refugio en ese torbellino acuático. Se dio cuenta de lo tonta que se veía, pero la conexión que sentía era innegable. El juego terminó y, aunque todos estaban empapados, la risa no se disipó. Los niños, eufóricos, saltaron de sus asientos mientras comenzaban a caminar hacia la salida de la atracción. — ¡Eso fue épico! — gritó el sobrino de Nikolai, dándose vuelta para mirar a los adultos. — ¿Qué, ya no pueden seguirnos? — bromeó. — No sé si me atrevo a más agua por hoy — contestó Nikolai, riendo. — A mí me parece que ya es hora de un descanso — añadió Alexa, mirando a los niños, que seguían saltando de emoción. — ¿Qué les parece si vamos a la rueda de la fortuna? — ¡Sí! — gritaron los niños al unísono, y todos comenzaron a caminar hacia la siguiente atracción, pero esta vez, con un paso más lento y relajado, sin la urgencia de las primeras horas del día. Mientras caminaban, Alexa observó a Nikolai con más detenimiento, como si el día les hubiera permitido conocer una faceta diferente del otro. Se dio cuenta de que, aunque su primera impresión de él había sido la de un hombre misterioso y un tanto frío, en ese momento se estaba mostrando más cercano, más genuino. ¿Sería posible que algo tan simple como un día en el parque pudiera cambiar tanto las cosas? El sol estaba empezando a ponerse, teñiendo el cielo de tonos naranjas y rosados. La tarde se deslizaba suavemente hacia la noche, y con cada paso, Alexa sentía que ese día, tan inesperado, estaba dejando huella en su corazón. — Gracias por hoy — dijo Alexa, sin mirarlo directamente, pero con una sinceridad en su tono que lo hizo detenerse por un instante. — No tienes que darme las gracias — respondió Nikolai con una sonrisa amable. — Estoy contento de haber venido. Ambos se quedaron en silencio, observando el movimiento de las luces del parque que empezaba a tomar vida con la llegada de la noche. Sin necesidad de palabras, ya sabían que este día marcaría el comienzo de algo diferente. Los niños se acercaron nuevamente, empujándolos de vuelta a la realidad, pero por dentro, Alexa y Nikolai sabían que algo había cambiado entre ellos.
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