—¿Qué? Tú ya eres mayorcita para saber que tus padres también tenemos hambre —guiñó un ojo—. Y tú, cuando encuentres a esa persona que te acelere el pulso, me lo cuentas todo, ¿eh? Emma asintió, sintiendo el calor de la taza entre las manos y el de la casa alrededor. —Todo, prometido. Al salir del colegio, el aire frío de diciembre pinchaba las mejillas. Emma se ajustaba la bufanda cuando una voz clara y segura la detuvo. —Te he visto por los pasillos. El otro día apareciste con ese escote que… bueno, dejó a media escuela en otro planeta. A mí también. Pero quiero saber quién es la chica detrás del escote. ¿Café? Eva Petersson. Dos años mayor, alta, piernas largas de capitana de porristas, pelo castaño recogido en una coleta alta que se movía como si tuviera vida propia. Ojos verdes d

