Emma solo asintió, un dedo de Marie curvándose dentro de ella al mismo ritmo. De pronto, Tomas giró a Eva boca abajo, rodillas abiertas. Bajó la cara y lamió el anillo oscuro, lengua plana y lenta, haciendo que Eva se arqueara con un suspiro sorprendido. Un dedo lubricado entró primero, suave; luego dos, abriendo camino con paciencia. Eva tembló, pero no se apartó. Cuando Tomas se colocó detrás y empujó despacio, Eva gimió agudo al principio, un pinchazo de dolor que se vio en su cara. Pero pronto… solo jadeos profundos, placer que la hacía empujar hacia atrás, pidiendo más. Emma sintió que su propio cuerpo respondía: el clítoris latiendo bajo los dedos de Marie, un orgasmo acercándose solo de mirar. Eva giró la cabeza, ojos vidriosos clavados en ella, y sonrió entre gemido y gemido. E

