Emma 2

1178 Words

Emma sintió un calor repentino subirle por el pecho. Se quedó ahí, quieta, mirando cómo la mano de su hermano subía y bajaba, cómo el cuerpo de Erik se arqueaba un poco. Y pensó, casi con envidia, que quizá los adultos no eran los únicos que empezaban a querer las cosas un poco más… duras. —No puedo… —susurró Erik, casi con voz de niño pequeño, la mano quieta sobre su erección que empezaba a flaquear—. Estaba a punto y ahora… nada. —Quizás soy yo —dijo Emma, encogiéndose de hombros—. Lo haces solo y yo te desconcentro. —Puede… pero… ¿es mucho pedir si…? —¿Si qué, Erik? No me salgas con que quieres verme las tetas. —¡Vamos! Solo hasta que me corra. Además no pienso en ti, imagino que son las de Anna. Te las veo todo el tiempo en el sauna o cuando compartimos la ducha… o sea, no las mi

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