8. La resaca de una despedida.

1033 Words
Salgo de la oficina con el corazón hecho un desastre, sintiendo la furia mezclada con una tristeza tan profunda que parece instalarse en mis huesos. No puedo evitar repasar una y otra vez las palabras de Magnus, preguntándome si realmente fue su orgullo, su frialdad, o tal vez… su miedo. Paso el fin de semana entre lágrimas y llamadas ignoradas de mis amigos, encerrada en mi departamento. Mis pensamientos son una maraña confusa, enredados entre los recuerdos de los momentos que compartí con él y la realidad de que, si lo que dijo fue en serio, entonces no tengo nada más que hacer en su oficina. Mi dignidad es lo único que me queda, y aunque esté hecha pedazos, no estoy dispuesta a seguir poniéndola en juego. El lunes por la mañana, preparo mi renuncia. La imprimo en la misma impresora de la oficina, como una última ironía. Cada palabra en la hoja parece tener un peso abrumador, una sensación de final. Me siento aterrada, pero al mismo tiempo, me invade una fuerza nueva, desconocida. Hoy, soy una Daniela decidida a alejarse de un amor que no le hace bien. Llego temprano a la oficina, lista para dejar el sobre sobre su escritorio antes de que llegue. Pero justo cuando me acerco a su puerta, la encuentro entreabierta. Magnus está allí, inclinado sobre su escritorio con el rostro serio, sosteniendo un documento que no parece estar prestando atención. Cuando me ve entrar, levanta la vista y algo en su expresión cambia; hay un destello de… ¿preocupación? —Daniela —dice mi nombre con un tono extraño, como si estuviera probando su peso. —Magnus, vine a darte esto —respondo, mostrándole el sobre de renuncia y extendiéndoselo. Se queda en silencio, mirando el sobre con una mezcla de incredulidad y algo más profundo. Algo que no logra disimular. —¿Es en serio? —me pregunta, sin moverse. —Completamente. Ya no puedo trabajar aquí. No después de lo que pasó. No después de… lo que dijiste —respondo con toda la firmeza que soy capaz de reunir. Magnus se queda mirándome, y por un momento parece un hombre diferente, un hombre que lucha por decir algo, pero no sabe cómo. Finalmente, se levanta, camina hasta donde estoy y, en lugar de hablar, toma el sobre de mis manos y lo coloca sobre su escritorio, sin romper contacto visual. —No voy a aceptar tu renuncia, Daniela —dice en voz baja, pero su tono no deja lugar a dudas. —¿Perdón? —pregunto, confundida y molesta al mismo tiempo—. No puedes simplemente… ¿no aceptarla? —Puedo y lo hago. —Magnus cruza los brazos, y aunque parece calmado, noto que le cuesta controlar sus propias emociones—. Sé que he sido un imbécil, que he dicho cosas que… no reflejan lo que siento. Pero lo último que quiero es que te vayas. Su confesión me toma completamente desprevenida. Esa es la verdad que había deseado escuchar desde el primer día, pero ahora que la dice, no sé si puedo creerle. Mis emociones están hechas un lío y mi instinto de protegerme sigue en pie de guerra. —¿Por qué debería creerte, Magnus? ¿Cómo sé que no es solo una manera de manipularme para que me quede? —respondo, conteniéndome apenas para que mi voz no tiemble. Él se pasa la mano por el cabello, como si buscara las palabras adecuadas. —Porque me he dado cuenta de algo que no quiero admitir… y eso es que te necesito aquí, conmigo, en la oficina y… en mi vida. No soy el tipo de hombre que dice esto a la ligera, y lo sabes —confiesa, con un tono más suave y vulnerable. Mi corazón late con fuerza. El Magnus seguro y distante parece haberse desmoronado frente a mí, dejándome ver al hombre que lucha por controlar sus propios sentimientos, al hombre que se esfuerza por decir lo que le cuesta admitir. —Y si me necesitas tanto, ¿por qué no me lo dijiste antes? —pregunto, intentando asimilar lo que me dice. —Porque… —hace una pausa y suspira, bajando la mirada—. Porque me aterra darme cuenta de que alguien como tú pueda importarme tanto. Porque nunca planeé… sentirme así, y es frustrante, confuso, y… soy un completo idiota cuando se trata de admitir lo que siento. Magnus da un paso hacia mí, acortando la distancia entre nosotros. Mi respiración se acelera. Sus manos se posan en mis hombros, y por primera vez, no siento esa autoridad que siempre tiene, sino una fragilidad que hace que algo dentro de mí se derrumbe. —Daniela, no quiero que te vayas —repite en voz baja, con un tono tan sincero que me hace temblar—. No quiero perder lo único que le ha dado sentido a mi vida últimamente. No quiero que desaparezcas de mi vida. Me quedo en silencio, procesando cada palabra, cada tono de su voz. Y en ese instante, todas las dudas que tenía parecen disiparse, como si algo dentro de mí encontrara la respuesta que buscaba. Me acerco un poco más, mirándolo a los ojos. —Entonces demuéstramelo —le susurro, con un atisbo de desafío en mi voz. Magnus no espera más. Sin decir una palabra, me toma del rostro y me besa, y todo lo que había contenido, todo lo que habíamos reprimido, se libera en ese beso. Es un beso que quema, que sabe a promesas y a sentimientos que hemos luchado por negar. Nos abrazamos como si el mundo a nuestro alrededor se desvaneciera. Después de un momento, sus labios se separan apenas de los míos, y me mira con una intensidad que hace que mis piernas casi tiemblen. —Esto apenas comienza, Daniela —dice en un susurro, como si fuera una promesa. Y en ese instante, sé que nuestras vidas están a punto de cambiar. Que ya no hay marcha atrás en este juego de amor y odio, de pasión y frustración, de risas y lágrimas. Finalmente, puedo ver el futuro entre nosotros. Y aunque estoy aterrada, también me siento emocionada.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD