Narra Magnus: Daniela pasea por la sala con una taza de café en las manos, su mirada perdida en el exterior. Es una de esas raras mañanas en las que el silencio entre nosotros no es incómodo, pero noto algo distinto en ella. Está inquieta. Sus pasos no son los de alguien que simplemente disfruta de un momento tranquilo; parecen los de alguien intentando huir de algo. —Dani —la llamo suavemente desde el sofá, dejando el periódico a un lado—. ¿Qué te pasa? Ella se detiene, como si acabara de darse cuenta de que estoy ahí, y me mira con esos ojos oscuros que siempre logran desarmarme. Pero esta vez hay algo en su mirada que no logro descifrar: una mezcla de miedo, tristeza y algo que parece… culpa. —Nada, solo estaba pensando —dice rápidamente, pero su voz no suena convincente. —Eso no e

