Narra Magnus: El sol comienza a ocultarse mientras caminamos por la pequeña plaza que Daniela adora. Es uno de esos lugares pintorescos que parecen salidos de una postal, con cafeterías acogedoras y niños jugando alrededor de una fuente. Ella sostiene mi mano con fuerza, como si temiera que pudiera soltarla, aunque no lo haría por nada del mundo. —¿En qué piensas? —me pregunta, girando la cabeza para mirarme. Sus ojos brillan con curiosidad, siempre tratando de descifrar mis silencios. —En ti, en nosotros. —Sonrío ligeramente, aunque sé que mi tono es más serio de lo habitual. Daniela lo nota de inmediato. —Eso suena ominoso. ¿Qué pasa? —Se detiene y se gira completamente hacia mí, su ceño ligeramente fruncido. Respiro hondo, mirando la fuente detrás de ella antes de devolverle la mir

