Hoy, el ambiente en la oficina tiene algo nuevo, una especie de electricidad que Magnus y yo compartimos en secreto. Es como si hubiera un código no hablado entre nosotros, un conocimiento mutuo de lo que somos cuando estamos a solas y lo que debemos aparentar cuando estamos rodeados de otros. La mañana transcurre relativamente tranquila. Hago mi mejor esfuerzo por ser la asistente profesional y eficiente que Magnus necesita, pero cada vez que paso cerca de su oficina, siento sus ojos clavados en mí. Y claro, cada vez que pienso en nuestros besos, en sus caricias, en la intensidad de su mirada, mi torpeza parece volver a salir a flote. En un momento, mientras estoy preparando café en la pequeña cocina, lo escucho hablando con alguien en el pasillo. Intento ignorarlo, concentrarme en el c

