Capítulo 9: Mi primer día

1754 Words
POV Isabella  Algo debo de estar pagando en esta vida, de todo lo que tenía que hacer para pasarla bien, a mi abuelo se le ocurre ponerme a trabajar con este tipo que lo único que quiero es matarlo. Tuve que poner la alarma a las cuatro de la madrugada para que el tiempo me alcance, espero llegar a tiempo a mi primer día de trabajo para no quedar mal. De mis ánimos mejor ni hablemos porque es lo que menos tengo en estos momentos, pero debo de dar la mejor de las caras para que nadie salga lastimado en el proceso. Ayer por la noche tuve una plática muy seria con mis padres, quienes no pararon de darme consejos y más consejos para este momento tan crucial en sus vidas, y conste que dije su vida y no la mía. Es como si ese tipo fuera un Dios ante sus ojos, sé que es su sobrino, sin embargo, deben de tener un poco de fe en mí y todo lo que hago. Llevo años haciéndome cargo de mi negocio, como para que ahora me digan que él me enseñara muchas cosas; lo único que sé que aprenderé es a tener instintos asesinos cada vez más grandes de los que ya tengo. Como bien dicen, al mal tiempo buena cara, es por eso que elegiré el mejor vestido que tenga en mi closet y mi mejor maquillaje para que no se note mis noches de desvelo, desde que me entere de esta desgracia. Me sigo pregunto ¿qué rayos estaba pensando mi abuelo?, pero sobre todo ¿Qué estaba pensando yo que acepte? La entrada era a las ocho en punto, eso quiere decir que me quedan cuatro horas para hacer todo lo que necesito antes de llegar a mi nueva cárcel por ocho horas diarias, hasta que me levanten el castigo. Para cuando baje las escaleras eran las seis y media, y todavía no había probado ni un pedacito de pan. Todo mi buen humor con el que me levante, se estaba esfumando, necesitaba comer con urgencia algo para que calmara mis ansias. —Buen día señorita Bella, le hice un pequeño desayuno, espero le guste. —Todo lo que cocinas es delicioso, pero te aseguro que hoy tendrás un mil. —Solo porque es su primer día de trabajo, de lo contrario no estaría diciéndolo, veamos qué me dice cuando termine la semana. —Gracias por los buenos ánimos carmelita, no esperaba menos de ti. —No me gusta mentir niña, sabe que la aprecio mucho, pero no le veo futuro a su nuevo trabajo. —Yo tampoco, pero es lo que mi abuelo quiere, ya sabes que no podemos desobedecerlo o se pondrá como un ogro. Carmelita alegro mi mañana con sus comentarios, nadie mejor que ella para decirme las cosas de frente sin que me le vaya encima. Para la hora que salí de la casa a penas se veía el sol, estaba a media hora de camino, por lo que tenía tiempo suficiente de mentalizarme y no morir en el intento. Eran cerca de las 7:30 am, el sol iluminaba el caminar de muchas personas que se dirigían a diversas partes de la ciudad, mientras que yo estaba parada en la puerta principal de la oficina como un robot mirando a todos los que acezaban. Evans: Lista para enfrentarte el monstro del lago oscuro, en tu primer día de trabajo. Simoneta: No la atormentes, suficiente tuvo con lo del fin de semana, deja de elevar su adrenalina. Evans: Eso lo puedo decir yo, quien sufrí todas las consecuencias de sus locuras, junto a las tuyas. Bella: Deséenme suerte amigos, creo que la voy a necesitar mucho más de lo que todos pensamos. Mientras caminaba, podía escuchar los murmullos del resto de los empleados, Iván se había ganado el sobre nombre de ogro y nadie lo bajaba de ahí. Tenía ganas de reírme de sus comentarios, sin embargo, quien era yo para decirles que era peor de lo que pensaban y que estaban a punto de empezar a vivir una pesadilla, la peor pesadilla de sus vidas. Esa es un arma que tendré guardada para cuando la necesite, y me haga enojar, por el momento me toca esperar para ver cómo marchan las cosas en la empresa. —Buenos días señorita Isabella, el señor nos ha indicado que pase el área de recursos humanos cuando llegara, para que le den las indicaciones que necesita saber cómo su secretaria. — ¿Secretaria? debe de existir un pequeño error, yo no soy la secretaria de nadie, mucho menos la de Iván. ¡Gusano! con que jugando sucio desde el minuto cero, está muy equivocado si piensa que me quedare de brazos cruzados. Es momento de hacer mis respiraciones profundas, antes de que incendie este lugar y muchas personas se queden sin empleo. —Me encargare personalmente de esto, no tienes de que preocuparte, subiré a la oficina directamente, después bajare a donde me dices para entregar el contrato. —Lo siento, pero tengo indicaciones precisas para usted señorita. El señor Vargas fue muy claro con sus indicaciones, yo solo cumplo con lo que me indica, no puedo dejarla subir hasta que haga lo que se le ha pedido. También me dijo que si no aceptaba sus indicaciones, que era libre de firmar su renuncia, y que con eso lo volvería el hombre más feliz del universo. —Sandra, no quiero ser arrogante contigo, pero tú y yo sabemos que todo esto es un juego de ese idiota que tienes por jefe. Yo no vengo a perder mi tiempo como lo hace él todos los días, si estoy aquí es porque se lo prometí a mi abuelo y es lo que voy hacer; si el señor quiere una secretaria que le limpie el piso por donde pasa, entonces que la contrate, pero a mí… a mí que me deje en paz, al menos que desee ver al mismo diablo en persona. Conste que intente ser buena honda en las primeras horas de mi trabajo, pero la gente no mas no coopera y hace que saque mi lado malo. Yo sé que esto es una mala idea, lo sabía, lo sabía… ¿por qué nadie quiere escucharme, cuando le digo que no? Sé que Sandra solo sigue indicaciones, pero no voy dejar que nadie, lo que se dice nadie estropee mis planes libremente. Retome mi camino bajo la atenta mirada de las personas que presenciaron mi terrible encuentro. «Primer día, primer pleito. Rompiendo records como siempre» — ¡Haciendo amigos como siempre, Isabella! No esperaba menos de ti, para tu primer día en la empresa. —Camilo Robinson, el perro fiel de Vargas. — ¡T-Tú! —La misma, ahora si me disculpas, tengo cosas importantes que hacer antes de ver al ogro de la casa. Mi aire se empieza a contaminar paulatinamente, espero que cuando llegue al piso no explote la bomba que traigo por dentro. Para mi mala suerte el elevador venia lleno, por lo que tuve que esperar un poco para llegar al piso 40 «Temblor, aléjate de aquí» —Te apuesto mil dólares a que sales despedida el día de hoy —señor, dame paciencia con este tipo. No tan solo tenía que soportar al ogro, también me tocaba soportar al bufón de su amiguito. Señor, señor… ten piedad de mí, ten piedad de mí… no me dejes caer en la tentación, mira que soy tu fiel servidora. «Dije servidora, no pecadora» Cuando las puertas del ascensor se abrieron, sabía que mi hora había llegado. Estaba preparada mentalmente para lo que se viene, todas las historias que he escuchado camino aquí, creo que se quedaran cortas con las que están a punto de empezar a vivir. El temperamento explosivo de Iván es de otro nivel, pero no me quedare de brazos cruzados, me encontraba más que decidida a no dejarme intimidar. Pero creo que hable demasiado rápido, el gran ogro se encontraba parado en la puerta de su oficina, esperando por su presa. Eso solo quería decir que Sandra le fue con el chisme y me está esperando para darme la bienvenida que me tiene preparada, su expresión lo decía todo, y su mirada penetrante, hacia que todo el que estuviera en ese lugar, no quisiera ni siquiera respirar para no molestarlo. —Sabes lo que significa este silencio, Isabella. Para que veas que soy buena persona, te recomiendo que regreses por donde viniste, si es que quieres seguir trabajando aquí hasta la cinco de la tarde. —Que sean cincuenta mil. — ¿Qué? —La apuesta, te veo tan seguro de lo que pasará, que estoy dispuesta a subirla. ¿Lo tomas o lo dejas? —Si pensó que no aceptaría, se equivocó de persona. Se podía sentir la tensión en el aire, en cada paso que daba era como si me aproximara a mi funeral. — ¡Tú!, —menciono Iván mientras me señalaba, — ¿Quién te dijo que podías subir a mi oficina, sin mi permiso? ¿Acaso no sabes escuchar órdenes? Trate de mantener la calma, sin mostrar signos de nada; mi cinismo era mi mejor arma ante este gusano, y ante todo aquel que me quiere ver mal en mi vida. —Muy buenos y bellos días Iván, estoy lista para mi primer día de trabajo en esta hermosa y maravillosa empresa donde voy aprender mucho, de la mano de los mejores —toma eso Vargas, no caeré en tu juego. —Déjate de pendejadas Isabella, no tengo tiempo para perderlo contigo. Regresa a recepción y obedece lo que te indico Sandra de una buena vez, antes de que se me olvide lo que dijo el abuelo —se mostraba irritado por mi respuesta, de todas creo que fue la que menos se esperó que le diera. —Yo le dije que hiciera caso, pero ya sabes cómo es tu querida y adorable primita de caprichosa, como siempre intentando hacer su voluntad delante de los demás —gracias Camilo, muchas gracias, me asegurare de que nunca olvides mi respuesta a este bello detalle que me acabas de dar. —Me importa un bledo lo que Isabella diga, aquí solo es una empleada más de la empresa. ¿Te quedo claro Isabella? ¿Te quedo claro lo que acabo de mencionarte o te perdiste en el camino? ¡Aquí obedeces mis órdenes, y si yo digo que serás una secretaria, lo eres y punto!
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD