—¿Qué estás haciendo? A-aléjate... —digo tartamudeando y temblando por su cercanía, nunca antes he tenido a un chico tan cerca de mí, como lo está él ahora mismo—. Comienza a reírse y se separa un poco.
—¿Qué se te está pasando por la cabeza, mocosa? —Levanta las cejas y sonríe de lado—. No te hagas ilusiones, no te voy a besar, no eres para nada, mi tipo, ni lo serías nunca.
Abro los ojos como platos y me sonrojo, solo quiero pegarle una bofetada en toda la cara, pero para mi mala suerte, me tiene bien agarrada y apenas puedo moverme.
—¿Que estás diciendo idiota?, ¡nunca dejaría que me besaras, ni aunque fueras el último hombre del mundo dejaría que me besaras, y ahora suéltame!
Suelta de golpe mis brazos, pero no se separa de mí ni un milímetro.
—A partir de ahora me perteneces, vas a hacer todo lo que yo te diga, como yo te diga y cuando yo te diga, sin rechistar, ¿me he explicado? —Se acerca más a mi oído—. Eres mía, niña —dice mirándome con sus penetrantes ojos verdes.
—¡Te has vuelto loco!, ¿qué estás diciendo, Blake?
Estoy perpleja por sus palabras.
—Bastante tengo ya con mis asuntos, como para que ahora tenga que estar pendiente de que apruebes, es imposible que apruebes todo, no se te ve demasiado inteligente, pero no pienso quedar mal con los profesores y mucho menos con el director. Vas a hacer todo lo que yo te diga, olvídate de tu vida social, aquí dentro no existirá para ti, aquí lo primordial es que apruebes y que aprendas todo lo que no has aprendido en cinco años, ¿me estoy explicando? —Yo asiento con la cabeza, no me atrevo a decir una palabra—. Buena chica, a partir de mañana vamos a quedar después de las clases a las horas que a mí me vengan bien.
—Y si a mí no me viene bien quedarme a esas horas, ¿qué pasa?
—No te lo voy a repetir más veces, tú tienes que estar pendiente de mí en todo momento, y así las horas que pueda te enseñaré, espero que entiendas rápido las cosas: no tengo mucha paciencia y no te voy a explicar todo tres veces, no soy sociable, así que no pretendas entablar amistad conmigo, ni lo intentes, no me gusta nada, y hago esto porque consigo muchas ventajas, no porque quiera ser simpático contigo, ¿me estás entendiendo?
Asiento con la cabeza de nuevo un poco asustada por lo frío que está siendo.
—Pero, y si justo cuando tú estás libre de tus asuntos, yo me estoy bañando, por ejemplo, ¿qué pasa?
—Si hace falta, te saco yo mismo del baño, no voy a perder tiempo, y mucho menos voy a esperar a que termines de bañarte o de hacer tus cosas, mi tiempo es muy valioso, mocosa. Por eso tienes que tener mil ojos y cuando veas que estoy ocupado y que voy a tardar ahí aprovechas para hacer tus cosas.
—¿Tengo que estar pendiente de ti las veinticuatro horas del día? —Él asiente con la cabeza—. ¡Ni muerta, te has vuelto completamente loco! Para empezar, no estamos ni en el mismo hogar, yo no sé cuándo estás ocupado y cuando no, y yo no voy a esperar a que estés ocupado para darme un simple baño —digo bastante cabreada y con mis manos en la cintura.
—No me vuelvas a levantar la voz, Evans, tú no me conoces, no sabes como soy, ni lo que soy capaz de hacer, no voy a perder mi media por una estúpida, como tú: o haces lo que te ordeno o te buscas la vida y te largas de aquí; no sé ni cómo has entrado a estas alturas y mucho menos como te han pasado a último curso sin saber absolutamente nada, pero ese no es mi problema. O haces lo que te digo o suspendes todo y te echan, así de claro.
—¡Pues, busco otro tutor, ya ves tú! Y a mí, no me vuelvas a insultar, ya te voy conociendo y me pareces una persona repugnante, no me extraña nada que estés tan solo.
Tom, saca su varita y me apunta con ella al cuello. Yo me asusto e intentó retroceder, pero está la pared y no puedo, de lo asustada que estoy no puedo ni sacar mi varita, además ¿de que serviría?, si no se defenderme, aún no se lanzar ni un simple hechizo.
—No me provoques, Evans.
Me mira con sus penetrantes ojos verdes, yo levanto la cabeza, no sé ni cómo puedo sacar voz para hablar.
—Tranquilo, no te voy a molestar más, yo no te gusto y tú no me gustas, aunque fueras mi tutor, no nos entenderíamos y mucho menos yo aprendería contigo, a mí me gustan las personas que enseñan tranquilas y con calma, y veo que por nada me vas a matar, así que lo mejor será que yo me busque a otro tutor, y si puede ser mejor que sea una persona de tierra, que así no hay problema con los horarios.
Él esconde su varita y comienza a reírse.
He de admitir que cuando sonríe está extremadamente sexy y guapo, aunque eso no le quita lo imbécil que es.
—Claro, de tu casa, ¿verdad? Como no, ¿porque no le pides a tu amigo que te enseñe él?, seguro que aprendes mucho, y lo estarás deseando.
—Perdón, ¿qué amigo?
—Vamos, no te hagas la inocente, si estás deseando que sea él tu tutor. He visto cómo os estáis comportando en clase antes de que te sentara conmigo el profesor; vaya imagen has dado el primer día niña, parece que solo vienes a ligar y no a aprender.
Ahora sí, mi paciencia tiene un límite y el energúmeno este ha hecho que la pierda en menos de diez minutos.
—Pero, ¿se puede saber de qué hablas, estúpido? ¡Yo no vengo aquí a ligar como tú dices!, yo vengo aquí a aprender, pero resulta que tú tienes que ser el alumno más inteligente del curso, y el más maleducado también, por si no te lo habían dicho, puedes ser muy inteligente pero como persona, no vales nada, y yo encima he tenido la mala suerte de no haber podido entrar aquí con doce años, porque no me localizaban, encima me tiene que tocar un tutor como tú, que lo único que vas a hacer es amargarme la existencia y mira, ¡prefiero mil veces que, Alfred sea mi tutor, porque él al menos ha sido simpático y agradable conmigo! —Estoy muy alterada, pero él, por el contrario, no borra su sonrisa de la cara.
—Ese lo único que quiere es acostarse contigo niña, por eso es agradable y simpático como tú dices. —dice tranquilamente.
—Pero ¡qué te pasa por la cabeza idiota, por supuesto que no es por eso! —Echo fuego por la boca de lo cabreada que estoy.
—Tampoco te escandalices, sino ¿para qué iba a acercarse a ti?
—¡La gente, aunque no te lo creas es sociable con otras personas!
—Entonces, ¿esa rata va a ser tu tutor o lo voy a ser yo? Decide ya, no tengo por qué estar perdiendo aquí mi tiempo contigo.
—Tiene nombre, y no quiero que tú seas mi tutor, así que no te preocupes que no te molestaré más.
Dicho esto, le pego un pequeño empujón como puedo para apartarlo, ya que estamos a escasos centímetros el uno del otro, lo que no sé, es cómo he tenido el valor de enfrentarlo así, y más cara a cara, con la vergüenza que me da a mí estar así de cerca con los chicos. Éste energúmeno ha colmado mi paciencia.
—Valentina, ¿dónde estabas? Vamos a llegar tarde a pócimas mágicas, date prisa —Alfred, coge mi mano y salimos corriendo.
—¿Me estabas esperando? ¿Cómo sabías que aún no estaba en clase?
—Porque he ido a la puerta y no estabas, pensé que aún seguías aquí. —Guiña el ojo, me acuerdo de Blake y pongo cara de asco al pensar en él.
—Menos mal que este profesor siempre llega tarde.
Entramos a clase, todos los alumnos ya están sentados en sus pupitres, en la primera fila hay dos asientos libres. Pongo cara de asco al pensar que esos dos sitios son para mí y para Tom, en la fila de atrás del todo solo queda un sitio vacío, ahí se sienta Alfred. Mi plan se ha ido a la mierda, yo que quería sentarme con él, me niego a sentarme junto a ese anormal.
En una fila del medio veo la luz, hay una chica sola, me acerco a ella sin dudarlo dos veces y me siento, pero cuando veo su color del jersey me arrepiento de lo que he hecho, otra de fuego; más mala suerte no puedo tener.
—Hola, ¿tú eres Valentina, verdad? Un gusto conocerte, me llamo Estelle —dice muy sonriente, abro los ojos sorprendida y le devuelvo la sonrisa.
—¡Hola! Sí, soy Valentina, igualmente, vaya parece que en vuestro hogar también hay gente agradable, el resto de los de fuego solo me miran con cara de asesinos en potencia, por no nombrar a Tom Blake, que ese no me quiere ver ni en pintura —digo rodando los ojos.
—Bah, tú pasa de ese idiota, se cree el rey de aquí porque saca las mejores notas, pero es un estúpido y un arrogante.
—¿A ti también te cae mal? —pregunto sorprendida—. Pero, si es de tu hogar.
—¿Y qué pasa que sea de mi hogar? La mayoría de los de fuego me caen fatal.
—¿Y tus amigos a que hogares van?
—Es que, aquí amigos... no tengo, conocidos, muchísimos, pero amigos... aunque no me hace falta la verdad. Los de mi hogar son unos creídos y los demás, como soy del hogar de fuego, ni me hablan.
—Pero si se te ve muy simpática, no me explico cómo no tienes amigos aquí. —Ella se encoge de hombros—. Si quieres podemos ser amigas, yo tampoco tengo, he conocido a mis dos compañeras de cuarto que son muy majas, pero siempre se sientan juntas y aún no he tenido la oportunidad de hablar con ellas y bueno, Alfred también, pero siempre se sienta atrás del todo y yo ahí no me entero de nada.
—Igualmente no nos podemos sentar juntas Valentina, tienes que estar con Blake, y sentarte con él, lo han dicho los profesores, en cuanto te vean aquí, te van a cambiar. —Me pongo pálida y algo molesta—. Pero bueno, igual este profesor no lo sabe y te deja quedarte aquí.
—Ojalá...
Por la puerta entra Blake, junto a un profesor; imagino que será el profesor de pócimas mágicas, nada más entrar fija su mirada en mí, yo rápidamente aparto mi mirada de la suya y miro el libro de pócimas.
—Señorita Evans, por favor, siéntese con el señor Blake —levanto la cabeza y maldigo por lo bajo.
—Señor profesor, he estado hablando con Blake y hemos quedado en que él no va a ser mi tutor, está muy ocupado siempre y...
No me deja continuar.
—Tonterías, él está encantado de enseñarte, ¿verdad, Tom? —Él asiente con la cabeza, yo abro la boca y los ojos atónita—. Acabamos de hablar en la entrada de eso, yo no sabía que se tiene que sentar usted en todas las clases con él, señorita Evans. Yo mismo me ocuparé de avisar a todos los profesores —dice sonriendo.
—Gracias profesor.
Sonrío falsamente, cojo mis cosas, miro a Estelle con cara de disgusto y me siento con el imbécil.
La clase ha sido bastante entretenida, o al menos la parte teórica, me da miedo me da hacer cualquier pócima y que explote toda la clase.
Hemos estado viendo una pócima mágica, para que una persona diga toda la verdad sin poder mentir en nada.
—Bien, es hora de pasar de la teoría a la práctica, poneros en pareja, por favor.
—Estelle, ¿te pones conmigo?
Le digo sonriente, ella me mira sonriente y asiente con la cabeza, pero a los pocos segundos siento una mano fuerte coger mi brazo, sin ninguna delicadeza.
—¿Tú, a dónde te crees que vas? Te tienes que poner conmigo, no con tu amiguita, ¿o has olvidado nuestra charla, niña?
Le miro enfadada y con los brazos cruzados.
—El profesor ha dicho que nos pongamos en pareja, y no tengo por qué ir contigo.
—Tiene que ir con él, señorita Evans, órdenes del director, tiene que estar en todas las clases pegada al señor Blake, ya que, si no, no habrá forma humana de que usted logre aprobar todas las asignaturas, o al menos unas cuantas.
Bufo enfadada, el energúmeno no deja de sonreír, creo que soy la única persona que le hace sonreír por lo que estoy viendo, y no me gusta nada eso, me dan asco sus sonrisas burlonas.
—Los ingredientes serán los siguientes: cuatro lágrimas de cocodrilo, una cola de lagarto, un corazón de sapo, sangre azul de araña, polvo de hada, mocos de ogro y una escama de dragón. Ya sabéis la preparación que tiene, ánimo.
Casi vomito cuando dice los ingredientes que tenemos encima de la mesa; muy complicado veo yo hacer esta poción bien. Menos mal que Tom lleva las riendas de todo; algo bueno tiene que tener aguantarlo: eso sí, no me deja hacer nada, solo me dice lo que está haciendo en cada momento.
—Oye, déjame hacer algo, aunque sea echar las lágrimas de cocodrilo al caldero.
—Esta pócima, es una de las más complicadas que hay, tú observa primero y ya practicarás, tenemos tiempo por delante. —Pongo cara de póker. —No pretenderás que deje que explotes la clase, ¿verdad?
Aparece el profesor por detrás.
—¿Cómo vais por aquí? ¡Genial! Estupendo, señor Blake, muy buen trabajo, como siempre. —Se dirige a mí—. ¿Ha observado cómo lo ha hecho, señorita Evans? —Asiento con la cabeza sonriendo falsamente—. Muy bien clase, ahora tenéis que probar si la poción funciona o no, con vuestro compañero, con cuatro gotas bastarán, solo tenéis que haceros tres preguntas y ver si la poción está bien realizada, no preguntéis cosas que vuestro compañero no quiera responder, pero no habrá ningún problema, ya que os habéis puesto con la pareja que habéis escogido vosotros.
—¡Pero, profesor, yo no he escogido a mi pareja, y no quiero tener que responder a las preguntas que me haga Blake, no lo conozco de nada y no tengo la suficiente confianza como para responder sinceramente lo que me pregunte!
—No se altere, señorita Evans. El señor Blake es muy respetuoso y no va a preguntarle cosas inapropiadas.
—Por supuesto que no profesor —fulmino con la mirada a Tom.
—Bien, me voy a sentar, probar a ver qué tal, aunque ya sé cuál poción funcionará y cuál no, os dejo, así cogeréis más confianza con vuestro compañero.
Se sienta y comienza a leer una especie de periódico.
—¡Oye, no te pases un pelo con las preguntas, te lo advierto! —digo señalando con el dedo algo alterada.
—Empiezo yo si quieres, la pruebo primero y tú me preguntas lo que tú quieras —se sienta tranquilamente.
—Está bien. —En una cuchara pone cuatro gotas de la poción y se la mete en la boca—. Bien, que te puedo preguntar... veamos, ¿tienes novia?
Él comienza a reírse.
—Sabía que me ibas a preguntar eso, tan común y predecible, yo no tengo novias, tengo amigas, niña, con las que me lo paso muy bien
Yo no entiendo muy bien a qué se refiere.
—No entiendo, explícate.
Levanta las cejas.
—¿De verdad, no entiendes? —Mira mi cara y comienza a reírse aún más—. ¿Sabes? Eres la única persona con la que me río así, no me suelo reír nunca con nadie. Amigas no son, son chicas con las que me lo paso bien. —Sigo sin entender—. En la cama, Valentina, en la cama, ¿ahora entiendes? —No sé a dónde mirar—. No sé, si al final vas a ser más corta de lo que yo me imaginaba.
—Eres un estúpido —pongo cara de pocos amigos.
—Te quedan dos preguntas.
—¿Te has besado alguna vez con alguna chica?
Abre los ojos como platos y vuelve a reírse a carcajadas.
—En serio, eres muy tonta, has desperdiciado una pregunta tontamente, si me he acostado con chicas, ¿cómo no voy a besarlas, mocosa?
—Anda, pues es verdad...
Muerdo mis uñas nerviosa, parezco retrasada, no he pensado antes de hablar y he soltado lo primero que se me ha pasado por la cabeza.
—Solo me estás preguntando cosas relacionadas con ese tema, que pasa, ¿te intereso, Evans? —sonríe de lado.
—Por-por supuesto que no... Es que no sé qué preguntarte, eso es todo.
—Te queda una pregunta.
—¿De este curso te atrae alguna chica de la que querrías ser su novio?
—Sí —dice sorprendido de él mismo.
—¿De qué hogar?
—De tierra. —Abre los ojos y se levanta de golpe—. ¡Solo eran tres preguntas y tú has hecho cuatro!
—Si, pero la pregunta del beso no valía porque era la misma que la primera.
—Da igual, de todas formas, el efecto se acaba de ir, es mi turno.
Sonríe de oreja a oreja, da verdadero miedo con esa sonrisa y esa mirada en sus ojos.
—Conque te gusta una de tierra eh… Dime quién es, que igual te ayudo a que seáis novios
Él me mira de arriba a abajo.
—No digas tonterías, no sé ni porqué he dicho eso, no me gusta ninguna chica y mucho menos del hogar de la tierra, no creo en el amor, la gente que se enamora me parece estúpida y repulsiva.
—Eres más raro. —Me mira fríamente—. Bueno allá voy. —Meto la cuchara en mi boca—. Listo.
—¿Quién te gusta del instituto? —pregunta con una sonrisa maliciosa en su rostro.
—¿Gustar? Nadie, pero me parecen guapos bastantes chicos que he visto en el instituto, no sé cómo se llaman, apenas llevo un día aquí.
Bueno de momento, va bien la cosa.
—Cierto, ¿has tenido novio? —dice directamente.
—No. —Se sorprende al escuchar mi respuesta—. Es verdad, nunca he tenido novio, ni amigos como tú los llamas. —Sus ojos oscuros ahora me miran brillantes y penetrantes—. Estás preguntando lo mismo que te he preguntado yo; luego soy yo la que hace preguntas íntimas.
—No me esperaba esa respuesta, ¿a qué te dedicabas antes de entrar aquí?, cuéntame un poco tu vida en el otro mundo.
—Estaba estudiando en mi instituto, pero ya he terminado, iba a empezar en septiembre un curso llamado administración de empresas. Y poca cosa más; tengo unas cuantas amigas, vivo con mi madre, ya que mi padre falleció hace unos años, mi tía también es bruja, por parte de la familia de mi madre algunas mujeres también fueron brujas, como mi tatarabuela.
—Interesante, no eres una persona del otro mundo del todo por lo que veo, una última cosa, ¿te atraigo?
—Un poco, me pareces guapo e inteligente, pero eres un imbécil y un arrogante, por eso no me gustas. —Al decir eso, me tapo la boca corriendo, me da un poco de vergüenza mirarle ahora a la cara—. ¡Oye me has hecho cuatro preguntas, eso no vale, eran solo tres!
—Tú a mí también me has hecho cuatro preguntas, no me vengas con quejas —responde serio.
Yo estoy algo colorada y no le miro a la cara, él, en cambio, no me quita la mirada de encima, me está escaneando con sus ojos.
—Da igual... Creo que ya se ha pasado el efecto.
—Bien, alumnos, ya os podéis marchar, que tengáis buen día.
Dicho esto, voy directo por mis cosas sin mirar a Blake, y salgo de la clase escopetada.
Alguien toca mi hombro, al darme la vuelta, cierro los ojos, pero al abrirlos, me llevo una gran alegría al ver que es Estelle y no el imbécil.
—¿Qué tal con Blake? Me quería poner contigo, pero ya has oído al profesor, ¿vamos juntas a clase de aves? —coge mi brazo de manera amigable.
—Fatal, maldita clase de pócimas mágicas y maldita pócima de no poder mentir. —Le miro y sonrío—. En fin, qué más da, vamos a clase.
Esta clase sí que me da miedo, y mucho. Diana me ha explicado en qué consiste esta clase, cada alumno tiene una ave mágica encerrada en una botella pequeña de cristal, cuando se abre la botella, el ave pequeño se hace enorme, tanto que tenemos que subir encima, y en eso consiste la clase: en saber volar encima de un enorme ave y saber adiestrarlo para que haga todo lo que tú quieras.
Yo no tengo nada de equilibrio, nada, siempre se me ha dado fatal la gimnasia en el instituto, los profesores siempre me aprobaban por pena, no me disgusta el deporte, pero no es para nada mi fuerte. No me disgustan los animales, y mucho menos me disgustan las aves, pero pensar que tengo que subir encima de un ave imperial gigante, ¡me muero de miedo!
—Bien, clase, como es el primer día, empezaremos sacando a las aves de las botellas, después, darán un par de vueltas alrededor del instituto con ellas. Señor Blake, usted se pondrá en ese lado de la pista con la señorita Evans, yo me pondré con vosotros, como usted no tiene ningún problema en mi asignatura ya que es el mejor de mi clase, no me importa que se tire un mes entero enseñando a Valentina. Bien jovencita, veamos lo que sabes.
—No sé nada, profesora —respondo aterrada.
—Vaya cabeza la mía, voy a buscar el parte de faltas que me he dejado dentro, el resto podéis ir por vuestra cuenta e ir practicando, que muchos habréis perdido la práctica en las vacaciones.
—¡Valentina, ánimo, tú puedes! —Alfred, sonríe y guiña un ojo, yo le sonrío, Tom por el contrario, pone cara de querer asesinarlo lentamente, coge mi brazo bruscamente y me lleva a la otra pista.
Todos comienzan a volar con sus aves; yo de pensar que me tengo que subir encima, me entra pánico y ganas de vomitar.
—Empecemos por lo básico, saca a tu ave de la botella.
Hago lo que me dice, cuando veo el tamaño de ese animal casi me desmayo. Es un ave imperial precioso, pero al ver el tamaño de su pico, retrocedo asustada sin pensarlo dos veces.
—No puedes tenerle miedo, él sabe que le tienes miedo y nunca te hará caso, tienes que decir con firmeza, ¡quieto!
—Qui-quieto... —digo con miedo en la voz, el ave ni me mira—. Esto no funciona —le miro preocupada.
—¿Cómo que esto no funciona? Tienes que decirlo con firmeza, ¡Dios mírame!, ¡quieto! —El ave le mira fijamente y se tumba un poco en el suelo para que Tom pueda subir—. ¿Lo has entendido?
Le miro con odio.
—¡Quieto! —exclamo cabreada.
El ave me mira y se agacha a mi lado para que pueda subir, ha funcionado, seguro que del cabreo que llevo encima. Cada vez me cae peor este estúpido.
—No está mal, hay gente que ni a la quinta lo consigue, bien, ahora súbete en él. —Me entra el pánico—. ¿Qué esperas? No tenemos todo el día. —Hago lo que me manda con mucho miedo—. Levanta los dos pies a la vez lentamente.
El ave se pone de pie. Me entra el pánico. Chillo y del propio miedo me voy hacia mi lado derecho donde justamente está Tom.
Me hubiera dado un buen golpe si no hubiera sido por sus dos brazos que me agarran fuertemente, quedando frente a frente con él. Me pongo colorada, agarro fuertemente sus fuertes hombros con mis manos temblorosas. Él sonríe de lado y me mira penetrantemente.
—Por curiosidad, ¿te has besado alguna vez con un chico?
Me pilla desprevenida esa pregunta, si mis mejillas ya están coloradas ahora lo están aún más.
—¿Po-por qué me preguntas eso? —respondo con un hilo de voz y con los ojos muy abiertos.
—Porque, si es lo que pienso, te podría hacer mucho daño si yo quisiera en este momento...