Aparto mi cabeza rápidamente hacia un lado antes de que pueda hacer algo, él sonríe y suelta mi cintura de golpe, haciendo que me lleve el tortazo de mi vida.
—¡Pero, qué te pasa, idiota! —digo muy cabreada y furiosa, comienzo a mirarme las manos y las piernas por si me he hecho algún corte o por si tengo alguna herida.
—Así es como se aprende a montar en ave, a base de caídas, verás cómo le pierdes el miedo a este precioso animal —dice sonriendo tocándole la cabeza al ave.
Le fulmino con la mirada.
—¡Yo creo que es justo lo contrario, así solo vas a conseguir que no me quiera subir en él nunca más! —Me levanto del suelo, pero me duele el tobillo—. ¡Ah! ¡Me has torcido el tobillo, estúpido!
—¿Yo? No querida, has sido tú sola. Haber mantenido el equilibrio al montarte.
Se acerca hacia nosotros la profesora corriendo.
—¿Qué está pasando aquí, jovencitos? Valentina, ¿se encuentra bien?
—No profesora, este idiota me ha soltado adrede para que me caiga y ahora me duele el tobillo derecho al apoyarlo.
—¿Es eso cierto, señor Blake? —dice sorprendida, yo no me sorprendería viniendo de él.
—No, por supuesto que no profesora. —Lo miro de inmediato—. Es verdad que la señorita Evans, se ha caído del ave, pero, porque no ha mantenido el equilibrio, cuando he ido a sujetarla para que no se cayera ya era demasiado tarde, pero no ha pasado nada grave, ya que está a muy poca altura del suelo.
—¡Que no ha pasado nada grave, ¿te parece poco que me haya torcido el tobillo, imbécil?! —digo llena de rabia.
—Señorita Evans, por favor, no le hable así al señor Blake, no es tan grave como usted piensa, seguro que no le ha pasado nada a su tobillo. Señor Blake, voy a acompañar a Valentina a la enfermería, por favor, únase a sus compañeros.
—No profesora, me siento culpable por no haber podido cogerla a tiempo antes de que se cayera al suelo, me sentiría mejor si le acompañara yo —sonríe de oreja a oreja, yo solo abro la boca sorprendida sin creer lo que estoy oyendo.
—Eres muy considerado Tom, bien, como quieras, acompañe a Valentina a la enfermería, nos vemos en la siguiente clase. Espero que no sea nada grave, señorita Evans.
Dicho esto, se marcha, yo solo le miro con preocupación, no quiero que este energúmeno me acompañe a la enfermería.
—Vamos a la enfermería a que te vean ese tobillo —me informa.
Aprieto los puños.
—¡Eres un mentiroso, embustero, tú me has dejado de sujetar adrede para que yo cayera y me pasara esto!
Me pongo delante de él, señalándole con el dedo mi tobillo.
—Simplemente he dejado de sujetarte la cintura, para que tú sola aprendieras a mantenerte en equilibrio, sino no aprenderás nunca.
Sigue caminando, dejándome con la palabra en la boca.
—¡Espera aquí!
Intento andar lo más de prisa que puedo para alcanzarlo, pero es en vano, me duele mucho el tobillo y él tiene un andar muy acelerado, si ya de por sí me cuesta ir a su mismo ritmo, ahora con el tobillo así lo pierdo de vista en pocos segundos.
—¡Mira, mejor, así voy sola! —digo para mí misma, ya que lo he perdido de vista—. Me duele… como me duele, el muy hijo de... —comienzo a maldecirlo.
—Puedes acelerar el paso, pareces una tortuga andando.
Pego un brinco y un pequeño grito cuando lo escucho detrás de mí.
—¿Co-cómo estás detrás de mí, si te he perdido de vista de lo rápido que estás andando? —digo muy sorprendida.
—Vas tan lento que me ha dado tiempo de dar media vuelta y volver. —Yo le miro atónita—. Cómo seas tan lenta en todo, vamos mal, niña.
Arrugo el ceño.
—¡¿Y por qué será que voy tan lenta como tú dices?!
Hago un gesto con mi mano, señalando mi pie, él resopla.
—Bien, no me dejas otra opción entonces, no voy a perder más tiempo contigo, ya sabes que mi tiempo es oro.
—Pero si has sido tu quien ha decidido acompañarme a la enfermería, yo estaba encantada con que me acompañara... —no puedo terminar la frase.
Hace un rápido movimiento con su mano, se agacha un poco y me coge en brazos. Me coge como cuando en los cuentos el príncipe coge a la princesa para llevarla a su castillo, pues igual. Comienza a andar y mis mejillas empiezan a arder.
—¡Qué estás haciendo, bájame! Nos van a ver todos y vamos a tener que dar explicaciones.
—Primero, la gente está en clase, y segundo, qué explicaciones tenemos que dar, ni que estuviéramos haciendo algo raro, solo te estoy llevando a la enfermería porque no puedes caminar. Y si dejo que camines por ti misma, no llegamos ni a la hora de cenar. Te vuelvo a repetir, me niego a perder más tiempo contigo.
Yo solo bufo, paso de seguir peleando con él; es en vano, siempre tiene frases para todo.
En la enfermería me han dicho que no me he hecho nada grave en el tobillo, simplemente me duele del golpe y lo tengo un poco hinchado de la mala caída, un poco de descanso y como nueva. Para mi sorpresa, Tom no se mueve de mi lado, hasta que la enfermera me deja marchar.
—No hacía falta que te quedaras conmigo hasta que pudiera salir, solo con haberme acompañado hasta la puerta hubiera sido suficiente. —Muerdo mi labio, nerviosa—. Pero gracias.
—No te montes películas ahora en tu cabeza, necia, simplemente no me apetecía volver a clase de vuelo y por eso me he quedado contigo —acelera su paso y se marcha, dejándome con cara de póker.
Una mano me saca de mis pensamientos.
—Hola, ¿cómo estás? He visto que te has pegado una buena caída en clase —exclama Estelle, conteniéndose la risa.
—Sí... pero bueno, estoy bien, por suerte no ha sido nada, como mucho me saldrán unos cuantos moratones.
—He visto que Blake te ha acompañado a la enfermería, eso es raro, muy raro en él, Valentina, créeme, nunca ha acompañado a nadie a ningún sitio, es más, siempre va solo a todas partes.
—Bueno, lo ha hecho porque quería saltarse la clase, eso es todo —me mira con los ojos muy abiertos y sorprendida.
—¿Tom Blake queriendo saltarse una clase de aves?, me extraña la verdad, es una de sus clases favoritas, ¿por qué iba a querer saltarse la clase?
—¿En serio?
Ella asiente con la cabeza.
—Oye, vente esta tarde al hogar del fuego, estaré prácticamente sola, los otros se van y no vuelven hasta la noche.
—¡¿Te has vuelto loca?, nos tienen prohibido entrar a hogares que no sean los nuestros, para eso tenemos el gran patio fuera del instituto, la biblioteca, los pasillos o... cualquier sitio del instituto, me expulsarán si pongo un pie ahí!
—No te van a expulsar, mujer, yo te dejo un uniforme n***o o rojo y listo, muchos otros lo han hecho y lo siguen haciendo en todas las casas y nunca nadie ha sido expulsado por ello, los profesores no se enteran, además, al entrar agachas la cabeza un poco y como tienes nuestro uniforme no se van a dar cuenta.
—¡No, no, no! Te has vuelto loca, ¡y más la gente de tu hogar que son todos unos monstruos sin piedad, en cuanto me vean ahí, van a ir corriendo al director a que me expulsen del instituto!
—No van a hacer eso porque ellos también lo hacen, sobre todo con los ligues de otros hogares, y como se chiven, yo también lo haré y créeme que solo quedarán cuatro personas en el colegio de nuestro curso.
—Pero, ¿para que quieres que entre ahí? ¿No podemos vernos en el patio? Así nos da el aire.
—Te quiero enseñar mi cuarto, y ahí estaremos mejor, así podemos hablar tranquilas. No te preocupes, en serio, es un secreto no tan secreto del instituto, esto no lo sabe nadie, pero todos lo saben, ¿entiendes?, todos lo hacen y no pasa nada.
—No sé... —muerdo mis uñas nerviosa.
—Venga, que por una vez que viene una chica al instituto que me cae bien.
—Bueno, en la comida te digo algo, ¿vale?
Ella sonríe.
—Vale, vamos a la siguiente clase. Ven, te ayudo, apóyate en mí
Coge mi brazo y vamos juntas a la siguiente clase.
Seguro que es una broma, o una trampa incluso para que me expulsen, parece muy amable y simpática, pero no me fío un pelo de ningún fuego, por algo está en ese hogar, cuando sea la hora de la comida le digo que tengo algo importante que hacer y listo.
El resto del día ha transcurrido con normalidad. Las siguientes clases son todas teóricas y con suerte solo tengo que atender las explicaciones de los profesores. Por mucho que sean clases teóricas, me tengo que sentar con don perfección en persona.
A la hora de la comida me siento con Diana; esta niña me encanta, es como una hermana para mí, le he cogido mucho cariño.
—Valentina, no vayas al hogar del fuego, seguro que es una trampa —dice Diana, metiéndose un trozo de carne a la boca—. Yo no me fiaría, seguro que están todos compinchados para que te expulsen, todos los fuegos son malos, ¿por qué esa chica querría ser tu amiga?
—Ella es muy agradable, he estado hablando todo el día con ella, pero tienes razón, no me fío un pelo de ningún fuego.
—Valentina, ¿vienes? —aparece Estelle muy sonriente, acercándose a nuestra mesa.
—Lo siento, es que tengo que ayudar a Diana a organizar su armario, otro día ¿vale Estelle? —sonrío falsamente.
—Si queréis yo también os puedo ayudar, me dejáis un uniforme vuestro y listo. —Diana y yo nos miramos sorprendidas—. Vamos, os acompaño —coge mi brazo y nos levantamos de nuestro sitio.
Vamos las tres juntas al hogar de la tierra. Diana y yo estamos muy confundidas.
¿En serio Estelle va a entrar? Entonces no es ninguna trampa, es verdad que todos lo hacen.
—Esperadme aquí, ahora mismo vuelvo, que no me acordaba de una cosa. —Se marcha corriendo, Diana me mira con las cejas alzadas y con las manos en su cintura.
—¿Ves?, te lo he dicho, es todo una trampa. Ya verás como no vuelve, no hay que fiarse de los fuegos, yo tengo en mi clase a un chico del hogar del fuego que se llama Brandon y es odioso, me cae fatal, te lo juro, y encima se cree el mejor de la clase.
—Pues contigo que no se meta que si no voy yo a hablar con ese niño.
—Tranquila, yo me se defender muy bien sola, pero gracias Valentina —Me da un abrazo—. Eres como la hermana mayor que nunca tuve.
—Lo mismo digo —le devuelvo la sonrisa.
—Ya estoy chicas, vamos a entrar.
Aparece Estelle con un jersey verde de nuestro hogar. ¡¿Cómo es posible?!
—¿Cómo es que tienes un jersey verde? —pregunto sorprendida.
—Ya te he dicho que en mi hogar todo el mundo se mete en la de los demás, y así en todos, no es para tanto, ya verás cómo hay días que ves en tu hogar a gente que no conoces, eso sí, no sabemos las contraseñas para entrar, solo podemos entrar acompañados de un m*****o del hogar al que queremos entrar.
No muy convencida, entramos poniendo un código en la puerta de entrada. La verdad es que cuanto más hablo con Estelle, mejor me va cayendo. Es una chica estupenda en todos los aspectos, no ha tenido suerte en el tema de la amistad, pero en cambio en el amor ha tenido toda la suerte que yo no he tenido en mi vida, aunque ahora mismo está soltera.
Al final, ordenamos el armario de Diana, que está un poco, o, mejor dicho, bastante desastroso.
—Yo debería de irme ya, no vaya a ser que los de tierra me vean aquí, los de fuego llegan tarde, pero los vuestros no, si entra uno o dos no pasa nada, pero como me vean muchos... no sé, mejor me voy yendo ya. Me lo he pasado genial con vosotras, chicas.
—Te acompaño fuera, luego nos vemos Diani —Estelle y yo nos marchamos de la habitación.
—¿Me acompañas hasta la entrada de mi hogar? —pregunta Estelle con cara de niña pequeña, yo asiento con la cabeza sonriendo—. Deberías de estar con los del fuego, sería genial, pasaríamos las noches hablando hasta la madrugada y contándonos cosas, es que, de verdad, me caes genial Valentina, ¿en serio que no quieres pasar? Aún es pronto, los de aquí no llegan hasta dentro de una hora o así, como es el primer día de clase y aún no hay mucha cosa que hacer, aprovechan.
—De acuerdo. —me animo—. Déjame un jersey rojo y entro contigo un rato —ella comienza a saltar de alegría.
—¡Genial! Aunque puedes entrar y ponértelo dentro, no va a pasar nada, lo de llevar el uniforme de tu hogar es por si hay alguien dentro que no te conoce para que piense que eres de los suyos, como somos tantos no se dan ni cuenta, pero bueno por si las moscas.
Abre la puerta y entramos, no tiene nada que ver su hogar con el mío, cuando entras al hogar de la tierra lo primero que te encuentras es una gran fuente llena de flores y hojas verdes en el medio, los sillones para descansar alrededor de la fuente y las mesas y sillas son verdes y de madera. Hay unas puertas que te llevan a las habitaciones, unas están nada más entrar por la puerta principal y otras se encuentran subiendo unas escaleras. Cada puerta está pintada, en unas hay hojas dibujadas y en otras hay flores. Es un lugar tranquilo y relajado, cuando entras sientes que estás en medio de la naturaleza, se escuchan ruidos de pájaros silbar y es todo muy tranquilo, como si estuvieras en un bosque de acampada.
En cambio, éste hogar es más apagado, tiene buen ambiente, todo está iluminado por lámparas de techo de color rojo con sillones de cuero n***o, sillas y mesas de madera con toques dorados, para entrar en las habitaciones las puertas están pintadas de n***o y tienen un gran dibujo de fuego dorado. Los detalles del hogar del fuego por lo que estoy viendo son todos en tonos dorados y rojos, es como estar es una gran habitación de un palacio lujoso; todo lo contrario a nuestro hogar.
—Y bien, ¿te gusta? —pregunta ella sonriendo.
—Es bonito, pero me gusta más el mío.
—Lógicamente, aunque nuestro hogar es mucho más elegante y sofisticado que el vuestro. —Yo le miro de morros, ella sonríe de oreja a oreja—. Vamos, sígueme.
Entramos a su habitación y comienza a enseñarme sus cosas, tiene libros realmente interesantes, y cosas que no he visto en mi vida, aún no consigo acostumbrarme a esto, es todo tan surrealista.
—Todo esto es tan increíble, y tienes razón, aquí no hay ni un alma.
—Te lo he dicho, ahora vendrán los pequeños de primero y segundo, pero tranquila, esos no se dan ni cuenta ahora que llevas nuestro uniforme.
Nos sentamos en uno de los grandes sofás y comenzamos a hablar de nuestras cosas. De repente se abre la puerta, pero para mi mala suerte, no son los chicos de primero y segundo año.
Me pongo pálida al verlo entrar, justo tiene que venir él, tantos que son en este sitio y justo él, últimamente no tengo nada de suerte.
Sin ningún tipo de disimulo doy media vuelta y pongo mi cara en el sofá para que no me vea, pero eso solo hace que se acerque hacia nosotras.
—¿Evans?
Abro los ojos como platos al escuchar la voz de Tom muy cerca de mí, aún sin despegar mi cara del sofá.
¡Cómo sabe que soy yo! Imposible que me haya visto la cara...
Me estoy poniendo roja, roja no, de todos los colores, este hombre está deseando que me marche de aquí o que me echen, sabía yo que no era buena idea entrar aquí...
—Evans, sé que eres tú, te delata tu cabello encrespado. —Agarra mi brazo bruscamente haciendo que lo mire a la cara—. Vaya, vaya, sabes que te pueden echar si entras en un hogar que no sea el tuyo, ¿verdad niña?
Comienza a reírse, seguramente de mi cara, ahora mismo tiene que ser todo un poema.
—De eso nada monada, todos os habéis colado alguna vez en otro hogar, no me vengas de santo ahora Blake, porque hasta tú lo has hecho —responde Estelle cabreada, Tom no despega su mirada de la mía, debe de estar disfrutando seguramente al verme así de vulnerable ante sus ojos.
—Tú no te metas, Tortosa, esto no va contigo —espeta y vuelve su atención a mí—. ¿Te ha comido la lengua el gato? Yo pensaba que tú eras de las que seguían las normas a rajatabla y mira tú por donde te encuentro aquí.
No puedo ni contestar, no me sale la voz, y eso me da mucha impotencia, demasiada, sentirme así delante de él y que lo esté disfrutando…
—¿No piensas decir nada, mocosa? —vuelve a preguntar.
Le miro con odio.
—No tengo el cabello encrespado, lo tengo ondulado —replico.
Él sonríe, mostrando sus perfectos dientes.
Pero este no es mi único problema ahora, la puerta se vuelve a abrir, y esta vez comienzan a entrar todos los de nuestro año, ahora sí que si estoy perdida.
—¡Que hacéis aquí tan pronto! —exclama Estelle, levantándose del sofá sorprendida y tapándome, poniéndose delante de mí.
—Hay una reunión ahora con los de nuestro curso aquí —menciona Tom en voz baja para que solo lo pudiéramos escuchar Estelle y yo.
Mierda, mierda, mierda y más mierda, estoy muerta.
—Ven conmigo y mira al suelo, podrás hacer eso, ¿verdad?
Yo miro a Tom desconcertada y con los ojos muy abiertos.
Coge mi brazo y yo agacho la cabeza lo más que puedo, vamos rápidamente hacia las escaleras y comenzamos a subirlas hasta que llegamos a una habitación. Me mete con fuerza en ella, entra él y cierra con llave, yo sigo con miedo en el cuerpo.
Aunque no nos hayan pillado, sigo aquí.
—Has tenido mucha suerte de que la gente vaya a la suya y no se hayan percatado de ti, te vas a quedar aquí hasta que yo venga, luego pensaré que hago contigo. —Asiento con la cabeza asustada—. ¡Y no hagas ningún tipo de ruido! —Agarra mis hombros y me sienta bruscamente sobre una cama—. Te quedas en mi cama sentada hasta que yo venga, ¿correcto? —dicho esto sale rápidamente de la habitación.
Me quedo observando detenidamente la habitación, la cama de Tom está perfectamente hecha, la de sus compañeros no tanto, se nota que es el más ordenado y meticuloso de todos. No me extraña en absoluto que su habitación sea así, es don perfección en persona y eso me da un poco de envidia, ya que yo soy un poco desastre a veces con todo en general.
Como está tardando mucho, comienzo a dar vueltas por la habitación, se nota que es un intelectual en potencia, tiene una gran cantidad de libros en sus estanterías, hay uno que me llama mucho la atención, a mí desde pequeña me ha fascinado todo lo relacionado con el espacio y el universo, tiene bastantes libros de este tipo. Cojo uno sin pensármelo dos veces hasta que escucho la puerta abrirse, lo dejo de inmediato antes de que pueda echarle un vistazo.
—¿Ya se han ido? —pregunto algo nerviosa, él me mira serio, cerrando la puerta con llave.
—Tom, abre la puerta... me apetece jugar contigo un ratito, caramelito.
Abro los ojos como platos, esa voz es de Karen, una del hogar del fuego que va a un curso menos que nosotros, es insoportable, odiosa, creída, y mil adjetivos más.
—Karen, vete —responde Tom fríamente.
—Vamos Tom, de aquí no me muevo hasta que no abras esa puerta.
—Mierda. —Dirige su mirada hacia mí—. Métete en el armario. ¡Date prisa!
Me mete en el armario, cogiéndome del brazo bruscamente. Tengo el corazón que se me va a salir del pecho en cualquier momento.
—Karen, te he dicho que ahora no, lárgate.
—Ahora estamos solos, tus compañeros no van a entrar hasta dentro de una hora por lo menos... —dice entre suspiros, se nota que le está besando—. Vamos... quítate todo, hazme chillar como aquella noche.
Menos mal que no puedo ver lo que está pasando ahí fuera, me puedo traumatizar al ver esas imágenes.
No me imaginaba a Tom así para nada, es más, ni siquiera sabía que hablaba con chicas, y mucho menos que tuviera relaciones sentimentales con ellas.
—Lárgate de una maldita vez, ya sabes que esto funciona cuando a mí me apetece, y ahora mismo no me apetece en absoluto, entiendes eso o es demasiado para tu cabeza hueca. ¡Lárgate ya! —exclama con un tono fuerte y algo escalofriante, este hombre enfadado da verdadero miedo.
No escucho nada más, solo la puerta de su habitación cerrarse. Yo me quedo quieta, no me puedo arriesgar a salir sin que él no me diga nada. Han pasado como tres minutos y todo sigue en silencio, pego mi oído a la madera para ver si escucho algo. La puerta se abre, haciéndome perder el equilibrio. Al abrir los ojos me encuentro frente a frente con Tom, me agarro a su cuello para no caerme y él coge mi cintura con sus grandes y fuertes manos, nuestras narices pueden incluso chocarse de lo cerca que estamos el uno del otro.
Para mi sorpresa, él se encuentra sin camiseta, mis mejillas comienzan a arder en pocos segundos.
—¿Sabes? No estas tan horrible como me imaginaba desde tan cerca. —Abro los ojos como platos. ¿Es un cumplido? —. Incluso diría que estás mona. —Sonríe de oreja a oreja, dejando mostrar sus perfectos dientes—. Me gusta saber que soy el único hombre con el que has estado así.
Abro aún más los ojos, trago saliva nerviosa.
Pone su mano en mi cabeza y la acerca más hacia la suya, sin quitar su otra mano de mi cintura, apretando fuertemente, puedo oír su respiración, ambos estamos agitados, yo más por nervios de tenerlo tan cerca y por la incertidumbre de saber que pretende hacer.