Me separo rápidamente de Tom al escuchar la voz de Alfred. Qué vergüenza madre mía... cómo me está pasando ahora esto, en serio, cada vez creo más la posibilidad de que estoy maldita o de que me han echado un mal de ojo. —Al-Alfred... no nada, no estamos haciendo nada, solo me ha entrado una pestaña en el ojo y le he pedido a Tom que me la quite porque no puedo abrirlo —respondo muy sonriente y nerviosa. —¿En serio pretendes que se crea eso Evans? Será estúpido, pero no tiene cinco años. —Tom mira a Alfred—. Nos estábamos besando y punto. —Me mira—. No tienes por qué dar más explicaciones, no es nada tuyo. Me quedo boquiabierta, este chico más directo no puede ser, no se anda con rodeos no. A Alfred se le ha descompuesto un poco la cara, no me quita el ojo de encima, a saber qué está

