Capítulo 6: Camino desviado

1210 Words
Megan Martin  Recuperé mi teléfono de manos de una de las sirvientas y con la advertencia de no hacer ninguna tontería o perdería toda opción de estudiar en la universidad que deseo. Al menos no tuve que verle la cara y, gracias a que se levanta temprano para trabajar, no tengo que verlo en toda la mañana. Mi madre ha insistido en contratar una estilista para que me prepare para la fiesta y luego de asegurarme que es dinero suyo, de la pensión mensual que le da su exesposo vaquero, y no de Dereck, acepté. La mujer me lava el cabello, le aplica un tratamiento que lo deja brillante y precioso. La verdad es que me encanta. Pareciera que mi cabellera rubia brilla como la de Rapunzel cuando canta. Sí, exagero, pero es la emoción. Su ayudante me pinta las uñas y luego me hace masajes en los pies, preparándolos para la noche con tacones que me espera. Quería usar zapatillas, pero ya que mi amigo es tan alto, no me quedó de otra que usar algo para no parecer un tapón a su lado. —Te ves tan hermosa —me dice mi madre—. Tienes que dejarme tomar muchas fotografías. —¿Para qué? No es que las vayas a colgar en las paredes de esta preciosa mansión. —Puedo colocarlas en mi tocador. —Las dos sabemos que no durarán —le digo, mirándola con intensidad a través del espejo—. Tus cremas necesitan más espacio que un cuadro. Ella me hace un puchero, pero yo solo pongo los ojos en blanco y miro a otro lado. Mi cabello se ve perfecto, quiero que terminen de una vez, para colocar el vestido y salir de aquí a callar bocas, a hacer la baba correr. Cuando me liberan al fin, me quedo satisfecha con el resultado. Por mi madre, que no ha parado de hablar, sé que Dereck no está en la casa y me siento con la seguridad de salir así de mi cuarto hasta la entrada, que es donde Irwin me esperará, al lado de la limusina y con la famosa flor. Mi madre me ayuda a caminar por el pasillo, llegamos a la escalera y, de pronto, una voz ronca que pelea con alguien me hace saltar. Mis ojos se levantan y lo veo. Ahí está, tan arrebatadoramente guapo como es en todo momento. Sus ojos oscuros me intimidan, pero no bajo la mirada. Se la sostengo, intento no ruborizarme y doy un paso hacia la escalera. —Te llamo luego, Karl —guarda su teléfono, lo guarda y camina hacia mí con el ceño fruncido—. Yo la ayudaré a bajar. —Cariño, no es necesario —intenta decirle mi madre con dulzura. —Prefiero que no. Dos mujeres con tacones y una parece que no tiene el entrenamiento suficiente para usarlos. Lo último que quiero es la policía y al agente del seguro interrogándome de cómo una mujer se partió el cuello en mi escalera. Yo sonrío con ironía, es un idiota. Mi madre se aparta y Dereck se para a mi lado. Me ofrece su brazo, yo dudo en aceptarlo porque los dos no nos llevamos bien como para recibir este gesto. Pero luego recuerdo que no quiere problemas legales, así que me relajo. —Gracias, papi —le susurro cuando mi madre ya ha bajado la mitad de la escalera. Él me mira con la furia en sus ojos. —No me tientes a lanzarte por la escalera, mocosa. —Está bien. Pero solo porque deseo ir a mi graduación. Su rostro se ensombrece y yo miro adelante. Sé que me veo elegante al bajar y mi madre no duda en sacar su teléfono para tomar fotografías. No era mi idea que él saliera a mi lado, pero no es algo que pueda evitar. Es como ir de la mano del maldito Chris Evans. Sabes que tiene pareja, que no tienes oportunidad, pero igual bajarías de su brazo. Con Dereck es lo mismo. Solo que a él tengo que mantenerlo lo más alejado posible. La puerta principal se abre, estamos llegando abajo y veo a Irwin entrar. Madre mía, la maldita suerte que tengo es… exorbitante. Irwin se ha peinado, por primera vez lo veo con el cabello perfectamente arreglado y se ve guapísimo. Lleva un traje de tres piezas, una rosa roja en su traje y el famoso ramillete para mi muñeca. —Te ves preciosa, un hermoso pastelito de red velvet —me dice y noto que Dereck se tensa. En cuanto puedo, me suelto de él y camino hacia mi amigo. Irwin me toma la mano, me hace girar y silba escandalosamente. —Seré la envidia de la noche. Estás preciosa, esa fotografía no hizo justicia a tu real belleza. Dereck se aclara la garganta y se para al lado de mi madre, pasa un brazo por su cintura y nos mira a los dos con una seriedad que nos podría cocinar en segundos. Mejor saco a mi amigo de aquí, seguramente no está contento con esta invasión a su privacidad. Pero, contrario a lo que quiero hacer, Dereck me habla con voz ronca. —¿No nos vas a presentar? —yo alzo una ceja y me quedo perpleja. —Eh, sí… Dereck, él es Irwin McConnor, mi pareja. Dereck asiente levemente y le extiende la mano a mi amigo. Irwin se la da y noto que sus manos se aprietan más de la cuenta. Por supuesto que Irwin no se deja intimidar. —Es un gusto, señor Hunt —mira a mi madre y le sonríe—. Prometo traerla temprano a casa. La dejaré justo en la puerta. —Gracias, querido. Siempre tan considerado. Ahora, la tradición, vamos. Apunta el ramillete e Irwin lo saca de la cajita transparente. Me lo coloca y mi madre nos toma diez fotografías más. Salimos al fin de la casa, siento que recupero la capacidad de respirar y en cuanto me veo segura en la limusina, le digo a mi amigo. —Si no quisiera tanto trabajar en la NASA, te juro que me iría al otro lado del país. —Ya veo a qué te refieres con que es intenso. Casi me corta la mano con ese apretón, menos mal que me enseñaron a saludar como hombre y no como niño miedoso. Cambia rápidamente el tema de conversación, nos reímos de lo que esperamos para la fiesta y quedamos de acuerdo con salir de ahí en cuanto nos sintamos intimidados cualquiera de los dos. Y esa es una gran posibilidad. Dereck Hunt En cuanto veo a la mocosa salir, siento que no me puedo quedar a esperar a que llegue. Le doy un beso a Janina, porque tengo que salir de nuevo a la oficina, solo vine por unos documentos que dejé aquí. No esperaba encontrarme con el espectáculo de la graduación. Enciendo el motor, tomo el volante con seguridad y lo único que puedo pensar es en llegar a mi oficina para terminar con el trabajo que tengo pendiente. Pero a mitad de camino me doy cuenta de que no voy a mi oficina, sino al instituto de Megan. Que me parta un rayo.
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