Capítulo 3: Guapo, pero odioso

1209 Words
Megan Martin Cierro la puerta de mi cuarto y me apoyo en la puerta. Quiero reírme, porque sacar de su rol de hombre serio y controlado a Dereck es uno de mis pasatiempos favoritos. Mi madre le ha pedido a mitad de camino que deje de hacer eso, porque molestar al amo y señor de nuestras vidas podría ser malo. Camino a la cama, me dejo caer en ella con los brazos abiertos y cierro los ojos. Decir que solo me gusta molestar a Dereck, sería mentir. También me gusta mirarlo. El señor Hunt es realmente guapo, es joven y exuda ese poder característico de los hombres como él, con dinero y responsabilidades. Si el cura que me hacía clases de catecismo en Texas me confesara, seguro me diría que es pecado codicia al marido de mi madre. Pero no lo codicio. Me gusta Dereck por guapo, tanto como Henry Cavill, Chris Evans o George Clooney. Los tres son perfectos especímenes de la creación, pero inalcanzables. Y en Dereck también está el hecho de que es insoportable. Mi madre es una santa por casarse con él, solo para asegurarse de que yo reciba la mejor educación. Me siento en la cama, veo las cartas de aceptación sobre mi escritorio y camino hacia ellas. Stanford, Caltech, MIT y Harvard. Sé que soy una nerd, una mujer muy inteligente que sabe lo que quiere y que está dispuesta a lo que sea, menos a hacer lo que mi madre hace. Puedo estudiar leyes en Harvard, ingeniería aeroespacial en Caltech o ingeniería en ciencias de la administración en Stanford. Pero lo que realmente deseo es estudiar ingeniería aeroespacial aquí, en el MIT. Desde niña he soñado con trabajar en la NASA, incluso en empresas automotrices si no puedo destacar lo suficiente. Pero yo sé que puedo. Soy una maldita genio y tengo plena confianza en mi talento. Sonrío al espejo, esta es mi oportunidad y mi madre ha abierto la puerta para mí. Sin embargo, no puedo restarme mérito, porque MIT me ha ofrecido una beca del cincuenta por ciento. Si ese nones interés por mi joven cerebro, no sé qué pueda ser. Miro por la ventana y veo que el cielo se va oscureciendo poco a poco. En un rato más deberé bajar a cenar y esta vez no será agradable, porque el señor controlador estará ahí, para verme feo, con sus hermosos ojos y esa cara de revista. —Solo recuerda que es un imbécil contigo y no le mostrarás lo mucho que lo admiras. Porque sí, también lo admiro. Dereck es un genio, lleva cuatro años trabajando en la empresa de su padre y desde entonces la solidez de esta creció en un cincuenta por ciento. Ha expandido los horizontes y sé que está cerrando tratos en el extranjero, para que algunos de los componentes de su tecnología sea más barata. Su padre solo ofrecía programas para ciertos trabajos, pero Dereck expandió esa genialidad a crear los componentes para hacer esos programas más competitivos, entre otras cosas. —Maldición… Creo que hoy voy a fantasear con él mientras me duermo feliz. Camino al baño, me refresco un poco y salgo para ofrecer mi ayuda a la señora del servicio. Si hay algo que detesto es dejar que me sirvan y hagan todo. Mi madre se acostumbró a esa vida cuando vivió con Rick, en Texas. Pero yo no entré en ese paquete de matrimonio, al igual que ahora. Y creo que eso es lo que me motiva a estudiar una buena carrera. Quiero algo que me haga ganar dinero de inmediato, para ser independiente y no tener que seguir a la sombra de mi madre, que se casa con quien sea para no mover las manos. En cuanto abro la puerta, me encuentro de frente con él. Dereck cambia de inmediato su expresión y yo hago lo mismo. Me lo imagino en un monociclo, con mallas de color rosa y tocando unos platillos. Sonrío ante esa imagen y él deja escapar su habitual resoplido. —¿Vas a perder el tiempo a alguna parte? —me gruñe y yo me encojo de hombros antes de seguir mi camino. —Tal vez. La casa es grande, seguro me pierdo por ahí. No le digo más. A tu enemigo debes darle la menor información posible acerca de ti. Mientras menos sepa Dereck de mi vida, menos poder tendrá de lastimarme. Ya cometí ese error con Rick, el petrolero infiel, con este no lo haré. Llego a la cocina, comienzo a buscar los platos y cubiertos, no tengo idea de dónde se metió Dereck, pero es mejor así. —Señorita, yo puedo hacer esto, es mi trabajo —pero yo no me detengo. —Mi madre es la señora de la casa, yo solo soy su hija, nada más. —Usted viene a ser la hijastra del señor —murmura la señora y me detengo, la tomo de los hombros y le digo con suavidad. —Jamás permita que el señor oiga eso. Si eso pasa, la despedirá. Y no, no soy su hijastra, solo soy la adolescente impertinente que le dará dolores de cabeza solo porque puedo. La mujer asiente, seguimos con nuestras tareas y me siento a la mesa a esperar. Mi puesto lo he colocado lejos de él, para que no me amargue con su mirada. Me pierdo en mis pensamientos, en donde me veo trabajando de camarera o empaquetadora en mis tiempos libres para pagar mis gastos personales. Mis ahorros no serán eternos y debo mantenerme. —Vaya, vaya. Pero qué pronto te adaptaste a ser la señorita de la casa —el tono ácido de Dereck me hace despertar—. No esperaba menos de ti, debe encantarte que la gente te atienda. —Qué bien me conoces —le respondo con mis pestañas moviéndose exageradamente—. Esta es la mejor parte de que mi madre tenga novios y esposos con servidumbre, que yo no tenga que hacer nada más que esperar a que me sirvan la comida. —¿Y piensas vivir así todas las vacaciones? —Puede ser. Una señorita como yo no debería desperdiciar los lujos que le puede ofrecer su nuevo papi. —¡Que dejes de llamarme así! ¡En mi vida sería padre! Y si por el destino me tocara, ¡ni de chiste aceptaría la maldición de tenerte a ti por hija! Yo solo sonrío. La chica que sirve la comida llega con la bandeja, pero yo me pongo de pie y le hago una reverencia a Dereck. —Creo que he perdido el apetito. Que tengas buen provecho… Papi. Veo cómo se le achica el ojo y salgo del comedor antes de que me llegue algo a la cabeza o me corra de la casa. Aunque nada de eso es tan terrible como la sensación de saber que él me ve como todos los hombres con dinero. Una simple chica ambiciosa que busca los lujos que el dinero puede proveer. —Pero ya verán, ya les mostraré quién es Megan Martin. Me encierro en el cuarto y me voy directo a uno de mis libros. Necesito estudiar, prepararme y luchar por lo que más quiero. La verdadera libertad.
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