2005 Las semanas siguientes los llamados eran casi diarios, los resultados del fútbol habían dejado de importar, pasaban horas hablando de todos los temas que pasaban por su mente. Alejandro había decidido poner una alarma, ya que se había perdido varios entrenamientos. El tiempo parecía volar cuando charlaban. Sin embargo, aún no se habían vuelto a ver. Ambos sentían cada vez más la necesidad de hacerlo y sin embargo, ninguno se animaba a dar el paso. Una tarde de sábado, en la que Melany llegaba dispuesta a ayudar a su abuelo a atender el local, lo vio vestido con la única camisa elegante que le conocía y había abandonado sus alpargatas para lucir unos zapatos lustrados a la perfección. -Ah, bueno… Abuelo ¿hay una fiesta y no me avisaron?- dijo a la vez lo tomaba de la mano y lo ha

