Amelie se quedó en silencio, dándose cuenta de que no conseguiría hacer cambiar de opinión a Camille. En ese momento, Louis se acercó nuevamente, percibiendo la tensión en el ambiente. —¿Todo bien por aquí? —preguntó Louis, tratando de sonar despreocupado. —Sí, todo bien —respondió Camille, con una sonrisa—. Solo estábamos conversando. —Me alegra escuchar eso. Camille, ¿te gustaría bailar? —preguntó Louis, extendiendo su mano. —Por supuesto —dijo Camille, aceptando la mano de Louis y dirigiéndose con él a la pista de baile. Mientras se alejaban, Amelie los observó, sintiéndose derrotada. Sabía que Camille era más fuerte de lo que parecía y que no sería fácil hacerla caer. La noche continuaría, llena de miradas furtivas y pensamientos ocultos, pero Camille estaba decidida a mantener su

