Él la penetró una y otra vez, como si el mundo se terminaría, haciendo que la espalda de ella se recostara contra la pared. Camille sintió lo excitante que era eso, en un lugar público. Su éxtasis se incrementaba cuando su mente se imaginaba que alguien entraba a ese sitio. Pierre le susurraba lo rica y sensual, quería comerla, eso la hacía llegar a su orgasmo uno tras otro, porque su duración era larga. —Estuvo emocionante, me encantó. —dijo ella con satisfacción. —A mí también me gustas, me estás volviendo loco. —Espera, cómo sabías que era yo, ¿viste mi rostro? —rápidamente su excitación se volvió miedo. —No he visto tu rostro, estamos en la oscuridad, solamente te reconocí por tu aroma inconfundible. —tenía sentido, que ella también lo reconoció por el aroma. —Está bien, debo irme

