Tres horas más tarde, el personal médico sacó a Renata del quirófano de emergencia. Aún estaba inconsciente mientras la trasladaban en la cama hacia su habitación. Cuando el médico llamó a Liam, este se levantó de la silla de la sala de espera. Sin embargo, al incorporarse demasiado rápido, sintió un fuerte mareo y su visión se oscureció. Para cuando recuperó el equilibrio y pudo ver con claridad, Renata ya había sido llevada a su habitación. Liam se sentó junto a su cama y contempló su pálido rostro. Frunció ligeramente el ceño. Solo entonces se dio cuenta de lo pequeño que era su rostro. Levantó una mano y la apoyó con suavidad sobre su mejilla. Su cara apenas ocupaba el tamaño de su palma. Entonces retiró la mano, pero, al hacerlo, sus ojos se encontraron con un par de hermosos ojos

