Sus rostros quedaron peligrosamente cerca, sus respiraciones se mezclaban en el aire cargado de tensión. Los ojos de ambos brillaban con una intensidad que podía interpretarse como hostilidad, pero había algo más, algo que los mantenía en sus lugares, inmóviles y en alerta, como si temieran lo que ocurriría si volvían a tocarse y no pudieran detenerse.
El sonido de la puerta abriéndose rompió el hechizo, y ambos se apartaron de inmediato, aunque el aire de la habitación aún conservaba el calor y el olor especiado del momento. Edward Blackmoon entró, acompañado de otro hombre.
—Es bueno ver que los chicos se llevan bien —comentó Edward con una sonrisa que solo aumentó la tensión en el ambiente—, ya que, dadas las circunstancias entre ustedes hace unas horas, es importante que logren llevarse bien para lo que viene ahora.
Nikola se tensó al escuchar sus palabras.
—¿Ahora? ¿De qué estás hablando, padre?
—Este hombre —respondió Edward, señalando al recién llegado— es nada menos que el tío de la señorita Alissa. Ha venido aquí para exigir que te cases con su sobrina. Los Landers son una familia conservadora.
Al escuchar esas palabras, una comprensión repentina cayó sobre Nikola como un peso. Todo quedó claro: quién era realmente Alissa Landers y la intención de su padre.
—¡Así que todo esto no era más que una trampa, padre!
—Ten cuidado con lo que dices, Nikola; no voy a permitir que me hables de esa manera —la voz de Edward era baja pero cargada de autoridad, irradiando una tensión que acalló el ambiente en la sala.
Alissa observó la escena con calma aparente, aunque internamente estaba segura de que todo esto era una jugada cuidadosamente orquestada por el superintendente, su jefe, obligando al señor Landers, probablemente bajo algún oscuro secreto, a orquestar este matrimonio. Sin más, se dejó caer en el sillón más cercano, sus pensamientos girando. Deseaba que Nikola siguiera resistiéndose, al menos hasta que ella pudiera proponer su idea: convertirse en la asistente personal de Edward Blackmoon, aunque la idea de estar cerca de él le parecía tan desagradable como estar cerca de Nikola.
Nikola se irguió, con la mandíbula apretada.
—Por supuesto que no lo permitirás —replicó, su tono respetuoso, aunque una chispa de rebeldía brillaba en su mirada—. Eres el patriarca de esta familia, y por lo tanto, te debo respeto.
Edward asintió, satisfecho.
—Así es, y harás lo que un hombre Blackmoon debe hacer.
Alissa observó a los dos hombres con curiosidad. Las palabras de Nikola parecían obedientes, pero percibía una cierta ironía oculta. ¿Había una estrategia en juego que ella no estaba viendo?
—Vas a reparar la reputación manchada de la joven casándote con ella.
Nikola se cruzó de brazos, arqueando una ceja.
—No estamos en los tiempos pasados donde las jóvenes no tenían derecho a opinar o expresarse —dijo, su voz ahora más mordaz—. Creo que la señorita a la que tanto defienden puede hablar y decir si su reputación necesita reparación, porque no fui yo quien la invitó a mi cuarto.
Las miradas de los tres hombres se fijaron entonces en Alissa. Sentía una mezcla de respeto y una punzada de resentimiento hacia Nikola; en lugar de defender su derecho a permanecer soltero, él la estaba usando como un escudo, como si le hubiera entregado la espada para pelear por ambos.
—Mi sobrina hará lo que yo decida —intervino Landers, con un tono cortante—. En nuestra familia, no se permite este tipo de escándalos.
Alissa reprimió una risa irónica; si se publicaran todos los escándalos que ella sabía de la familia Landers, la prensa amarillista se enriquecería en un instante. Sin embargo, eso era algo que Alissa Rivers sabía; Alissa Landers, por otro lado, mantenía una fachada de lealtad y sumisión hacia su familia, siempre obediente y sin cuestionar, especialmente frente a los hombres de la familia.
Edward la observó expectante, y Alissa sintió la presión de su doble papel. Se levantó del sillón y, dirigiéndose a su tío y al señor Blackmoon, alzó la barbilla.
—Agradezco la preocupación de todos, pero creo que puedo hablar por mí misma sobre si necesito o no que alguien "repare" mi reputación. La verdad es que nunca imaginé que perderme al buscar el inodoro me llevaría a una situación tan... bochornosa. Pido disculpas al señor Edward y a su hijo, pero lo que ocurrió después... —Alissa bajó la voz, intensificando el dramatismo de su relato mientras sus palabras caían como un susurro—. No sé cómo sucedió, ni en qué momento terminé con su hijo sobre mí. Solo recuerdo que algo se movía entre las sombras, algo que... no era humano... —hizo una pausa, sus ojos brillando con una chispa maliciosa—, por un momento...
La intención de Alissa era clara: causar incomodidad, poner a Nikola en un apuro. Sin embargo, al evocar lo que había visto, sus recuerdos le devolvieron imágenes que la hicieron dudar. Aquella pausa inesperada se prolongó, mientras trataba de entender lo que realmente había sucedido.
—¿Por un momento qué, sobrina? —La voz de Lander, dura e impaciente, la obligó a retomar el hilo.
Alissa tragó en seco. La visión de la criatura volvió a su mente: un lobo que surgía lentamente de las sombras, erigiéndose de una forma que no era natural. Le pareció revivir sus peores pesadillas, y aunque no podía aceptarlo, tampoco podía olvidarlo.
—Nada —respondió al fin, clavando sus ojos en Nikola, en un intento por desarmarlo—. Solo recuerdo que grité y luego... nada, hasta que desperté en sus brazos.
Nikola desvió la mirada, dirigiéndola apenas hacia Leandro, quien permanecía como una sombra a su lado, inmóvil pero atento, cumpliendo su papel de protector de la familia Blackmoon. Sin embargo, Leandro no era indiferente; en su expresión podía leerse la preocupación de que Alissa hubiera visto demasiado, y él, más que nadie, conocía los secretos que Nikola protegía.
—Bueno, no importa lo que haya pasado, sino lo que todos los que los vieron creen ahora. Por el bien de nuestros negocios... y nuestra reputación...
—Tiene razón. Me casaré con su sobrina. —Las palabras de Nikola cayeron como una sentencia, rompiendo el tenso silencio. Edward y Landers lo miraron, ambos con sorpresa, como si su decisión hubiera sido impensable hasta ese momento.
Edward Blackmoon se obligó a sonreír, controlando el desconcierto que le había provocado la inesperada declaración de su hijo.
—Landers, creo que ya todo está arreglado. ¿Por qué no dejamos que la pareja siga conociéndose antes de que tú y tu sobrina se marchen? —propuso Edward, con una sonrisa apenas contenida.
Landers asintió, pero antes de que pudiera responder, Nikola alzó la voz, capturando la atención de ambos hombres con su tono deliberadamente lento.
—Ya que la boda es un hecho, tengo una única petición, y espero que se me conceda… o podría retractarme de mi palabra.
El silencio en la habitación se volvió denso. Landers le dirigió una mirada severa, evaluando sus palabras antes de responder.
—¿Cuál es tu petición, Nikola?
Nikola se cruzó de brazos y, con la mirada fija en Alissa, pronunció con frialdad —Alissa debe vivir aquí. No me casaré con una completa desconocida.
Landers dejó escapar una sonrisa de satisfacción y asintió.
—Es una petición razonable. Alissa puede quedarse.
Hasta ese momento, Alissa había logrado contenerse, soportando el despliegue de decisiones sin su consentimiento. Pero aquello era la gota que colmaba el vaso.
—Perdón, pero Alissa soy yo. ¿No creen que deberían preguntarme si quiero vivir aquí o no? —replicó con firmeza, mirando directamente a Nikola.
Nikola dejó que su mirada se oscureciera, y una sonrisa pícara se dibujó en sus labios.
—¿Acaso no quieres quedarte? —le susurró, acercándose un paso—. Si vives aquí, podrías deambular por cada habitación, explorar a tu antojo... quién sabe, tal vez encuentres cosas interesantes, como pretendías encontrar en mi habitación.
La insinuación hizo que una oleada de tensión cruzara la habitación. Nikola mantenía sus ojos fijos en ella, desafiándola, esperando una respuesta que, ambos sabían, lo complicaría todo aún más.