4. Confrontación.

1376 Words
Alissa tragó saliva, decidida a no ceder ante la intimidación. Con una sonrisa que trataba de ocultar su nerviosismo, respondió: —Eso depende... ¿Quieres echarme o quieres saber qué estoy buscando? —murmuró Alissa con una chispa desafiante, sus ojos clavados en los de Nikola, sus palabras envolviendo el momento con un peligroso atisbo de provocación. Nikola se inclinó más hacia ella, su voz apenas un susurro en su oído dándose cuenta que estaba completamente despierta. —Por favor, señorita Landers... suélteme —le pidió, con una mezcla de paciencia y autoridad que vibraba en su tono. Alissa, sin embargo, lo sostuvo con fuerza, una leve sonrisa entre sus labios. —Por supuesto que no. ¿Está loco? Todo el mundo me verá —respondió, manteniendo sus brazos alrededor de su cuello, su voz era baja pero decidida. La situación era tan comprometedora que ella sabía que cualquier movimiento en falso solo empeoraría las cosas. Mientras ambos discutían en un forcejeo sutil y cargado de tensión, Edward Blackmoon se detuvo en el umbral. Con una sola mirada de acero hacia su hijo, hizo un gesto silencioso a los presentes para que se retiraran del pasillo. Uno por uno, los curiosos se alejaron, dejando la puerta cerrarse tras ellos en un tenso silencio. Edward se quedó un instante más, su mirada fija en Nikola, cargada de advertencia. La intensidad de sus ojos era un recordatorio implícito de los límites y las consecuencias de cruzarlos. En un susurro casi imperceptible, dejó caer unas palabras antes de desaparecer tras la puerta. —Recuerda quién eres, Nikola. Después de un largo rato, ambos fueron llamados ante la presencia del padre de Nikola. Alissa jamás se había sentido tan humillada ni tan furiosa en toda su vida. No era que nunca hubiera sentido impulsos asesinos antes —recordaba algún exnovio de la adolescencia que había perdido el interés al no conseguir lo que quería—, pero ese enojo adolescente palidecía en comparación con la rabia que sentía ahora. No solo media fiesta pensaba que ella y Nikola Blackmoon habían estado haciendo quién sabe qué en la privacidad de su habitación; todo eso no importaba, su resentimiento, todos esos deseos de venganza, se concentraban en un solo nombre: Nikola Blackmoon. Él la había asustado hasta casi provocarle un infarto. Claro, ella sabía que había entrado a fisgonear donde no debía, y habría estado dispuesta a disculparse por ello. Pero cada vez que recordaba lo que sucedió después, el deseo de desquitarse con él solo crecía. Se sentía como si estuviera en medio de uno de esos videojuegos donde podía realizar algún "fatality" digno de "Combate Mortal". Nikola había actuado como si ella hubiera irrumpido en su habitación con la intención de seducirlo, de arrastrarlo a la tentación. Si no hubiera sido porque fueron llamados al despacho de su padre, Alissa estaba segura de que ya le habría dado su merecido. —Maldito arrogante… ni que estuviera tan guapo —murmuraba, echándole miradas de vez en cuando, imaginando cada movimiento de esas escenas de "fatality" que tan bien encajaban con su furia contenida. Ser Alissa Landers en ese momento era una frustración; si fuera Alissa Rivers, él ya estaría esposado y enfrentando cargos por provocación indebida. Nikola, por su parte, no podía apartar la vista de ella. Su instinto inicial de mantenerse alejado de aquella sirena peligrosa, aquella mujer que parecía el mismo peligro personificado, le resultaba imposible de seguir. La había observado de lejos, convencido de que era la mejor decisión, pero ahora, a su lado, algo lo mantenía atrapado, atento a cada uno de sus movimientos, como si cualquier detalle pudiera desatar un incendio que ni él mismo podría apagar. —No puedo seguir aquí… —murmuró Nikola tras unos minutos de silencio, encaminándose a la puerta solo para encontrarse de frente con Leandro, quien sostenía una bandeja con galletas y una jarra de té, bloqueando su salida. Leandro había ido allí por orden del señor Blackmoon, no solo para asegurarse de que Nikola no escapara, sino también para satisfacer su propia curiosidad sobre la mujer que había logrado despertar el lado más visceral de su amigo. —He traído té y galletas, por órdenes del señor Blackmoon. Mi nombre es Leandro —anunció con formalidad al entrar a la joven, dejando la bandeja en la mesita frente a ella. Alissa no respondió, aunque por dentro se moría de ganas de levantarse y salir de allí. Sabía que no podía simplemente marcharse; debía quedarse y buscar su oportunidad de completar su misión sin necesidad de involucrarse con Nikola a nivel personal. Quizás, si apelaba a su sentido de culpabilidad del padre de este, podría convencerlo de que le permitiera quedarse como su asistente personal. Leandro le dedicó una sonrisa cortés a Alissa mientras servía una taza de té y la colocaba junto a ella, después se acercó hasta donde estaba Nikola, su expresión algo sardónica. —¿Qué? —preguntó Nikola, notando la mirada burlona de su amigo. —Nada... —respondió Leandro, tratando de mantener la compostura, aunque estaba claro que luchaba por no soltar una carcajada— solo diré que es muy guapa, la apruebo. Estoy seguro de que tu padre también lo hará. La expresión de Nikola se endureció aún más, y su mirada se tornó oscura, como si una sombra intensa se hubiera apoderado de sus ojos. Leandro retrocedió casi de inmediato, comprendiendo que había cometido un error. Había subestimado lo delicada que era la situación y, peor aún, entendía que podía haber puesto a Alissa en peligro sin quererlo. —Nikola, debes tranquilizarte —le susurró en tono bajo, un murmullo apenas audible, reservado solo para ellos. El aire en la habitación pareció volverse pesado, cargado de una tensión palpable. Alissa, ajena al intercambio de miradas entre los dos hombres, comenzó a abanicarse con las manos, sintiendo el calor aumentar. Nikola, atrapado por ese simple gesto, volvió a fijar su mirada en ella, olvidándose de Leandro por completo. Sin decir una palabra, caminó hacia la ventana y la abrió, dejando entrar una brisa que aligeró la atmósfera opresiva de la habitación. Aquel gesto hizo que Alissa, aunque no quisiera admitirlo, bajara un poco la guardia, su incomodidad y molestia disipándose apenas un poco. Leandro, por su parte, observaba asombrado cómo su amigo volvía a recobrar el control con una rapidez que parecía casi irreal. —Gracias —murmuró Alissa, ajustándose el escote del vestido con un movimiento automático, incómoda en aquella prenda que para nada reflejaba su estilo habitual. —No tienes que agradecerme, y tampoco necesitas hacer ese tipo de gestos solo para llamar mi atención —respondió Nikola, con una frialdad que volvió a encender la chispa de molestia en Alissa. El agradecimiento que había sentido por un breve instante se evaporó al oír sus palabras. Sin pensarlo, se levantó de golpe, enfrentándolo con una furia contenida en su mirada. Era la primera vez que Leandro veía a una mujer desafiar a Nikola de esa manera. La mayoría, ante su imponente presencia y fría mirada, solía bajar la cabeza en sumisión o incluso huir de él. Pero Alissa no. En ese momento, estaba obligando a su amigo a retroceder hasta que su espalda quedó atrapada contra el muro cercano. Ni siquiera el gruñido bajo que Nikola dejó escapar en advertencia logró que ella retrocediera. —No sé quién te crees que eres —dijo ella, su voz una mezcla de desprecio y desafío—, pero ya me cansé de que insinúes que estoy tratando de seducirte. Aunque, para que lo sepas, sería un privilegio que yo me fijara en ti. Nikola se quedó sin palabras. Esa mujer tenía el extraño poder de desconcertarlo, haciéndolo sentir emociones que había jurado evitar. Su deseo de abandonar SilverLake y entregarse al celibato era firme; sus razones para buscar esa vida estaban grabadas profundamente en él, aunque su padre no estuviera de acuerdo. No iba a permitir que nadie, ni siquiera esta mujer, interfiriera con sus planes. Sin embargo, al intentar apartarla, cometió un error: el roce de sus cuerpos desencadenó algo en él, y fue Nikola quien acabó acorralándola contra la pared. Esta vez, fue Alissa quien emitió un siseo bajo, una advertencia clara.
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