XLIV Dan estaba temblando, pero lo disimulaba muy bien bajo sus lentes y su sonrisa complaciente. La dama empezó a preguntar mil cosas con aparente calma y curiosidad propia de una madre, a lo que Dan siempre respondió con mucha tranquilidad, le contó que estaba ahí porque debían trabajar en la plataforma de la Universidad y subir un programa de estudios que se complementaran entre sus facultades, y fue ahí cuando le contó que él era profesor de Historia. —¿Historia? Vaya... Dan tembló ante lo que ella dijo, sin entender por qué. El sonido de los imponentes tacones de Manini le taladraba el pecho, como si sintiera puñaladas, y el pánico se incrementó cuando la mujer se acercó peligrosamente al pasillo tras la cocina, si descubría el estudio no tendría que hacer mayores conclusiones y sa

