XLV —Suficiente, por favor, ya basta —interrumpió Dan, aterrado, confundido y sonrojado. Por segundos no pudo decir nada, a pesar de que Jackson esperaba una respuesta, la que fuera. Lejos, en la mesa del desespero, Alexandro veía como el rostro de su amante se sonrojaba, queriendo morirse en ese momento. Bajó la mirada y con furia llevó las manos a su cabeza, sosteniendo sus codos en la mesa. Tuvo miedo. Era la horrible sensación en el pecho que le anunciaba que iba a perder de nuevo a alguien a quien amaba y que nada iba a poder hacer. —Me lo va a quitar, Chris... me lo va a quitar...—dijo Alexandro en un sollozo. Temblaba y no podía evitarlo. Dos traidoras puñaladas de ira, salieron de sus ojos en forma de lágrimas que se estrellaron en sus lentes. Chris se apresuró a tomarlo por un

