LVIII —Lo sabe todo, desde el inicio. Todo. Y lo único que me dijo ese hombre, es que cuidara de su bebé... Dan se empezó a quitar la peluca, luego los pendientes. Parecía que no estaba entendiendo la gravedad del asunto, según Dobargo. —Dan, lo que me dices, a pesar de tu abrumadora calma, es que estás en peligro. Hoy mismo vas a terminar tu relación con Greco, volverás acá, y después ya veremos qué hacemos con la Universidad... —No, Dobargo, no puedo hacer eso... —¡¡ESCÚCHAME!! —gritó su amigo, aterrado—. ¡He sido muy paciente contigo en esta situación, pero ahora es tu vida la que está en peligro! ¡No voy a permitir que termines colgado de un techo! ¡NUNCA! Dan miró a su asustado amigo y lo entendió, aún más. Pero no podía dar marcha atrás. Alexandro era ahora su causa. —Fito, ah

