Capítulo 22

1284 Words
XXII Empezaron de a poco a dejar el salón, algunos ya abrumados con las calificaciones, al fin y al cabo, tenían dos días más para terminar y adelantar lo más posible esa tarea. Llegó la media noche y todo parecí vacío. Fito había logrado subir las calificaciones de los exámenes finales, y dejaría para después el promedio total. Ya veía venir la fila de llanto y súplicas por subir alguna décima o por ayudar con algún trabajo o un nuevo examen de recuperación. No quiso seguir pensando en eso, se dirigió al puesto de Dan y se despidió entusiasta. Se dio cuenta de que al irse él, quedaban únicamente Dan y Greco y se le hizo una situación graciosa, incluso rogó para sus adentros que el odioso profesor de ballet no le hiciera un nuevo desaire a su amigo. Fito salió de la torre y se dirigía tranquilo a la salida principal para desde ahí pedir el taxi que lo llevara a su casa. Saludó con alegría al único guardia de seguridad que había en la entrada, el otro hacía su ronda respectiva. Charlaron un rato, era común que en esa época la Universidad tuviera vida hasta muy tarde y en eso llegaron a mencionar a Dan que aún seguía adentro. —Vaya el profesor Choi de nuevo se queda hasta tarde, supongo que el profesor Greco lo está acompañando, ¿verdad? —Fito levantó una ceja que casi le llega hasta la nuca ante lo dicho por el guarda. —¿Por qué cree usted que están juntos? —preguntó el profesor Dobargo, con una sonrisa, intentando disimular la sorpresa de la vida que se estaba llevando. —Han practicado desde hace meses, aunque últimamente ya no lo hacen tan a menudo. —¿Practicado? —Sí, señor, practican juntos al ballet, y al parecer son muy buenos, pues mi compañero los vio danzar en muchas ocasiones, sin embargo, a veces como que perdían la noción del tiempo y salían muy tarde. El taxi de Fito llegó, no obstante, lo canceló con la excusa de haber olvidado hacer algo muy importante y tener que demorarse; un alumno que llegaba aprovechó el servicio mientras el profesor de Matemáticas regresaba a la torre directamente al salón de profesores. No había nadie en aquel lugar, sin embargo, las laptops de Greco y de su amigo, seguían encendidas y sus cosas en cada puesto. Aún no se iban eso, era claro, así que decidió buscarlos donde el buen portero le dijo que podría hallarlos «practicando». Fito ya sabía a dónde iba todo aquello y estaba muy molesto por el hecho que Dan le ocultara algo tan grande. Se suponía que eran los superamigos y que no iban siquiera al baño sin que el otro se enterara. El estudio del profesor de ballet tenía las luces, pero no se escuchaba mayor cosa, la música estaba muy alta y por la mirilla no se veía a nadie. Fito se sentó en el piso muy cerca de la puerta a esperar que algo sucediera y no tardó mucho la verdad. La música se detuvo, al parecer para hacer un cambio de pista y escuchó claramente un gemido que, aunque no supo de quién venía, en definitiva era el de un hombre. No había dudas, ese par le habían visto la cara de idiota desde hacía mucho tiempo, aunque más que molesto, en ese momento se sentía incómodo. La pista que siguió era un vals muy lento y muy bajo, así que por los siguientes cinco minutos, Fito escuchó toda clase de gemidos y peticiones de «más, por favor, más» en las que pudo distinguir la voz de su amigo traidor. Escuchó todo aquello como si se tratara de una línea caliente y le divirtió montones, incluso se cuestionó sobre la suerte que habían tenido ese par en no ser descubiertos, eso quería decir lo deficientes que eran los guardias de seguridad o, tal vez, sí se habían dado cuenta y quisieron guardar silencio. Por fin, en un muy fuerte gemido, supo que habían terminado, al menos, Dan. Se levantó rápido y se escondió en el salón diagonal al estudio que por fortuna estaba abierto. —¿Escuchaste algo? —preguntó Dan algo angustiando poniéndose la ropa —Debe ser uno de los guardias. No te preocupes, ellos no pueden vernos y solo se oye la música. Como sea, ya terminamos... Y me alegra mucho que tu cadera esté perfecta. Dan sonrió y su gesto le fue devuelto. Alexandro salió del sitio muy rápido, pues aún tenía muchas calificaciones que subir y horas de videos que ver para determinarlas. Dan le dijo que no había problema, que lo alcanzaría en un rato. Con paciencia, el joven de Corea recogió el desorden y mientras apagaba la música, sintió que alguien entraba y asumió que era Alexandro. —Te dije que en un rato te alcanza...ba... —Dan quedó paralizado por completo al ver que quien había entrado en el salón, era su amigo Dobargo. —¿Desde hace cuanto te revuelcas con Alexandro Greco? Dan no pudo hacer nada ante la pregunta. Estaba ahí, parado y recostado a la pared, viendo la furia en los ojos de su amigo, y él mismo apenas si parpadeaba. Había sido descubierto en algo que más temprano que tarde le iba a contar, pero odió todo el momento, pues no quería que se enterara de esa forma. —Fito... Yo... —Dan Choi, en este momento se termina esta amistad y ya no...—Fito no pudo seguir siquiera pronunciando palabra, pues Dan en un grito desesperado se lanzó a sus piernas y se abrazó a ellas llorando como un loco. El matemático le pedía que se calmara y bajara la voz, no obstante, era imposible contener a Dan en ese instante en que le rogaba como un chiquillo que no dejara de ser su amigo. Dobargo estaba por caer al piso ante el poderoso abrazo de Dan a sus piernas—. Dan si quieres que te perdone, en este momento llamarás a Greco y terminarás lo que tengas con él. Dan corrió a buscar su móvil, Fito, claro, no se creía que de verdad iba a llamar al odioso ruso para terminarle, sin embargo, por poco se le cae la quijada al escuchar la voz de Alexandro al responderle. —¡Alexandro, ya no podemos seguir con...! —Fito arrebató el celular de las manos de su histérico amigo y colgó la llamada. Dan, temblando, le preguntó por qué lo había hecho. —¿Es que acaso eres idiota? ¿Si te digo que te lances de un puente, lo haces? —Dan le respondió con la cabeza que sí, y eso alteró más a Dobargo—. Mira, recoge ya tus cosas y te vienes conmigo a mi departamento, donde me vas a explicar detalladamente qué maldita sea, es lo que está pasando con Greco, y si yo creo que algo de todo esto lo va a dañar, voy a revelarle quién es «Suni» y que acabe la farsa de una vez. Dan no sabía, que palabras parecidas fueron pronunciadas por el mejor amigo de su amante, para protegerlo a él. Parecía que los amigos estaban para proteger a los demás, de las estupideces de aquellos a quienes más amaban. Salieron de ahí lo más rápido posible para que Alexandro no los encontrara en el estudio de ballet, y que Dan no tuviese que confrontar todo a la vez. En efecto, el hombre de ojos de mar llegó y no vio a nadie ahí, pero sentía un sobresalto en el corazón por su amante de cabellos como la noche. *** Fin capítulo 22
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