Capítulo 12

1809 Words
XII El pleito había sido complicado. Dan estaba en extremo furioso y celoso, hizo el reclamo correspondiente, aun así, solo se vinieron insultos mal intencionados de parte de Alexandro, dichos en el calor de la discusión, que hicieron rodar algunas lágrimas coreanas. ¿Novios? Esa estupidez debería acabar. —La escena que me estás haciendo es una ridiculez. ¿Cuántos años crees que tengo como para que vengas a hablarme de esa manera? Pareces una niña histérica. —Es decir, que te importa una mierda exhibirte con tanto cariño con tus "amigos" en mi cara. Tú aceptaste esta relación, con mis condiciones. ¡Que no podamos mostrarla al mundo, no quiere decir que me irrespetes de esa forma! Dan subió la voz demasiado. Estaban en el salón de Ballet de Alexandro, pero aún rondaban algunas personas en esa torre. Alexandro se molestó mucho, no parecía querer ceder un centímetro y necesariamente quería tener la razón. —Dan Choi... No soy nada tuyo. ¡Nunca seré nada tuyo! ¡Solo seguí esta farsa para ver en qué momento abrías las piernas! Dan sintió cómo el pecho se le destazaba en pedazos. Agachó la cabeza y se estuvo un rato ahí, mirando al piso sin saber qué responder o qué hacer. Sin levantar la mirada, tomó su morral y salió del lugar sin ser detenido. Alexandro tampoco movió un músculo. Había sido un maldito y lo sabía, no era necesario haberle dicho eso, que, claro, era mentira. Solo minutos después y sin saber qué hacer, con furia, dejó reposar un puño en la pared. Todo había comenzado por la inesperada visita de un director de baile francés, muy popular en el medio, y conocido de Alexandro Greco, que buscaba talentos para la próxima temporada de Ballet en París. Iba a tener una sección de aprendices y decidió viajar a ese país, específicamente a la Universidad donde Alexandro enseñaba, para intentar obtener los bailarines que necesitaba. Causó mucho revuelo su visita, fue recibido incluso por el rector junto a la mesa directiva, quienes pusieron a su disposición todo lo que necesitara. Se arregló un auditorio para que los chicos y chicas mostraran lo aprendido al visitante. Algunos curiosos entraron a observar, entre ellos Dan, quien fue porque tenía tiempo libre antes de dictar su próxima clase y, porque claro, el tema también era de su interés. Se sentó más arriba, pero desde ahí alcanzaba a observar a Alexandro sentado junto al hombre. Nada inusual parecía suceder, los muchachos hicieron sus hermosas presentaciones y los aplausos no se hicieron esperar. Dan, cada vez que terminaban de bailar los chicos, miraba a Alexandro para intentar adivinar su expresión, que seguramente sería de orgullo, sus alumnos lo habían hecho fabuloso. Pero fue en uno de esos momentos en que la luz se encendía, que vio cómo la mano del visitante se deslizaba por la nuca de Alexandro y subía hasta acariciarle el cabello. Dan abrió mucho los ojos, se levantó de golpe asustando a quienes estaban a su lado, así que tuvo que volver a sentarse para no incomodar. Empezaron a salir las damas a bailar, otra presentación fabulosa que Dan se perdió por completo, al estar mirando a ese par. Alexandro parecía que no sentía nada, aun así quedaba claro que ese hombre lo estaba toqueteando. Por fin, cuando todo acabó, se levantó y salió de allí lo más rápido posible para intentar autoconvencerse de que era solo su celosa y paranoica imaginación. Luego de un rato de auto convicción, Dan fue directo a la cafetería a tomar algo que le refrescara, y en una mesa estaban ese par también, muy amigables. No era indiferente para nadie la manera afectuosa con que el hombre tocaba a Greco, y menos aún la sonrisa de par en par que Alexandro le regalaba. Hablaban en francés, y reían a carcajadas. Chris llegó como un ángel para Dan, pues interrumpió un poco el ambiente casi que romántico que se respiraba. Pero Dan estaba histérico. —¿Viste lo que todos? Alexandro Greco, tan afectuoso con un hombre; dicen que los franceses son muy emotivos, pero eso ya es pasarse. Fito, que se sentó como un rayo junto a Dan, era quien le hablaba. Miró al joven y lo vio tan afectado que le pidió que se tomara un té, que él se lo traería. Por fin Alexandro se levantó un tanto de la mesa para acomodarse mejor en la silla y le dio un vistazo rápido al profesor de Historia, ahí supo que Dan sí se había dado cuenta de todo aquello. Fito regresó y notó la mirada confusa de Alexandro hacia Dan mientras se sentaba de nuevo. El espectáculo siguió. Chris intentaba interponerse en ese manoseo a rostro y cabello, pero parecía que el francés no tenía vergüenza. Por fin, algo dijo Chris y el francés pareció tomarlo en serio y se detuvo. Alexandro igual sonrió como si disfrutara de aquello más que de cualquiera cosa. Fito miraba también la escena y sentía mucha pena por Dan, pues sabía que eso le afectaba, más cuando creía que a él lo rechazaba de manera infame. Aún el buen amigo ignoraba ese noviazgo secreto de ellos. De haberlo sabido, seguramente él también hubiese intervenido como Chris, para que su Dan no saliera lastimado. —La única vez que pude hablar de esa forma en público con él, fue cuando estaba con «ella». Se veía tranquilo, sin pena alguna a ser observado. Ella tiene lo que yo no voy a tener nunca —susurró Dan. Apoyó un codo en la mesa y con su mano sostuvo su frente. Ese día hacía mucho calor y él vestía de colores claros, cosa que lo hacía ver muy atractivo. Fito no entendió muy bien lo que quiso decir, sin embargo, le tomó por un hombro, en señal de apoyo. Él le había prometido que jamás se vestiría de Suni otra vez, pero sabía que situaciones como esa, podrían llevarlo a flaquear. Alexandro miró de reojo a la mesa donde estaba su novio y no le gustó que Fito estuviera tan cerca y menos que le tocara. Pero creía saber que el motivo era por su imprudente visitante. Alexandro la verdad estaba acatando las órdenes del rector, de tratar a ese hombre como un Rey. De ser escogido alguno de los muchachos, el Estado le daría más estatus a la Universidad, a pesar de ya tener mucho, y las entradas económicas aumentarían. Alexandro recordaba que ese hombre era de manos muy largas, pese a eso, aguantaría lo más posible, con tal de ayudar a la Universidad. No esperaba en ningún momento que Dan los viera, pero así era como la desgraciada casualidad actuaba. El timbre sonó escandaloso, era la hora ya de ir a dictar clases. Dan se levantó de prisa y corrió por la cafetería, muy cerca de la mesa de Alexandro y el invitado. Alexandro también tuvo que irse, ahora quien se encargaría del visitante sería la profesora de Ballet. Iba también muy de prisa y se topó a Dan en las escaleras que él subía. Lo tomó por una muñeca, quería explicarle de qué se trataba todo eso, pero Dan, quien apenas si había virado a ver, se soltó de manera violenta, casi haciendo tropezar al otro. Ya no supo el hombre de ojos de océano qué hacer. —Te espero en mi estudio esta noche... —No pudo decir nada más y ni siquiera estaba seguro de que su novio hubiera escuchado, porque siguió corriendo. Y ese había sido el motivo de la pelea. Dan llegó al estudio de Ballet y Alexandro fue quien empezó a recriminarle por su actitud en la escalera. Dan estaba sorprendido que tuviera esa ofensiva, cuando él era quien debía hacer los reclamos. Llegaron las palabras fuertes, los insultos a la relación de juguete que estaban llevando y, finalmente, el cierre que Alexandro le dio al asunto. Se sentó en el piso brillante de su estudio, de nuevo, a analizar la situación con Dan. Todos los días lo llevaba clavado en la mente como una tarea diaria que había que hacer. El noviazgo no había pasado de besos y claro que quería sexo, no solo por diversión, quería que cuando el momento llegara tocar cada centímetro del cuerpo de ese hombre de cabellos negros, que lo volvía loco. Pero, ¿y luego qué? No parecía que estaba tan desacertado lo que le dijo, cuando abriera las piernas, todo terminaría y quizás por eso Dan no había insistido en eso, a pesar de que los besos habían subido a un tono tan candente que los obligaba casi siempre a tocarse mutuamente. Pero había que ir a más en algún momento. Pero no así, no como vulgares que se conocían en un bar y se pagaban un cuarto. Tenía que ser especial, tenía que ser único con él. Algún día, cuando fingiera que era feliz en una familia, tendría que recordar que estuvo con ese cuerpo con aroma tan divino, y así darse motivos para sonreír. Después de todo, Suni tenía razón, solo quería el bonito portarretratos familiar sobre su chimenea, pero no la familia real. Alexandro empezó a llamarlo a su móvil, no obstante, como era obvio, no le respondía. Ni llamadas ni mensajes. Tenía que dejar claras las cosas esa noche y disculparse, así que fue al salón de profesores para intentar hallar algo que le indicara dónde vivía, y de ser el caso, ir hasta su departamento. Buscó mucho en el escritorio del profesor de Historia, sin ver nada que pudiera ayudarlo. Pensó entonces que el profesor Dobargo podría tener algo en su escritorio y se dirigió a este. —¿Pero qué diablos estás haciendo en el escritorio de Dobargo? —La voz no era otra que la de Dan, quien, para su fortuna, aún no se iba. Alexandro viró con lentitud, viéndolo fijo. Dan aún tenía esa expresión de nostalgia con la que había salido del estudio. —Quería hablar contigo —respondió en voz muy baja el de cabellos de sol, sentándose en la mesa del escritorio. —Eso parece, pero debió darte una idea que yo no, ya que no quise contestarte. —Alexandro hizo una mueca de disgusto, entonces sí había visto sus llamadas—. Pero tú tienes razón. Es claro que esta relación tenía que ser de amantes y yo la llevé por lo ridículo, cuando quise un noviazgo. Pensaba como un quinceañero. Lo siento, ni tú ni yo somos vírgenes como para venirnos con tonterías. Pero quiero que sepas que tú me gustas mucho. De verdad, Alexandro. Te propongo que hagamos el amor esta misma noche y terminemos con esta relación de mentiras. El contacto completo con tu cuerpo desnudo... será lo mejor que tenga para recordarte el resto de mi vida. *** Fin Capítulo 12
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