LII Bajaron del auto en silencio. Dan miró instintivamente a todos lados, esperando no ser vigilado. Alexandro entendió aquello y lo tomó por una mano, cosa que lo sorprendió muchísimo, pues así subieron las escaleras, caminaron por el pasillo y entraron al departamento. El hombre hermoso, que una vez se ganó la vida bailando en escenarios imponentes, no soltó a su pareja ni siquiera cuando abría la puerta, siendo la alegría máxima del precioso amante de cabellos de azabache, que no objetó en ningún momento el exhibirse de tal forma. Dentro, y solo porque había que quitarse los abrigos, Alexandro lo soltó. Se sentó en el pequeño comedor, mientras su novio se quitaba el gabán y lo dejaba en una silla, dispuesto a sentarse también frente a él de seguro para hablar de lo sucedido. Sin embar

