Capítulo 40

1733 Words
XL Fito le insistió a su amigo que le contara todo a su amante, pero no en ese momento. Dan le sonrió como si con ese gesto lo tranquilizara, no obstante, solo lo angustió más. Se empezaron a escuchar muchos murmullos en el pasillo afuera de la enfermería. Fito salió y se encontró de frente con bastantes curiosos que querían saber cómo se encontraba el profesor Choi, algunos realmente preocupados. Entonces lo vio, no tenía que ser un genio para saber quién era Jack, pues fue al único que no reconoció. Al otro costado, algo alejado, quizás intentando disimular, estaba Alexandro Greco. Fito lo miró y movió la cabeza, cosa que el otro entendió a la perfección. —Puedo decirles que ahora el profesor Choi necesita descanso. Está profundo y se encuentra bien. Va a estar muy complacido al saber que todos ustedes estaban preocupados por él. —¿Podemos verlo, aunque sea un momento? El que preguntaba no era otro que Liberman. Alexandro lo miró con extrañeza, no entendía como un desconocido, estaba tan preocupado por su Dan. —Le repito... se encuentra dormido, sin embargo, tendrá mucho tiempo luego para hablar con él después... ¿Usted es...? —preguntó Fito fingiendo un poco y confirmando sus sospechas. —Disculpe mi educación, mi nombre es Jackson Liberman, el nuevo profesor de Historia del Arte, puede llamarme Jack, así me conocen todos. Lo que dijo lo hizo en medio de un entusiasmo y con una alegría muy contagiosa. Tenía una expresión algo arrogante, pero no le faltaba nunca una sonrisa. Era joven, no más de veintiocho años, tenía los ojos claros, el cabello oscuro, de facciones finas y muy atractivo a la vista. Era alto, de manos amplias y de voz llamativa. Fito les dio de nuevo las gracias a todos y les recordó la reunión que tendrían en unos minutos en el auditorio de maestros. Empezaron a retirarse, incluso Alex fingió que se iba con Chris, para luego, cuando vio el pasillo solo, regresar a toda prisa a la enfermería. Entró y encontró a Dan aún soñoliento, aun así, con una enorme sonrisa para recibirlo. —Dan... —susurró Alexandro—. ¿Qué fue lo que te pasó? —Lo siento si te preocupé, en serio... tuve un ataque de pánico... —¿Cómo? ¿Por qué lo tuviste? Debes explicarme un poco mejor, nos diste un susto tremendo a todos y también me sorprendió mucho que llamaras a tu amiguito... Dan rio un poco con la aparente escena de celos. —Creo que hubieran sospechado algo si te llamaba a ti, cuando se supone que te caigo muy, pero muy mal. —Alexandro sonrió un tanto, sabía que esa era la imagen que debían seguir manteniendo—. Sin embargo, hay algo muy importante que debemos hablar, pero quisiera que fuera luego de salir de acá ¿Te parece? —Tiene que ver con lo que te pasó ahora ¿Verdad? ¿Quizás con ese nuevo profesor, Liberman? Dan abrió muchísimo los ojos. Alexandro no era ningún tonto y por supuesto que se había dado cuenta de que algo inusual pasaba con ese hombre, sin embargo, ni siquiera se imaginaba que Liberman fuera ese ex amante que le hizo tanto daño. No tenía idea de lo que su amante tenía que contarle. Dan se incorporó y le dijo que era hora de ir a la reunión a la que estaban citados. Alexandro le insistió mucho para que se quedara descansando, que si quería podía hacerle una transmisión en vivo, pero el terco muchacho de cabellos de noche no quiso escuchar. Sintió que era hora de empezar a confrontar al monstruo, no quería esconderse, ya se había mostrado débil con ese ataque de pánico, no podría evitarlo para siempre y ese era el momento de comenzar. Salieron juntos y así mismo llegaron al salón de reuniones. Alex entró como siempre, con su cara de pocos amigos y Dan se dirigió directo junto a Fito. Frente a él, al otro lado del salón, estaba Jack, que no dejaba de verlo con algo de angustia, lo peor era que el profesor coreano sentía la poderosa mirada sobre sí; levantó la cabeza, lo miró de frente, suspiró un poco y con un gesto moviendo la cabeza lo saludó. Jack estaba abrumado con la frialdad de esa mirada. —Queridos maestros, empieza otra jornada de estudios y la Universidad está muy feliz de tenerlo acá, tanto a los antiguos como a los nuevos profesores. —Quien hablaba no era otro que el director de la Universidad. Un hombre alto, de aspecto intimidante, que parecía más un militar. Alexandro pensó a que a un hombre así era a quien debían llamarlo «El General» y no a su padre, que siempre tenía una mirada tan gentil. —Espero que nos podamos conocer, y poder trabajar unidos por seguir haciendo de esta Universidad una de las más reconocidas en el mundo. »Es un orgullo también que el idioma no haya sido una barrera y así poder contar con tantos excelentes maestros extranjeros. El día de hoy presentaré a dos nuevos educadores que nos acompañarán: El profesor de Historia del Arte en las facultades de Humanidades y Bellas Artes, Jackson Liberman y la nueva profesora de Ballet en la Facultad de Bellas artes y Artes Escénicas, Lilia Latüen, es un orgullo para la Universidad contar con ellos ahora. Se pusieron de pie y Alex puso más atención al hombre que a su colega de Ballet. Liberman hizo una rápida presentación y con una sonrisa terminó su intervención, muy diferente a la dama altiva y de muchos años encima que al parecer tenía mucho por decir. —Soy Lilia, como bien lo ha dicho el director. Quiero cambiar por completo como se ha manejado el Ballet en esta Universidad, he visto el programa que trabajaban anteriormente y no se ha direccionado de manera correcta y es por eso que no entiendo cómo es que un bailarín retirado y sin mayores logros, puede ser el maestro del programa masculino, ¡debería estar enseñando a los niños! —¿Disculpe? —se escuchó que dijeron desde el otro lado del salón y por supuesto, no era otro más que Alexandro Greco. El aire estaba tenso y empeoraría—. Yo soy quien dirige el programa masculino y es cierto, me retiré muy pronto, pero eso no me quita méritos para el Ballet en ningún momento, porque puedo dar a estas generaciones lo que necesitan… —¡Jamás! —replicó la mujer de figura delgada y postura firme—. Usted fue solo un aprendiz, de los mejores, claro que sí, pero no fue bailarín. Sé que debe saber danzar, pero para dirigir un programa exclusivo de Ballet se necesita más que eso, no solo enseñar a los hombres a levantar a las bailarinas... —¡¿Qué es lo que está diciendo, señora Latüen?! —Todos estaban en silencio, como presenciando una faena. El director intentó intervenir, pero Alexandro siguió hablando—. Mis muchachos no solo están aprendiendo a levantar a las bailarinas y los reconocimientos que han obtenido, hablan por sí mismos, espero que eso también lo haya visto... —¡Ah por supuesto! Varones que han sido llamados a las compañías de danza que sus amigos dirigen... —¡¿Qué es lo que está usted insinuando?! —espetó Alexandro levantando la voz y cerrando los puños. Sus ojos se veían furiosos a través de los lentes, dio una mirada rápida a Dan, que con la mano le pedía que se calmara un poco, e hizo caso. —Por favor, señores, vamos a calmarnos —intervino el director intentando pacificar el ambiente—. Están en esta Universidad y ambos, todos, son un orgullo para las directivas. Madame Latüen, aclararé todas sus dudas con respecto a los programas yo mismo. Por ahora, les agradezco su compañía el día de hoy y les deseo lo mejor en este nuevo semestre. El lunes nos veremos de nuevo, tengan un feliz y tranquilo fin de semana. Todos empezaron a levantarse de las sillas, pero Alexandro y la dama no dejaban de verse. Iba a ser ahora la guerra y Alexandro estaba dispuesto a llevarla a donde fuera para demostrar que era un profesional con sus alumnos. —Alexandro por favor, vámonos —le dijo Chris tomándolo de un brazo —. No le prestes atención, solo cuando sean las presentaciones mixtas le tendrás que hablar, así que por ahora deja todo en paz. Alexandro le hizo caso y se sentó un momento. Vio que Dan aún no se levantaba y que lo miraba con algo de angustia, así que le envió una sonrisa distante, cosa que hizo que el profesor de Historia se tranquilizara, pero de repente se levantó y se fue muy rápido sin que supiera a dónde. Por supuesto, Dan quería salir lo más rápido para no tener que hablar con Jack, que por fortuna fue detenido un poco por el director. Para el hombre de cabellos de noche era más importante hablar primero con su amante, necesitaba descargar su alma con él, para así tener fuerzas suficientes y confrontar a Liberman del todo. Ya el primer paso estaba dado, poder verlo y no temerle, era todo lo que podría hacer al menos ese día. Iba ya por el campus hacia la salida principal cuando sintió vibrar su celular, era un mensaje de su novio. «Conozco un lugar a las afuera de la ciudad para cenar y tomar algo. Quiero que vayamos allá para que hablemos de lo que me dijiste. ¿Podrías por favor esperarme en la estación del metro? Llegaré como en veinte minutos. Lo siento por retrasarte, pero el director quiere hablar conmigo, por el disgusto con esa mujer. Gracias.» Dan sonrió y apagó el celular. Fito iba a unos pasos tras él y supo que ese mensaje que estaba leyendo tenía que ser de Greco, solo cuando se trataba de él, los ojos de su amigo brillaban de esa manera. Rogó internamente para que todo le saliera muy bien a Dan, pues tenía una angustia enorme de la reacción del profesor de Ballet y de la situación que se desencadenaría de ahora en adelante. Caminó junto a Dan a la estación del metro más cercana, lo acompañaría hasta que llegara su amante. *** Fin capítulo 40
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