Capítulo 25

1640 Words
XXV Los amantes, que por dos semanas debían separarse, se daban un banquete de despedida donde el plato principal eran sus cuerpos ardientes y deseosos. Toda la lujuria de esa noche debía durarles para el tiempo que no estarían juntos. Extasiados, bañados en su saliva y semen, daban el último esfuerzo de sus cuerpos para lograr un nuevo orgasmo. Dan había sido el más afectado en ese huracán de amor al que lo arrastró Greco con su cuerpo y con sus descabelladas sentencias, esas en las que gritaba mientras lo embestía, que solo era de él y de nadie más. Alexandro jugaba con los delicados y provocativos muslos de Dan, que se retorcía ante cada atentado de aquellos dientes que deseaban arrancarle un pedazo de piel. El profesor de ballet reprimía toda la fuerza que tenía en su mandíbula para no morderlo más fuerte, así que solo se deleitaba, como si se tratara de un delicioso algodón de azúcar. Dan, que llevaba las marcas de estos «besos» por todo el resto del cuerpo, gemía a más no poder, esos gritos eran su forma de agradecer que lo estuvieran tomando como si el mundo fuera a terminar en unas horas. Con excusas muy tontas había logrado convencer el profesor coreano a su amante de ojos zafirinos, de que esa noche en que salió sin avisar de la Universidad sin avisar ni despedirse, fue porque Fit había tenido una emergencia personal. Alexandro le preguntó insistente que había querido decir con aquella frase que no terminó... Y Dan volvió a tergiversar todo, para hacerlo parecer que era cuestión de la gravedad del momento y la urgencia que tenía Fito. Alex, un tanto incrédulo de aquello, no quiso indagar y solo confiar en Dan, pero los celos aumentaron al mil por ciento y quería esa última noche en la cama, dejarle claro a cualquiera a quién era que pertenecía Dan Choi. Dan, apenas respirando, vio como Alexandro le abrió las piernas para hacer la entrada triunfal a su cuerpo, otra vez. Por segundos recordó lo que le dijo a Fit y sonrió, entendía lo incómodo que debió sentirse su amigo ante la imagen mental de Alexandro sin ropa. Él lo miró y le preguntó el motivo de su sonrisa. —Me gusta verte cómo estás ahora —respondió en gemidos, por ningún motivo diría que pensaba en alguien más en semejante situación. Alexandro con fuerza increíble lo levantó por la cintura y lo llevó hasta la cabecera de la cama, Dan abrazado y enganchado a la cintura de Alexandro por sus piernas, se movía sensualmente, haciendo todo más candente. Alexandro quería que Dan gritara en cada embestida, su nombre, que su cabeza y su cuerpo estuvieran solo invadidos por su presencia, que Dan solo tuviera vista frontal de sus ojos de cielo, que ahora se combinaban con fuego. Eran en ese momento dos hombres que se amaban, sin que nadie les observara ni les juzgara, sin que nadie pudiera señalarlos ni decirles que lo que hacían era asqueroso. Harían todo lo necesario para darse placer, y esperanzas a su fracturado corazón. —¡¡Dan, Dan, eres mío!! Era la sentencia de Alexandro Greco, a Dan Choi. Con aquello, solo quería decir que ni se le fuera a ocurrir hacer algo con Fito Dobargo, ahora que se iban de viaje juntos. Dan apenas echó su cabeza hacia atrás, tomando muy fuerte por el cabello a su amante. Alexandro hizo un último y muy brusco movimiento, le enterró las uñas en las caderas y acabó su faena de amor, como lo había hecho ya varias veces esa noche. Poco a poco se dejaron caer por completo a la cama para recuperar un poco el aliento. —Esta noche... has estado muy intenso Alexandro... ¿Hay alguna razón en particular? —Ninguna —respondió de inmediato un tanto agitado—. Solo deseo que tengas algo para recordarme esas dos semanas en Corea. —Y vaya que lo haré —dijo Dan incorporándose un poco—. Estas marcas de mordeduras serán imposibles de ocultar... y en pleno verano... —¿Qué tiene que ver el verano?, ¿acaso te ibas a desnudar frente a alguien? —preguntó viéndolo fijamente—. No tiene por qué afectarte, con usar pantalones ligeros y camisetas del material adecuado, puedes cubrirlas. Dan sonrió y entendió a la perfección lo que Alexandro había hecho. Lo había marcado por todos los lugares por donde le fue posible, para que si alguien le veía sin ropa supiera que tenía dueño; esta vez el mensaje iba directo a Fit, que a kilómetros, sintió un escalofrío en ese momento mientras terminaba de empacar su maleta. Dan se sentó en la cama, y solo ahí Alexandro se dio cuenta de que se le había ido un poco la mano, pues el profesor de Historia tenía la espalda llena de marcas de besos. Se sintió apenado y le dijo a Dan que le pondría una crema excelente para ese tipo de heridas. Dan le sonrió y le respondió que no era necesario, que ya todo pasaría solo. Y ese momento, con su amante de ojos de mar tendido boca arriba, a Dan le pareció el correcto preguntar a Alexandro de aquel tema que mataba el alma. —Alexandro, ¿aún tienes en tu cabeza la idea de…? ¿Casarte con una chica y tener hijos? Alexandro que en ese momento solo pensaba en que le estaba doliendo mucho la cadera de la fuerza extrema que usó, abrió mucho los ojos y movió la cabeza para ver la espalda desnuda de Dan e intentar adivinar su expresión. Era la manera perfecta de arruinar un lindo momento, y el hombre de cabellos claros no supo qué responder por largo rato y sentía que tal vez el preludio a ese viaje, terminaría en una pelea. —Debo tenerla, Dan. Dan sintió un escalofrío que le recorrió la espalda. Él sabía la respuesta, aun así, debía preguntar y así tener motivos para sentir que no merecía momentos felices como ese. El profesor coreano no se movió un centímetro, aún daba la espalda a Alex, quien lo miraba mientras la luna iluminaba a su hombre de cabellos negros. Algo tenía que hacer, así que se puso de rodillas en la cama y abrazó por la espalda a Dan. Con ese gesto le decía lo mucho que lo extrañaría y que no buscara argumentos para dañar la noche perfecta. —Alexandro... yo creo que... deberíamos... —¡No, Dan, no! —espetó Alexandro—. No hagas esto, no ahora, no en este lugar. ¿Quieres enfurecerme más? No tienes idea del ardor profundo que tengo en el pecho por saber que te vas con ese amigo que adoras. En mi cabeza solo ronda la imagen de ustedes dos en la cama y eso me está matando, por mucho que intentes decirme que eso jamás pasaría. Ya sin que te hayas ido, te estoy extrañando, aún ahora que te abrazo y que tengo tu aroma en cada rincón de mi cuerpo, siento que te vas y que no vas a volver y que yo voy a morir esperándote... —Escondió su rostro en la curvatura del cuello del asustado muchacho y agregó: —Espero que todo lo que te he dicho te dé una idea, de lo que siento por ti. Ahora era Dan quien no sabía qué responder. Sentía el fuerte abrazo de su amante y quería interpretar todo aquello como la palabra que había quedado prohibida entre ambos: Amor. Dan sabía que había tocado una fibra importante en la vida de Alexandro, sin embargo, ignoraba por completo que tan lejos estaba dispuesto a llegar a su lado. Dan inclinó su cabeza para recargarla un poco en la de su amante hermoso, envidia de todos. El profesor de Ballet soltó a su amarre, y dejó que se levantara. Dan caminó hasta el baño, era su deseo tomar una ducha e irse para terminar de empacar sus cosas. —¿Por qué siempre estos momentos debes terminarlos así, Dan? —¿Qué? —preguntó algo sorprendido el muchacho de cabellos negros—. Creo que es la primera vez que cuestiono nuestra relación... o lo que sea que tengamos. —Dan, me pides más de lo que puedo darte, por ahora... Por favor, esta noche, en este momento no digas nada, solo déjame extrañarte y ya... Dan en la puerta del baño, veía a Alexandro de rodillas en aquella cama, observándolo con angustia infinita y se sintió horrible, como si estuviera manipulándolo para que sufriera cada uno de los días en que estarían separados. Sonrió y se le acercó para besarlo y abrazarlo, diciéndole que también lo extrañaría y que le traería un recuerdo. Alex le devolvió la sonrisa, después se tendió en su cama sin el más mínimo deseo de borrarse, al menos por esa noche, el rastro de su Dan. La despedida fue algo sentimental. Alexandro siguió el paso a paso de Dan mientras se vestía y le hablaba de los mil planes que tenía con Fit, para hacerle recorrer los principales sitios históricos y como lo tenía todo agendado en su libreta; horas, números de trenes, lugares de comidas e infinidad de datos que le servirían de guía, todo mientras el amante sonreía y le observaba. Por fin llegó la hora de decir adiós por unas semanas, Dan se acercó y le dio un beso, pidiéndole que por favor se aseara. Alexandro no dijo nada, pero cuando Dan giraba la perilla de la puerta, por fin escuchó su voz. —Vuelve, Dan Choi, ni un día antes, ni un día después de lo que me dijiste. Vuelve directo a mí. Dan lo miró con algo de tristeza y sonrió, para por fin salir de ahí. *** Fin capítulo 25
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