1. Brendan Hill
Acomodo mi SKS en el borde del mediano muro que se levanta en la azotea del edificio más céntrico de la ciudad. Saco un cigarrillo y lo enciendo con calma esperando la hora. Reviso el panorama y todo está en orden.
Son pasadas las catorce horas y el sol que hace un momento amenazaba con derretirme se esconde de pronto. El color grisáceo toma al cielo. Las primeras gotas de agua no tardan en llegar, manifestando que lo importante llegaría después.
Falta tres minutos para que Cowell pase por la acera. Actualmente, debe estar leyendo las noticias en el puesto de Chano, pero tomando en consideración el agua, los tres minutos deberían convertirse en...
—Ya.
Disparo directamente a Cowell. Todos corrían para protegerse del agua, así que cae al suelo sin alertar a nadie. De pronto una chica corre hasta él, no sé de dónde exactamente salió. Se agacha, le mide el puso y corre hacia un lado asustada.
No sé por qué cojones aún sigo mirándola. Su pelo era n***o, sus ojos verdes y sus labios condenadamente pronunciados. Me quedé observando solo su cara. Cómo mis ojos se quedan exclusivamente en ese sitio y no examinan el resto de su cuerpo, me confunde.
Ella corre y yo reacciono. Solamente tenía cinco putos minutos para cumplir con el trabajo y huir.
Guardo nuevamente en su caja, la SKS y camino en dirección a la salida. La estúpida corbata me molesta. La necesidad de sentirme sin ella hace que mi mano libre vaya hasta el nudo de esa corbata y lo suelte un poco. No sé cómo diablos los empresarios aguantan esta mierda.
Quedaba poco para alcanzar la salida cuando una voz femenina me detiene.
—¿Es usted inversionista? —pregunta la rubia de atributos bien marcados.
—Así es —comento.
—No lleva su tarjeta de identificación. Está prohibido moverse por la instalación sin ella —aclara.
Mierda. La maldita tarjeta. No sé dónde diablos la dejé.
—La he olvidado —expreso.
Mira a los de seguridad atrás y vuelve a mirarme a mí. Sus intensiones son claras. Tendré que utilizar otras técnicas.
—Hace minutos, cuando llegué en el segundo grupo de accionistas que recibirían esta tarde, una hermosa rubia me ha dado una —me acerco a ella y susurro—, pero no he pensado en nada más que no sea en esa chica. Mi cabeza ha estado totalmente sumergida en sus increíbles ojos, esos labios tan rosados, que me hacen preguntar a qué saben y esa piel blanca, que tanto podría marcarse por un toque mío —suspiro—. ¿Qué tan fuerte eres a la tentación hermosa?. Quiero que pienses que te gustaría hacer. Cierra tus ojos e imagina, que tu gran admirador complacerá —ella lo hace.
Me marcho antes de que a ella le dé siquiera tiempo en abrir los ojos. Podría fácilmente no haberme funcionado, pero la rubia está necesitada de un hombre.
***
—El dinero ya ha sido depositado en tu cuenta —dice Kwan, el jefe.
La corporación de Kwan es bastante amplia. Es una pequeña red de negocios, repleta de narcotraficantes, contrabandistas, extorsionistas, cibercriminales, falsificadores y un solo sicario, yo.
Kwan identifica a los individuos con ganas de ganar dinero fácil y lo hace trabajar para él. Él tiene las conexiones y lo necesario para desempeñarte, así que donde pone el ojo, ese termina obedeciéndole.
En mi caso particular, yo no sigo una mierda. Cumplo exclusivo mi trabajo y cobro la cantidad pactada. Nadie tiene que decirme cómo hacer mi puto trabajo porque nadie lo sabe hacer mejor que yo.
Trabajo para Kwan porque fue él, el que me descubrió.
Asiento.
—Hay otra encomienda, para el siguiente sábado. Se trata de Reggie O'farrel. Lo quieren muerto.
—El dueño de los tres bancos más grandes del país —indago. Kwan asiente.
—Están pagando una cantidad abismal por ese trabajo Dan —agrega—. O'farrel tiene dos hijos que si los eliminas te depositan el triple.
Nunca pregunto motivos por los que quieren asesinar. No me interesa. Cumplo con la encomienda y listo.
Cuando llegue a la cantidad necesaria, me retiraré de esto y viviré en una puta isla.
—El sábado llevará a cabo la celebración del cumpleaños de su hija. Es el momento adecuado —comenta Kwan mientras llena dos vasos con whisky.
—O'farrel se tuvo que haber cogido bien duro a alguien.
—No quiere entrar su banco como blanqueador de dinero —informa Kwan extendiéndome un vaso con whisky.
—Por esa mierda van a destruir todo un imperio. Si esos tres bancos caen, el país completo sufrirá las consecuencias. Tú eres uno de ellos Kwan.
—Trabajo es trabajo Dan. Con el dinero que ganaremos el que tengo en ese banco es lo de menos. Los demás me importan una mierda.
—Por eso siempre detestaré a los ricos, son unos imbéciles —digo. Me tomo la bebida de un trago y camino a la salida.
—Deberías invertir en una empresa —expresa Kwan antes de salir por la puerta.
—Sabes lo que pienso de los empresarios y vestir de traje. Paso —concluyo y continuo mi camino.
Llego a mi casa, una propiedad que en comparación al dinero que tengo es una calcomanía. Pretendía no simular ser como los demás millonarios. Mi casa no tiene tres pisos, ni mayordomos, ni está llena de sirvientes, tampoco un número ridículo de guardias. Soy mi propia defensa y mi propio chef.
Mi León corre hacia mí y levanta sus grandes patas. Le he puesto León, pero es un perro, no uno cualquiera, uno que ha crecido conmigo. Pasó hambre en las calles, pasó frío. A él es lo único en este mundo que considero capaz de ganarse lo mejor de mí.
Alcanzo la lapto y me lanzo sobre el sofá. A mí no me bastó solo con disparar certero, yo quería saber más. Aprendí algunas cosas con los cibercriminales y falsificadores. Mi campo de acción, el que me destaco es como sicario, pero mis conocimientos en las otras áreas están y ayudan.
Reggie O'farrel. 54 años. Dueño de los tres gigantes americanos, Bancar, Central O'farrel y Dancar. En el puesto dos de la lista de Forbes. Empezando en el marco turístico, con una cadena de hoteles bajo su mando y con proyectos para nuevas adquisiciones. m*****o del SPORT, destacado en el área de tenis. Representa un éxito en los negocios...
Esto es realmente una mierda. Información básica. Muevo las páginas hasta que llego a la familia.
Esposa: Dharys de O'farrel. 52 años. Apoyo incondicional...
Esta no es relevante.
Hijos: Ronny O'farrel y Danna O'farrel con sus respectivas fotos. De refilón miré la foto de Ronny, ya había escuchado antes de él. Mis ojos se quedan observando detalladamente el retrato de la chica. Soy muy bueno con los rostros y esta chica fue la que vi hoy. Leo con apuro lo que hablan del tal Ronny.
Ronny O'farrel. 30 años. Heredero de los tres gigantes americanos. Graduado de Finanzas. Dueño de dos clubes, The Blue y Sensation. Expareja de grandes modelos. Pertenece al club SPORT, destacando en el ajedrez. Posibilidad de que se introduzca en la política en un futuro. No tiene esposa, ni hijos, pero se le ha visto saliendo con la actriz, Samantha While.
La paciencia parece apoderarse otra vez de mí cuando empiezo con la pequeña de los O'farrel.
Danna O'farrel. Tiene 22 años. Estudiando Finanzas. Destacada en varios deportes, principalmente en el tenis. Reina del baile...
Esta mierda se utiliza para destacar qué exactamente.
Ratoncita de biblioteca. Buena tocando piano...
Toda una joyita la princesa O'farrel. Una vida en rositas. Esta cría no debe tener ni puta idea lo que hay fuera de la burbuja, que ella llama vida.
Hay gran revolución en las redes con el cumpleaños de la cría de O'farrel. Encuentro el nombre del sitio donde se realizará el evento, en el Sensation.
Accedo a las cámaras de seguridad del interior, con algo de trabajo, la seguridad ahí es bastante buena.
Este hotel no tiene ubicación al exterior que me permita disparar, así que realizaré la acción desde dentro.
La puerta principal está custodiada por cinco guardaespaldas que verificarán la invitación en la tablet, tras un sistema informático que revela la huella del cabecilla de la invitación y hace comparaciones.
El otro acceso que tiene el hotel, es a través de dos puertas en la cocina. Una para el catering y otra para los cocineros y ayudantes de cocina. Estas puertas también están custodiadas por dos guardias. A modo de precaución comprueban la identificación del empleado con la información que tienen y le hacen alguna pregunta aleatoria para comprobar su identidad.
Nada puede afectar la grandiosa fiesta de la princesita O'farrel.
La opción menos compleja es entrar como catering. Determinaré a los empleados, la compañía de Crowne es quién se encargará de proveerlos. Elegiré a uno y falsificaré su identificación.
En la cocina hay cámaras de seguridad que comprueban el correcto actuar de los empleados. Tengo un segundo para colocar un emitidor de voces prolongado a cinco minutos que permita distorsionar las cámaras de seguridad.
Sigo revisando los planos, centímetros, acciones y posibles armas durante una hora más. Esta es una de las encomiendas más arriesgadas que he hecho. Me encargaré solo de Reggie. Dejaré a la hija para otra ocasión. No quiero que la princesita O'farrel muera aún.
Me levanto del sofá y depósito la lapto sobre la mesita del frente. Camino a la cocina con la intensión de prepararme la cena. Digamos que también gozo de dotes culinarios, pero a veces este improvisado chef nada más se prepara unos espaguetis. Prendo la emisora con música clásica y me desenvuelvo en la elaboración de la comida.
Después de cenar, acompañado de mi león, paso a la ducha. El agua cae sobre mi cabeza y mi mente solamente recuerda el trabajo de hoy. Esto lo hago siempre, resaltar posibles errores y elaborar una nueva estrategia. En mi mente cálculo todo y desato la escena desde otro punto, uno que no había analizado. Aunque el trabajo ha sido un éxito, siempre busco la excelencia.
Alcanzo la toalla y mientras me seco observo esa cicatriz de mi barriga. Esa que me hicieron en la calle y que me convirtió en el ser tan jodido que soy hoy.
Alcanzo unos vaqueros y una camisa y me coloco los tenis. Guardo la billetera en un bolsillo y el móvil en otro. Salgo para METRIX, un club de baja categoría al que vengo relativamente, no tengo día exacto para visitarlo, encontrarme ahí es cuestión de suerte.
—Hill —saluda el portero. Él también forma parte de la red de Kwan. Falsificador.
—Carlos Gutiérrez, hoy no sería tu descanso. A tus treinta y dos años nunca has saltado descansos.
—Trabajo, no podemos dormirnos —comenta—. Demasiado aburrido en mi casucha, así que me dispongo a observar, observar muy bien el andar de los demás.
Su forma de hablarme pasa de ser una conversación cualquiera a explicarme qué debo mantener los ojos muy abiertos dentro.
—Sigue así —digo mientras doy palmadas en su hombro.
El ambiente del club es lo que menos me importa. Me dirijo a la barra y pido una cerveza. Reviso el panorama buscando el preocupante de Carlos.
En la esquina, más apartada y tenue del club estaba en una mesa Ronny O'farrel. El príncipe O'farrel nunca había visitado este sitio. No es para riquillos. Aquí el olor a cigarrillo y alcohol se expande por todo el perímetro, volviéndose, para el que no está acostumbrado, insoportable.
Le doy un buche a mi cerveza y sigo observando. Él no mueve un apéndice, solo observa como yo el local.
Encienden un foco sobre el escenario. Una mesa se ubicaba en el medio. En el tiempo que llevo visitando este club, nunca habían utilizado ese escenario para actuación. Hoy parece, que estaban dando lo mejor de sí delante de O'farrel.
—Hill, ¿participarás? —indaga Sam, jefe de seguridad del club.
—No me meto en mierdas que no conozco —respondo dándole otro trago a mi cerveza.
—Es una competencia, fuerza-inteligencia —informa Sam—. Y la victoria es tuya, seguramente. No hay otro que domine más que tú ambas cosas.
—¿A cambio de qué me presentaría ahí?
—Diversión, Hill —asegura.
—No me interesa hacer de circo para el disfrute de los otros Sam.
Este me deja por incorregible y se marcha.
Empieza la dichosa competencia. Pido otra cerveza en lo que observo tal actividad. Deberías probar tu fuerza mano a mano en lo que hacen preguntas básicas de cualquier tema. La mayoría de los hombres son rudos, pero cuando tienen que contestar preguntas se concentran solo en eso y pierden fuerzas.
La competencia pasaba y no había uno que lograba mantenerse por tres secciones consecutivas. Hastiado ya de este teatro, le doy un buche a mi fría y camino hasta el escenario.
Todos me miraban esperando mi reacción, espero que terminen los dos que se enfrentaban y ocupo lugar frente al ganador.
Apoyo el codo en la mesa y espero la mano de Soler. Ejerzo presión sobre su mano, él hace lo mismo.
El tío de las preguntas comienza a hablar. Muevo mi mano antes de las preguntas y en el momento de atender a la respuesta, mantengo la fuerza en mi mano de modo que Soler no pueda moverla. Las preguntas no son la gran cosa, bastante con que vivas en este mundo para saberlas. Se enfocan en geografía, artes, deportes, política.
Estoy a punto de vencer cuando me preguntan sobre qué son los tres gigantes americanos. Pensando que responder, Soler logra hacer, lo que llevaba controlando durante todo el juego, mover mi mano un poco a su favor.
—Los tres bancos más importantes del país, los que cargan con la fortuna de un relevante porciento del conglomerado empresarial.
Se acabaron las preguntas, así que recupero mi lugar y avanzo hasta salir en victoria.
—¿Alguien más que se quiera enfrentar a Hill? —pregunta Sam.
Se hace completo silencio en la sala. Puedo notar la mirada de O'farrel.
—Hill es el ganador —deja claro Sam.
Bajo de escenario buscando la barra para ingerir otra cerveza.
—Hill, te llama O'farrel —informa Sam.
Me tomo la cerveza y voy en busca del príncipe O'farrel.
Cuando llego a su mesa Ronny me señala una silla y expulsa a todos los de seguridad.
—Hill seré directo te tengo una propuesta —dice el pelinegro.
—También lo seré O'farrel, ¿A cambio de qué decide proponerme algo a mí? —indago.
—Ese juego que han llevado en el escenario, lo he pedido yo y tú has sido el que mejor se ha desenvuelto —asegura.
—Lo hice por diversión, no busco nada más —dejo claro.
—Déjeme hablar Hill y luego te manifiestas en consideración. Danna O'farrel, mi hermana, debe tomar de la mano a un hombre cuanto antes. Reggie, mi padre tiene el estúpido concepto de que las mujeres son para el hogar y apenas termine la universidad deberá casarse. Dentro de una semana, después de la celebración de su cumpleaños le dará su mano a Gregory Lean Volton. Danna se niega rotundamente a salir con tal idiota y yo también a qué lo haga. ¿Sería usted capaz de tomar la mano de mi hermana por un período de tiempo, en el que Volton la deje en paz?
—Ronny ¿Verdad? —él asiente—. Viví en la calle. Estoy muy lejos de simular un buen partido para tu hermana. No me conoces, tal vez sea mejor juntarla con aquel idiota antes que entregármela a mí.
—Su relación será falsa, Hill. Solo debes fingir estar interesado por ella. Te harás pasar por inversionista. La prueba de antes me demostró que eres capaz de mantener con facilidad la concentración y tienes conocimiento sobre varios temas. Necesitamos a alguien que no sea identificado en la sociedad, pero que requiera de poco trabajo adiestrarlo sobre el mundo de los negocios.
—No me gusta la farsa, O'farrel...
—Por mi hermana hago lo que sea, Hill. Estoy dispuesto a lo que quieras con tal de recibir tu cooperación. La cantidad de dinero...
—Vas mal O'farrel —lo interrumpo—. No me importa tu dinero.
Tener a la princesa O'farrel bajo mi mando servirá para actividades posteriores. Las encomiendas seguirán en la familia O'farrel, así que requiero acceso a ellos.
—¿Qué deseas entonces Hill? —inquiere.
—Qué, una vez llevada a cabo la farsa, no te metas en lo que decida con respecto a tu hermana.
—Vamos Hill, eso no es posible. No te conozco...
—Yo tampoco a ustedes y esto es en su beneficio, no en el mío. Ya lo sabes Ronny, como llevemos esto solo es entre tu hermana y yo.
Me levanto de la silla dispuesto a volver por mi cerveza cuando la voz de Ronny me detiene.
—Hecho Hill —comenta mientras se levanta de su asiento y me extiende su mano.