2. Danna O'farrel

3181 Words
La princesa de los cuentos de hadas, siempre fui yo en la boca de los demás. La que vivía en un majestuoso castillo, rodeada de sirvientes que te colocasen hasta el vestido. La que abría su armario y encontraba montones de zapatos de todas las formas y colores. La que tenía su desayuno cada día en la cama y le preparaban el baño. La que tenía una biblioteca privada con todos sus libros favoritos. La chica metida dentro de una burbujita rosa también soy yo. La que no ha puesto sus pies en las aceras de las calles de la ciudad. La que no ha tenido amigas, porque para mi padre, «los amigos te distraen de tus verdaderos objetivos». La que asiste a la universidad, a estudiar una carrera que jamás ejerceré porque mi padre asegura que las mujeres son para el hogar, para atender a su marido. La que no puede comer exceso de calorías porque la única hija del gran Reggie O'farrel debe ser perfecta. La que no ha podido salir con un chico que le haya parecido atractivo, porque debe llegar intacta en todos los sentidos al matrimonio. La que tampoco puede elegir, es el hombre que la familia O'farrel se sienta digna de merecer, y yo, la chica objeto simplemente debo aceptar. A los quince, lo veía todo perfecto. Hasta ese entonces solo pensaba en mi fiesta de quince años. Al pasar de los años, se fueron incrementando cosas: los chicos, la libertad de ir a un club como hacían lo demás contemporáneos o ir a una de esas fiestas que hacían en la universidad. Empecé a ver más allá de lo que llenaban mis ojos y me di cuenta cuan suertuda era, pero a la vez tan lamentable. Entiendo perfectamente, mi posición. Muchas chicas de mi edad reflexionan exclusivamente en trabajar para poder sobrevivir o ayudar a su familia; yo no tengo que hacerlo. Y en serio, no digo que mi vida sea peor que la nadie y hago comparaciones, simplemente desde aquí deseo cosas, cosas que son sencillas: como caminar tranquilamente sin un montón de guardias a mi espalda, tener amigas y sentarnos a conversar en un café por horas, salir. Como una chica de vida más sencilla desearía cosas que yo ya tengo: tal vez no tener que matarse trabajando, tener la ropa que quisiese y variedades de alimentos en la mesa. Si sigo tratando este tema me volveré loca, porque realmente esto no tiene solución. La vida es bastante jodida, y si mi madre me escucha diciendo esa palabra le da un paro cardíaco, e increíblemente imperfecta. —Señorita Danna, su padre la espera en la mesa —informa, tras un toque Gulsy. —Gracias Gulsy, iré enseguida. Bajo de mi grandiosa cama, repleta de varias tonalidades de rosa y calzo mis pies con las pantuflas de peluche. ¿Creen que a mis veintidós años es necesario que yo use estas cosas?, Pero quién le dice a Dharys de O'farrel que cambiaré el estilo. Evidentemente, es una batalla que da demasiada pereza llevar, seguiré utilizando estas cosas hasta que decida revelarme e irme sin mirar atrás. Si me han llamado a la mesa es porque se debe comentar algo importante y si debería participar yo, es que tiene que ver conmigo. Reggie pretende dar mi mano a Gregory Lean Volton. Su padre domina relevantes cadenas hoteleras y Reggie está hundiéndose ahora en estos negocios. Gregory es todo, menos lo que quiero para pareja. No hablo solo de personalidad, que desde ya digo que es insípida, hablo de su horrible pelo rubio, su rostro de niño, su cuerpo es trabajado, sin embargo, me sigue pareciendo un crío. Es un chico de veintiséis años, que cree merecerlo todo. Preocupándose más por como combinar la ropa con el coche. Una punzada de asco, atraviesa mi estómago. No quiero algo así. Definitivamente no. Quiero a un hombre, no un crío preocupado por su apariencia más que por nada. Me imagino a uno, que de correcto no tenga nada. Que no sea obediente a las órdenes de un padre. Que parezca tosco, no asquerosamente delicado. Que huela a hombre, no a perfumito suave. Que me enseñe lo que es la vida, no que me encierre más en una burbuja, pero le agregue esta vez un anillo. Podría pasar por el lavado y arreglarme, pero como sé que lo que me encontraré no será de mi agrado, me quedo de esta forma. Con mi pijama rosita, pantuflas de oso y pelo terriblemente desordenado. Me importa un bledo. Al llegar al comedor mi familia, compuesta por mis padres y mi hermano hablaban entre ellos. Se callan inmediatamente cuando me sienten llegar. Mi mamá me mira a la cara y rodea los ojos. Ocupo espacio en la mesa al lado de mi hermano. Este ser es el único de esta familia que me escucha y apoya. —Eres bendecida con ese rostro hija. Aunque sería mejor que fuera diferente, de esta manera te preocupases más por el maquillaje que por la comida —comenta mi madre, alcanzando con finura un poco de ensalada y llevándola a su plato. Me encanta comer, sin embargo, me fastidia cada vez que tengo que hacerlo, porque me dan pura ensalada o productos con bajo, casi nulo contenido de azúcar. Gulsy me ha ayudado muchas veces. Me ha comprado panecillos y bombones y me los ha traído escondida. Es un riesgo enorme, porque si mi madre la ve, estaría automáticamente despedida. —Me han llamado ¿no?. He bajado cuántos antes. Así soy ¿no?, obediente —respondo y no paso desapercibido mi propio enfado en esas palabras. Miro los alimentos en la mesa. Frente a mi padre es que están los alimentos que verdaderamente sirven de esta mesa. Estiro la mano para alcanzar las brochetas, también quiero queso, jamón. Un golpe en mi mano detiene mi cometido. —Ni lo pienses, Danna. Además, qué formas son esas de tomar la comida —me regaña Dharys de O'farrel. Bufo y cruzo mis manos sobre la mesa. —¿Qué sucede Danna? ¿Por qué te comportas así? —pregunta mi padre. —Mejor instrúyanme. ¿Qué desean de mí?. No es muy común, el reunirnos en esta mesa —digo. —Al día siguiente de tu cumpleaños, celebraremos oficialmente tu compromiso con Gregory Lee Volton —asegura mi padre—. Así que no solamente te ocuparás de planear tu cumpleaños, sino que también tu compromiso. —¡Qué emoción! —digo con ironía. —Así que, cariño, arréglate, que seguiremos con los preparativos —informa mi madre. Me levanto de la silla y camino nuevamente hacia mi habitación. «Con permiso», me he ahorrado esas palabras. No quiero una fiesta de cumpleaños como si los quince se hubiesen alargado por ocho años más. Menos quiero planear un compromiso como si estuviese locamente enamorada. Entro al baño y tras una ducha de tiempo responsable, me envuelvo en la toalla y paso al lavabo a cepillarme los dientes. —No te gusta el chico Volton, ¿cierto? —comenta mi hermano, a mi espalda con las manos en los bolsillos. Enjuago mi boca y me giro hacia él. —Nada —contesto—. No quiero un chico así. —¿Y qué deseas entonces? —indaga. Salgo del baño y camino hasta mi vestidor, pensando en qué ponerme, de todo lo que ha comprado Dharys, que no parezca una adolescente. Ronny me sigue. —Un hombre Ronny, que no sea correcto u obediente. Mi vida ha tenido mucho de eso. Quiero uno común. Qué me enseñe que hay fuera de la burbuja en la que llevo años. —Sabes que a Dharys le da un infarto si te ve con un tío ordinario... —Me importa poco, Ronny. Estoy aburrida de ser la chica disciplinada y correcta. —Tampoco quiero esto, Danna, lo sabes, pero simplemente es lo que nos tocó. Mi hermano sigue los pasos de mi padre. Si lo hubiesen dejado por su cuenta no habría estudiado Finanzas y no estaría en aras de encargarse de los bancos. A Ronny le gusta pintar y nadie más sabe, pero tiene un cuarto, en el sótano de un departamento en la ciudad que ni siquiera tiene bajo su nombre. Ahí Ronny es feliz y es verdaderamente él. —Pero no puedo ser como tú, hermano. Entiendes. Tú tienes la fortaleza de llevar esa vida que odias, yo no. Los vestidos son asquerosamente rosa o morados. Bufo. Mi mamá odia que vista de n***o, dice que no es propio de jovencitas. ¡Qué ridiculez!. Tomo uno morado con corte de princesa. ¡Otra ridiculez!. La ropa interior es otra que, me avergüenza a mi misma usarla. Estas no se las mostraría yo, ni al tonto de Volton. Alcanzo un conjunto horripilante y me lo coloco. Nunca me he escondido de Ronny para vestirme. —No Danna, no serás como yo. De eso me encargaré. Tengo un plan —expresa. Me volteo hacia él y lo miro como si le hubiese salido otra cabeza. —¿Qué se te ha ocurrido? —indago mientras me coloco el vestido. —Buscaremos a alguien más. Un tío común. Se hará pasar por tu novio. Ya buscaremos la forma de que luzca como Reggie y Dharys aprobarán. —¿Qué sentido tiene eso Ronny? —inquiero mientras me muevo hasta la cómoda y alcanzo el peine. —Qué Reggie no podrá darle tu mano a Gregory, que tienes más tiempo de encontrar al hombre que verdaderamente quieras —contesta con seguridad mi hermano. —¿Dónde encontrarás a alguien dispuesto? —pregunto. —El dinero mueve montañas, Danna —asegura él—. Buscaré en los bares, por las zonas de Beacon Hill, Rainier Valley y South Park. —Simplemente, llegarás, observarás a un tío que te agrade y se lo propondrás o tienes algo más. —Una prueba Danna, haré que pasen una prueba —dice. Noto tanta seguridad en sus planes, que decido no preguntar más y dejarlo todo en sus manos. Realmente no tengo otra opción. O es confiar en él y su plan o entregarme a Gregory y esto último es más tedioso que cómo pueda resultar el plan de Ronny. —Gracias hermano, por ser el único que me entiende y apoya. —Danna, desde que naciste lo prometí, te cuidaría por encima de todo y todos. Siempre, hermana. Nos fundimos en un fuerte abrazo, que, no quisiese que acabase nunca. Cuando todo ha estado «jodido» internamente, Ronny ha sido un rayito de luz. —Iré con Dharys a preparar las condenadas celebraciones —me quejo. —Si te escucha utilizando tal palabra estarás una hora escuchando sus protestas —dice Ronny y muestra una sonrisa. —Lo sé —contesto y salimos de mi cuarto. Voy caminando hasta la sala, a medida que me acerco más escucho la voz de mi madre dando órdenes. Ocupo asiento a su lado y aguanto enormemente las ganas de soltar un bufido. Mi madre tenía montones de fotos en su mano. Flores, coronas, pastel, cuadros, platos, en fin, estoy hastiada. —¿Qué te parece este vestido? —inquiere mi madre mostrándome una foto. Es rosa, evidentemente, con corte de princesa y cómo si fuese poco con un enorme lazo en la parte trasera. ¿En qué momento volví a mis quince? Dharys no se actualiza con mi edad. —Me gusta el que tiene ella —señalo a la decoradora. Dharys me observa horrorizada. Es sencillo, pero no es la sencillez lo que le produce tal rechazo sino el color: n***o. ¿Usar ropa negra? Jamás. —Danna O'farrel deja la ridiculez —zanja. Dharys hablando de ridiculez. Evidentemente, el concepto lo tiene claro, porque a partir de los dieciocho soy la máxima representación de una persona ridícula, gracias a ella. Miro todos los vestidos, ninguno me provoca la mínima atención. Le señalo uno al azar. Ni siquiera me fijo en él y lo más seguro es que me arrepienta de esto después. Pasó lo mismo con los adornos. Todo lo elegí sin fijación alguna. Los bocadillos y pastelería, por supuesto, los eligió ella. Realmente estaba siendo fastidioso, pero, justo en el momento en que mostró la temática para la presentación oficial del compromiso con Volton, todo se multiplicó. —Dharys ciertamente tú tienes habilidades para esto, yo no. Ocúpate. Yo iré a leer —comento y no espero respuesta. Me levanto rápidamente del sofá y camino con la imperiosa necesidad de perderme de su campo de visión. —Danna —escucho llamarme en alta voz, pero la ignoro rotundamente. Me gustaría por un segundo, ser una chica normal. Caminar por la calle, simplemente sintiendo el aire chocar contra mi rostro. Comprar un helado en algún puesto callejero. Mirar a un desconocido andar libremente. Sentarme en el parque. El deseo sobrepasa cualquier pensamiento coherente. He sido la obediente Danna por mucho tiempo. Me aburrí. ¡Saldré! ¡Lo haré ahora! No tengo tiempo de cambiarme la ropa, aunque soy consiente que este atuendo de princesa salida de Disney no debería ser mi outfit para escapar. Sí, escucharon bien. Me escaparé. Primera vez en mi vida que lo hago y sin mentirles, las ganas sobran. Son muchos los guardias que cubren las enormes rejas que cercan mi casa. La única opción es la puerta principal o cruzar las rejas. La primera opción descartada, la segunda, tendré que ser muy hábil. Tendré que distraer a Tom y colarme por su sitio. —¡Tom no es tonto! —me dice mi subconsciente. Tal vez distraer a Silvestre. ¡Tiene enormes deseos de convertirse en el más fiel guardián de Reggie. No dará pie a problemas! —¡Oh!. Lo tengo. Gusly. Ella locamente enamorada de Ryan, le llama para café y panecillos cada día a la una. Busco un libro y disimulo que leo. Concentro falsamente mi atención en esa historia. Me dejo caer en el suelo hasta parecer cómoda. De reojo observo como Ryan aún sigue en su sitio. Pasan minutos, largos minutos y Gusly no lo llama. —Danna —me reprende mi madre parándose justo a mi lado. Mierda. ¡Se me jodieron los malditos planes!. —Tienes que estar ahí conmigo. Es tu cumpleaños, tu compromiso, no el mío, deberías estar interesada —reprocha. —Pues resulta madre que la única interesada en ambas eres tú. Por tanto, si se basa en interés deberías encargarte —comento con mi mirada fija en el libro. —Él es un buen partido Danna. Cualquier chica de tu edad querría ser su prometida —puntualiza. —Exacto. Cualquier chica, yo no soy cualquier chica —aclaro. —Danna tú no eres así. No te estarás juntando con gentuza... —Mamá por favor, ¿puedes dejarme leer y encargarte tú de preparar esas celebraciones?. Lo harás mejor. Ella me mira muy seria y tras un regaño más por estar tirada sobre el césped se marcha. Cuando me fijo en la posición de Ryan ya no estaba ahí. No sé hace cuánto entró, pero sé que demora poquito tiempo dentro. No me importa. Me voy porque me voy. Lanzo los feos zapatos por la cerca. Uno cruza, el otro no. No puedo detenerme en esto ahora. Dejaré el zapato. Me iré descalza. Mejor la experiencia. Intento subir la reja. Es bastante alta y probablemente me cogerán en el intento, pero igualmente lo haré. ¡Me falta solo un tramo! —Danna —me llama bajito Gusly Mierda. —Gusly solamente saldré a caminar. Volveré. —Danna van a expulsar a Ryan. No me haga esto —susurra. —Dile que fui al parque. Que me busque ahí. Que no le diga a nadie, ni arme alboroto. Sigo subiendo la reja, cuando ya estaba en la cima escucho la voz de Ryan. —Llamaré a toda la seguridad... —Déjala. Iremos por ella dentro de unos minutos —lo frena Gusly. Bajo un tramo enganchada de la cerca hasta que estoy más cerca del suelo y me lanzo. Me siento algo cansada. —Mierda —me quejo cuando el otro zapato cae sobre mi cabeza. Seguramente Gusly lo ha lanzado. Por fin. Respiro. Lo hago otra vez. Emprendo mi camino hasta el parque. Son varias cuadras para llegar a él. No me pesa caminar, es más, lo disfruto. Lo primero que me encuentro al llegar al parque es un puesto de algodón de azúcar. La boca se me vuelve automáticamente agua. Realmente me apetece comerlo, pero no tengo ni un jodido dólar. Paso de ello con mil ganas acumuladas y recorre el parque. Parezco una niña y no por este horrible vestido, sino por cómo miro todo. Me siento en un banco, cerca del hombre que prepara algodones de azúcar. De vez en cuando miro el sitio y cuando el señor me observa cambio la vista. Dos chicas pasan por delante de mí, riendo y hablando de un chico. A lo lejos, una pareja conversa, incluso él la besa. Aquí es dónde aseguro, a todos nos falta algo en la vida. Mi posición me permite tener relativamente todo a mi alcance, excepto salir con amigas, conocer chicos, vestirme como me gusta, comer lo que me gusta. Una flor muy bonita se posa delante de mi cara. El olor me envuelve. Miro al portador de la creación. El señor de los algodones de azúcar. Es una flor bastante grande de azúcar. Increíble. —Disfrute —comenta el señor y concluye con una sonrisa. —Gracias —respondo automáticamente al agarrarla. Él asiente y vuelve a su puesto. La cara de hambre que debo tener es enorme. Tomo una primera porción de mi algodón de azúcar y el gemido de satisfacción no demora en llegar. Me comería veinte como estos. ¿Repugna?. Me importa una mierda. Dharys me ha prohibido siempre cualquier alimento que contribuya a qué engorde. Estoy realmente harta. Cuando ya solo me quedaba una porción, la miro más de cinco veces pensando si comerla o ponerla en un altar debajo de mi cama. El tiempo pasa rápido, sin embargo, yo lo notaba lento. No estaba aburrida, a pesar de que llevaba rato sentada aquí. Decido caminar por algunas calles. Necesito aprovechar mi escape. Mis pasos son flemáticos y el aire choca deliciosamente contra mi rostro. Mi pelo se desorbita e internamente me emociono de no estar perfectamente peinada. Siento paz, mucha. Quiero ser libre. El clima cambia radicalmente. La llovizna hace que las personas se muevan eufóricas para protegerse del agua. Yo no lo hago. Disfruto de la lluvia. Un cuerpo cae frente a mí. Me acerco rápidamente y veo a un hombre relativamente mayor. Lo primero que se me ocurre es medirle el pulso, pudo haber sido... Mierda. Está muerto. Me pego a la pared próxima mientras el horror inunda mi cuerpo. He visto un hombre morir delante de mí y no sé qué demonios hacer ahora. Esto es lo que pasa cuando te ha tenido viviendo en una maldita burbuja.
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