3. Danna

2150 Words
Corro. No sé hacia dónde. No sé absolutamente nada. Todos son movimientos mecánicos de mis pies. Un cuerpo me detiene. Miro con susto. No sé qué demonios sucede conmigo, solo percibo miedo. —Señorita Danna, ¿se encuentra bien? —pregunta Ryan. Suspiro de inmediato. No contesto, muevo la cabeza en aceptación. —Danna no vuelvas a hacer esto —comenta Gusly—. Podríamos habernos metido en problemas. Sabes cómo son tus padres de controladores. —Lo siento —expreso bajito. Volvemos a la cárcel que mis padres han creado para mí. Suerte para mí que Dharys está ocupada aún con la preparación de las celebraciones. Una gran mierda. Me lanzo a mi cama con frustración. Quiero un giro para mi vida. Juro que si fuera un videojuego hubiese apretado todos los malditos botones con desesperación. Ya no sé cómo demonios controlo está sensación, está necesidad de cambio, de adrenalina, de cosas diferentes. Pasa mucho tiempo, en el que solo miro un punto. —Hermanita, buenas noticias —comenta bajo Ronny mientras irrumpe en la habitación. Me siento rápidamente, como si él me trajera la salvación. Desde luego, su idea podría ser loca, pero locura es precisamente lo que necesito para mi vida. —Habla Ronny, joder —pido. —Shh. ¡Qué son esas palabras para una joven de tu clase! —imita la voz de mi madre. La verdad es que si me escucha hablando así, se pondrá peor de lo que ha mostrado Ronny ahora. —No seas baboso, habla. —Tenemos al candidato. Créeme hermanita, es todo lo que quieres —asegura. —¿Funcionará? —inquiero. —Escúchame Danna, ese hombre sería capaz no solamente de gustarle a los señores O'farrel, sería capaz de acabar con ellos. Podrías enamorarte de él Danna, si no tienes control de la situación. —¿Qué tan poderoso es Ronny, qué puede destruirlos?. —No es poder hermana, es mentalidad, es su forma, su comportamiento. He dado mi palabra a cambio de su aceptación, no puedo inmiscuirme en lo vuestro, una vez empiece la actuación... —¿Cómo? Ronny me dice cosas que podrían fácilmente ser rasgos para replantearme esto, pero, reacciono completamente distinto. La curiosidad aumenta a niveles que no puedo controlar. —No aceptó dinero. Nada más me prohibió meterme en lo que pasara entre ustedes —informa. ¿Debería entrar al juego o cerrarlo?. Entrar, por supuesto. —Quiero conocerlo Ronny, ¿cómo lo encuentro?. —¿Estás segura? —pregunta mi hermano. —Desde luego. —Me comunicaré con él. Te pasaré a recoger a las doce exactamente. Sé la manera de salir, sin ser descubiertos. Sonrío. Mi hermano es mi salvación, sin dudas. Ronny se va y yo, lo que resta de día, me la paso con mucha inquietud. En mi mente intento idealizar cómo será esta noche. Es la primera vez que salgo de noche, es la primera vez que me reuniré con un tío que ni siquiera conozco. ¿Una puta locura?, sí, ¿emocionante?, también. Dharys luego de la cena me hizo ver todas las estupideces que ordenó para la fiesta de mi cumpleaños. Bostecé más de un millón de veces para ver si de ese modo se marchaba, pero nada. No sé le dormía la lengua, no se quedaba ronca, no le entraban ganas de orinar. Estaba intensa comentando sobre los arreglos. Incluso los invitados los decidió ella. Cuando no aguanté más le dejé claro que necesitaba dormir. Ella, tras varias oraciones más se marcha. —Por fin —digo. Miro el reloj, aún son las diez. Faltan dos horas. ¡Dios!. ¿De dónde saco paciencia para aguantar dos horas? Decido buscar la ropa. No pretendo ir a aquellos barrios vestida como si estuviese en Disney. Sin embargo, al mirar las prendas, la capacidad de cambiar el estilo, resulta bastante imposible. Pienso en Gusly, pero rápidamente descarto la opción. Su ropa no me quedará bien. Gusly es mucho más corpulenta. Alcanzo un vestido blanco. Este no tenía corte de princesa, pero su extensión duraba hasta las rodillas. Extremadamente conservador. O es esto o vestirme con vestidos de lazos en la espalda. Pasa el tiempo y mi desesperación crece. Siento pasos y me acuesto rápidamente en la cama. Me cubro casi hasta la cabeza. La puerta del cuarto es abierta suavemente. —Vamos Danna —susurra mi hermano. Me levanto rápidamente y este me coloca uno de sus abrigos. Me queda bastante ancho. Cubro mi cabeza con el gorro. Ronny me toma de la mano y me obliga a caminar. —Espera Ronny, no me he puesto zapatos —le informo. —Si caminas con esos zapatos que tienes será muy difícil pasar desapercibidos. ¿No tienes otra opción?. —Ni modo que vaya en pantuflas de unicornio... —Buena idea —asegura y me jala. —No Ronny, no hablaba en serio —me quejo. —Shhh. Cállate o nos descubrirán —protesta. Mierda. Vestido de salir, aburrido y conservador, con un par de pantuflas de unicornio. Caminamos por los oscuros pasillos. La seguridad está fuera. Me pregunto cómo Ronny nos sacará de aquí. Él teclea algo rápido en su teléfono. —Vamos —susurra. Apresuramos el paso hasta encontrarnos con Ryan. —Recuerda, a las cuatro se cambia el turno. Lleguen antes —pide Ryan. Ryan no solo me ayudó a mí, se puede ver cómo ha contribuido en las escapadas de Ronny. Ronny asiente. Toma mi mano y me hace caminar hasta la reja. —¿Puedes cruzar? —inquiere. —Desde luego —aseguro. Esta vez paso menos trabajo que en la tarde. La próxima seré experta en esto. —Algo me dice que has cruzado esta cerca previamente —comenta mi hermano, una vez que estamos abajo. —Lo hice. Hoy. No te daré detalles ahora. Fue un simple paseo. —Te estás convirtiendo en una rebelde hermanita —dice Ronny riendo. A dos cuadras nos esperaba un auto, que jamás le vi a Ronny. Un hombre que no conozco le entrega las llaves. Ronny tras asentir emprende camino. Tenía nervios, curiosidad, ansiedad y un montón de sentimientos más mezclados que hacían que mi cuerpo se volviera incontrolable. —Llegamos —informa Ronny. Es una casa modesta, demasiado, pero ahora mismo eso es lo que menos me preocupa. Ronny me acompaña hasta la puerta y el nervio vence a los demás estados. Casi tiemblo, mierda. Tras cuatro toques seguidos, unos pasos se escuchan cada vez más cerca. Me coloco de espalda a la puerta con la intensión de respirar al menos unas tres veces más. Necesito mostrarme tranquila. Hay muchas cosas que tratar. —Aquí está Hill. Esperaré por ella fuera —le dice mi hermano. Aún no me he girado para enfrentar al hombre que está en la puerta. Ronny deposita un beso en mi mejilla. —Estaré aquí hermanita. Si no estás cómoda me avisas y nos vamos —susurra. Asiento. Ronny camina en dirección al carro y yo suspiro una vez más. Es hora. Me giro con paciencia hasta estar frente a él. Quise enfocarme solo en su rostro, pero me fue imposible, terminé en un escaneo de cuerpo completo. Su pelo n***o ahora mismo no podría estar más desordenado. Sus ojos son carmelitas, pero aún sin tener un color exótico resaltan, tal vez es esa forma tan intensa de mirar. Las cejas son perfectas y no, no las tiene ligeramente depiladas como muchos de los de mi edad. Parte de su cara se cubre con una fina barba. Hablemos de su cuerpo, ese que me hizo abrir ligeramente los labios. Músculos perfectamente trabajados. Piel bronceada y algunos diseños de tatuajes marcados en su pecho y brazo. Sé que debería decir al menos una palabra, pero, no puedo. La cicatriz que observo en su barriga llama mi atención. También esa cosa que se marca en sus pantalones. Mierda. ¡Danna estás mirando de más!. Cuando vuelvo a centrar mi vista en su cara, ya él estaba apoyado cómodamente en el marco de la puerta. —Pasa —dice, aunque su voz salió fuerte, casi a orden. Paso por el espacio que me deja en la puerta. Puedo notar su mirada fija en mí. Una vez dentro de la casa, no sé qué diablos hacer. Me quedo parada justamente en medio de la pequeña sala con los brazos cruzados. El interior no es algo que grite la palabra lujo, pero tampoco una casa en ruinas. Él se sienta sobre la mesita que queda justo frente al sofá. Apoya sus manos en los muslos y me observa. Mi maldita inexperiencia hace que me quede parada en el mismo sitio, a pocos centímetros de él. Sus ojos se enfocan en los míos y sin mencionar palabra alguna me siento en el sofá, al frente de él. No sé cómo pasó, pero mi cuerpo reaccionó a una orden que él dió sin mencionar palabra alguna. ¡Será mejor que te espabiles Danna o te verá como una estúpida! ¡Cómo si con estas pantuflas no me vira ya ridícula!. Él repara en mis pies. No se ríe, no hace nada. Simplemente, lleva sus ojos a mi rostro nuevamente. —Dime Danna ¿por qué una chica como tú quiere ponerse en manos de un hombre como yo? —indaga. —¿Una chica como yo? —Sí, una princesa, consentida por sus padres. —¿Y qué tal de ti? —pregunto, ignorando por un instante su comentario anterior. —Soy todo lo opuesto pequeña —asegura. Cuando empleo el término todo en mí revolucionó. Digamos que si forma de hablarme me provoca. —Yo podré no tener el más mínimo conocimiento del mundo exterior, pero tú, tú no sabes nada de mí —expreso. —Muéstrame —comenta. Otra vez parece orden. Estamos muy cerca. Desde su posición noto como me observa. No como los chicos de mi escuela. Este me estudia, me presta atención. —El drama familiar que vive la princesita no es un asunto importante para hablar ahora —contesto. —Sí es relevante —afirma—. Quiero escuchar la historia. Me quedo observándolo. Ya no me intimida. Ahora logro estar más relajada. Aun así, su voz y su mirada siguen teniendo el control. Es entonces que comprendo que él no dejará continuar esta conversación sin tener detalles de lo que vivo que me ha llevado a hacer esto. —Mírame —ordeno mientras me levanto del sofá y me quito el abrigo. Él lo hace. Cómo mencioné antes con mucha atención. —No quiero esto. Ser una princesita, como le dices tú. Qué mi madre elija hasta la ropa interior que uso. Que me haga comer pura hierva para no pasarme de peso. Que me prohíba el sol, las salidas, las citas. Que esté encerrada en esa enorme casa esperando y preparándome para casarme con un maldito crío creyente que le puede proporcionar más negocios a mi padre. —Esto es un modo de rebelión entonces —comenta. —Es una forma de impedir que mi padre me case y arruine mi vida —respondo. —¿Por qué no elegiste a un crío de tu clase o de tu universidad?. Uno con tus mismos intereses. —Los críos de mi edad son iguales que Volton, aunque este es el idiota mayor. No quiero eso. —¿Qué quieres exactamente? —pregunta. Vuelvo a sentarme en el sofá y lo observo mientras me formulo la respuesta. —Un hombre, como tú —digo, con una seguridad envidiable. Otra vez esa manera de mirarme como si me estudiara. —Un hombre como yo no te cumplirá caprichos, ni te tendrá como princesita. Un hombre como yo te mostrará el mundo real. —Es exactamente lo que quiero —aseguro. Él asiente tras mis palabras. —¿Qué quieres exactamente de esto? —interroga. —Quiero presentarte como mi novio, el mismo día de mi fiesta de cumpleaños, pues, el compromiso se celebrará después. Necesito que luzcas como empresario, alguien que se gane el respeto de los O'farrel. —¿Quieres enfrentarte a tus padres cambiando de pretendiente el mismo día de tu cumpleaños?. —Así es. Lo haré. ¿Crees que puedes ayudarme con eso? —indago. —¿Qué ganaré a cambio pequeña? —pregunta. —Pensé que esa cuestión la habías aclarado con Ronny —digo. —Escúchame pequeña, lo único que yo he aclarado con Ronny es que esto es, a partir de ahora, asunto nuestro. ¿Entiendes?. Ronny solo fue un medio, los tratos son nuestros. —¿Qué quieres entonces? —interrogo. —Esto no va a ser una actuación Danna. Te haré conocer todo lo que hay fuera de esa burbuja dónde estás. ¿No va a ser una actuación?. Espera... —No es una actuación —repite como si escuchase mis propios pensamientos.
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