CAPITULO 2. PILOTO 2.2 8PARTE 1)

2824 Words
Nuevo León, Colonia Independencia. Actualidad. La música de Kumbia se escucha entre las calles. El olor a hierba y otras sustancias chocan con mi nariz al caminar cerca de una avenida. Me acerco a un niño que vende golosinas y frituras. Tomando un paquete de chicles de menta y una paleta de cereza. — $22, señor -dice. Le doy un billete de $50 y me alejo de él.— Oiga señor, ¡el cambio! -me grita, solo le hago un gesto con las manos y guardar las golosinas, para ahora sacar un cigarrillo y encenderlo. Me quedé en la orilla de una calle, terminando de encender el cerillo y guardé el encendedor en el bolsillo trasero de mi pantalón de mezclilla oscuro. A lo lejos visualizo a Nora, Travis y Edwin sentados en una mesa de un pequeño puesto de tacos aparentando ser personas normales. Inhalo el humo del cigarro al verlos y con un asentimiento de cabeza entienden que ya se donde están. De una cantina cerca, de la cual mujeres con ropa apretada esperan a ser rentadas un borracho sale de la cantina siendo acompañado de una "mujer", o más bien un transexual con suficiente maquillaje para hacerse pasar como alguien femenino. Me río imaginándome como se sentirá el hombre mañana que al despertar se de cuenta de que con quién durmió no fue con una modelo si no con alguien se su mismo sexo. Lo que el alcohol hace. Pero bueno, él no es mi problema sino... Si, es ella. Aquella mujer que usa vestido n***o ajustados y tacones de aguja. Su piel es blanca y tan pálida que incluso bajo la oscuridad de la noche la puedo distinguir. Sale de un callejón oscuro cercano a la cantina acompañada de un chico demasiado menor a ella. Entra al bar tomándolo del brazo como si fueran amantes. Dejó de fumar y con una mirada cómplice observó a Nora, quién no me quitó los ojos de encima. En seguida me entiende, levantándose de la mesa siendo seguida por los demás y comenzando a atar su cabello rojizo en una coleta. Deja Travis dinero en la mesa y comienzan a acercarse al bar al igual que yo. — No hagas ninguna tontería -escucho su voz en mi mente. Bufo y molesto ruedo los ojos. — Solo fue una vez -contestó. — En dos semanas, no queremos errores -añade molesta. Si, aún recuerdo el error que cometí hace semanas atrás... Sangre. Fuego. Gritos. Explosiones. Muertes. Me adentro al bar, borrando el recuerdo de ese momento de mi cabeza. Guardándolo en un cajón con candado en alguna parte de mi mente y nunca más volver a abrirlo. El olor a cigarrillo y a hierva una vez más con mi nariz. Me acerco a la barra, buscando de reojo a la mujer que vi antes entrar al lugar. Hay poca luz aquí, solo unos focos de lámina que parecieran a punto de fundirse. Las mesas y sillas son de metal de una marca comercial de refrescos, en la barra un hombre con tatuajes y calvo atiende de forma tosca a los que se acercan a él para pedirle alguna bebida. Tomó asiento en un banco en la barra, escuchando como unos de los clientes comienzan a discutir y llevar la pelea afuera. Escucho cómo el hombre les grita que se salgan y ellos le contestan con palabrotas. Me río al verlos tan ebrios que ni siquiera pueden mantenerse en pie y tratando de hablar. En serio que están para anécdota chistosa. — ¿Qué te doy? -pregunta de forma tosca delante de mí, limpiando una jarra grande de cerveza. — 3 vodkas -contexto de la misma forma que él, volviendo a fumar de mi cigarrillo. Escucho la puerta abrirse otra vez notando por el reflejo de las bebidas que tengo dentales a los chicos entrar y buscar con la mirada a la mujer de antes. Quién está en un rincón jugueteando con el chico. Miro sobre mi hombro a su dirección, cualquiera pensaría que se trata de un chamaco intentando ser "hombre" con una mujer mayor. En cambio nosotros los legados tenemos algo que nos vuelve únicos. Desde hace años, cuando la magia se creó por las primeras brujas de la historia explotó una guerra. Ellas le habían enseñado la magia a personas equivocadas y fue así como ellas, las primeras eligieron a los hombres para proteger a la humanidad. Pues la brujas malignas llamadas las oscuras comenzaron a capturar a gente, entre ellos niños y jóvenes. Aún no sabemos el porqué pero eso ha ocurrido desde hace más de 200 años. Las primeras obtuvieron un poder superior, convirtiéndose en seres divinos y quiénes nos otorgan poder a nosotros los legados para proteger a las personas comunes. Creando un conflicto entre las oscuras y los legados. Una de nuestras reglas es que si notamos que alguien con poder mágico lo usa para beneficio propio debemos de raptarla y con base a sus actos será castigada con la muerte. Si, es algo confuso de captar, pero después de un tiempo llegas a entender todo sobre este mundo. Y regresando a lo que nos hace especiales, son usar los dones de las primeras, de los cuales obtenemos beneficios y uno de esos es ver a través del telón... El chico está hipnotizado por la mujer, quién lo toma del rostro de manera brusca y comienza a besar, pero en el beso las venas de los labios de la mujer se marcan de un tono oscuro y morado y el joven comienza a verse pálido y ojeras comienzan a dibujarse en sus ojos. — Aquí tienes la voz del mesero me interrumpe la observación hacia aquella mujer. Regreso a los tres pequeños vasos que hay delante de mí y noto como el hombre saca una botella del alcohol que le pedí para comenzar a vaciarlo en los vasos de un tirón. Dejando a un lado la botella al ver cómo otro borracho comienza a hacer escándalo al perder una partida de dominó. — ¡Oye, tu! -le grita, dejando la barra para acercarse a él. No les prestó atención y tomó uno de los vasos para darle un trago. Siento como alguien se acerca hacia mí y no tardó en darme cuenta que es Travis quién se sienta a mi lado, tomando otro de los vasos llenos para tomárselo. — Xander -me llama con un tono de voz amistoso y serio. -- Nora quiere que seas tú el que se acerque -añade tomándose lo que le resta del vodka en el vaso de un tirón para luego tomar la botella y volver a servirse. Bufó con burla dibujando una sonrisa ladeada en mis labios— Ni loco, te toca a ti — Sabes que sigo traumado con aquella vieja de hace una semana -me dice terminando de servirse su segundo trago. Contengo las ganas de lanzar una carcajada pero una sonrisa en mi rostro se dibuja sin que pueda evitarlo. -- Además... ella ya la estudio y tú eres el que está más pegado a su estilo — ¿Ahora ellas tienen gustos? -pregunto con burla. — Si... cómo si fuera un gusto de comida o algo así le entendí a Norita, y a ella se le nota que le gustan los chicos "malos" -añade haciendo con sus dedos comillas en la última palabra que dijo. Entre cierro los ojos al escucharlo decir aquello. — ¿Chicos malos? — Bueno, los que aparentan serlo y tú -me señala con el vaso— tienes cara de niño y eso ayuda, aunque seas un hijo de la chingada -añade, logrando que ahora sí ría junto con él. Si, ese es un pequeño defecto que tengo. Mi rostro no se acopla a mi edad y tiene razón, desde pequeño nunca me he considerado alguien "bueno" o "malo", simplemente me considero alguien que sigue las normas como debe de ser y eso me ha creado fama entre mis compañeros y amigos. — Ya casi termina con el pobre -digo mirando por sobre mi hombro de nuevo a dirección de la mujer. — Hazlo antes de que lo perdamos, no queremos que ella se enoje luego -añade, dejando el vaso en la barra y regresando con los demás. Molesto rechino los dientes y un zumbido en mis oídos casi logra que mi cabeza quiera explotar. No necesito mirar por sobre mi hombro para saber que eso lo hizo Nora como señal de que le haga caso. Bufo molesto tomándome de un trago uno de los vasos de vodka restantes y a regañadientes lo vuelvo a llenar recitando un viejo hechizo de atracción en lengua antigua. El sonido de carcajadas y platicas de borrachos sin sentido comienzan a escucharse más y más fuertes. El subido de mis orejas comienza a aumentar pero se detienen en seguida cuando la mujer de antes se ha acercado a la barra y apoyado en esta. Sentándose de forma coqueta y demasiado provocativa en el banco y fingiendo esperar al que atiende las bebidas. — Un chico solo a estas horas de la noche en un lugar como este solo podría significar dos cosas, o te rompieron el corazón o ... -su voz suena demasiado linda para la bestia que es. Una pequeña sonrisa se dibuja en mi rostro, levantó las comisuras de mis labios y con fuerza interior trato de no lanzar una carcajada por su coqueteo actuado. — ¿O...? -preguntó volviendo a tomar. — O quieres romperle el corazón a alguien... -añade. Levantando su brazo hacia el anterior hombre que me había atendido quien entiende con ese gesto lo que quiere. — ¿Y quieres ser la afortunada en ello? -preguntó, girando mi cabeza a su dirección, encontrándome con su rostro perfectamente maquillado y hermoso. Sus ojos avellana me observan con curiosidad y cierto deseo, los dedos de su mano derecha se deslizan por la barra, acercándose con cautela hacia mí quedando cerca de mi cuerpo y rostro con una sonrisa dibujada en sus labios rojos. — ¿Me dejarías serlo? -pregunta, acariciando mi brazo. Ninguna expresión se refleja en mi rostro, a diferencia de los humanos comunes quienes caen en sus "encantos" para nosotros los legados no funciona. Eso es por el hecho de que conocemos sus encantos y el cómo protegernos de ellos. Pero para este momento, ella no sabe quién soy, y para evitar que Nora me mate y vuelva a revivir para volver a asesinarme decido actuar. Me acerco a ella, tomando su mano. En su rostro la sonrisa de sus labios se engrandece, como si mi reacción le divirtiera pero en pocos segundos esa sonrisa se va borrando, convirtiéndose en una ligera mueca que solo yo puedo presenciar. — ¿Una runa? -dice entre dientes, sonriendo amargamente y con fuego en su mirada. — Encantamiento, pero eso ya lo sabes -digo, sujetando con más fuerza su mano sintiendo como tiembla y por un segundo se refuerce de dolor. Busca con la mirada al encargado del bar, pero en cuanto encuentra al que antes me sirvió los tragos él y todos los clientes caen en un sueño profundo. El sonido de sus cuerpos cayendo en el suelo y mesas se escucha y la música que transmitía una bocina vieja deja de sonar. Nora y los demás se acercan a la barra, la pelirroja se pone detrás de ella, apoyando su antebrazo derecho en esta y mirándola como si quisiera comérsela viva, por algo la llaman la tigresa negra. — Bien pensado... Legado -dice con una mueca en su rostro, mirando por sobre su hombro a mi compañera y a los demás delante de ella. Pronuncia lo que soy como si le costará hacerlo. Sus ojos avellana me observan con molestia y su mano sujeta con fuerza la mía. — No funcionará, bruja -la gruesa voz de Nora sale de su garganta, alterando a la mujer que tengo delante de mí. Sus ojos se abren al par y su cuerpo comienza a temblar. Me alejo de la oscuridad, dejando mi marca en ella y dejando que Nora se encargue del resto. Los ojos de la tigresa se tornan en un amarillo claro y con un gesto de cabeza le indica a Edwin que la escolte. Pero en cuanto esté se acerca a ella, los ojos de la mujer se tornan negros y el agarre que havia creada con mi mano en su muñeca comienza a arder. La mujer se suelta de mi y toma uno de los vasos de vodka y lo lanza hacia la cara de Edwin. Chocando con su frente y atontados por unos segundos. Nora saca de la parte trasera de su pantalón un látigo café, el cual lo lanza a la bruja y sujeta con este uno de los brazos de la mujer, pero al sentir si agarra su mirada se posa en ella recitando algo entre dientes. — ...Morte -logro entender. Me lleva, ese conjuro... Me acerco a ella con rapidez pero cuando estoy a unos pocos pasos de la bruja una extraña energía desprende de su cuerpo. Lanzando una onda de energía que nos hace salir disparados a todos, incluyendo a uno que otro cliente que está inconsciente. Mi cuerpo choca contra una pared de concreto cercana a unos cuadros donde estaban enmarcadas unas playeras deportivas autografiadas y otras con notas de periódicos viejos. Travis cae en unas mesas cercanas, rompiendo unas sillas de madera y cayendo encima de otros clientes. Mientras que Nora ha salido disparada por una ventana, Edwin... él ¿dónde carajos está? Me incorporo del suelo, sintiendo los pedazos de vidrio roto de botellas, cuadros y ventanas que explotaron por la energía que lanzó la bruja. Levantó la mirada, apoyándome en una mesa de metal para levantarme encontrándome con la mujer de antes que lo tiene del cuello y a Edwin tratando de sacarse de encima a la bruja. Las venas de su rostro comienzan a marcarse y tomando un color n***o, mientras que el rostro de mi amigo comienza a ponerse morado por la falta de oxígeno. — ¡Edwin! -grito su nombre. La bruja también me escucha, voltea su mirada de mi amigo y enojada lanza un grito horroroso, tanto que casi me destroza los tímpanos. Me cubro los oídos en un intento de dejarla de escuchar gritar, pero al ver el rostro de Edwin comienzo a preocuparme. Su cara se ha vuelto pálida. — Imperium di demoni - digo, señalando con mi mano la mujer, un círculo azulado aparece encima de ella, iluminando su rostro y del cual unas cuerdas salen disparadas a ella. La bruja suelta a Edwin, quién cae inconsciente en el suelo al sentir como una de las cuerdas que he creado la roza, provocando en su piel una quemadura de tercer grado. La mujer se retuerce por un segundo de dolor, el tiempo suficiente para acercarme a ella. Quedando a unos cuantos pasos la mujer levanta su vista de su brazo herido. La irá se muestra en su rostro, grita molesta, girando su cuerpo hacia mí para atacarme pero se detiene en seco. El látigo de Nora la sujeta con fuerza y Travis le ha disparado un tranquilizante. La mujer cae de rodillas al suelo al sentir como toda la sustancia ha entrado en sus venas. Sus ojos dejan de verse negros por completo y las cenas de su rostro se comienzan a apagar, volviendo a su tono de piel original. — Xander, ponle las esposas, Travis checa cómo está Edwin -ordena la tigresa. Sin dejar de sujetar con fuerza el látigo que rodea el cuerpo de la bruja. Asiento, haciendo lo que me pidió y acercándome a la bruja para ponerle las esposas antimagia. Sujeto con fuerza sus manos, comenzando a ponerlas cuando la escucho gemir de dolor. — No podrán detenerlos -dice, su piel se ha vuelto algo pálida. ¿Detenerlos? ¿De qué habla? — ¿Detenerlos? -pregunto, terminando de ponerle las esposas esperando a que ella diga algo, pero sus ojos se cierran y su cuerpo termina cayendo en el suelo. El vestido ajustado que usa se le ha subido dejando ver su muslo izquierdo en el cual un tipo de tatuaje de una llama en un círculo está marcado. Agitó a la bruja con desesperación, llamándola y dándole golpes en el rostro para que despierte, pero no lo hace. Es como si lo que Travis le inyectó fuera tan potente que ni un terremoto la podría despertar. Levantó la mirada de la mujer, centrando ahora en Edwin, quién está siendo atendido de Travis y Nora. Su piel parece pálida, como la porcelana, Nora se acerca a él apoyando sus manos en su pecho, una luz blanca no tarda de salir de estás y en menos de un segundo escucho como Edwin respira profundo, como si volviera a la vida. (*********)
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