CAPITULO 3. TAROT

3567 Words
— Toma esto, mi amor -dice mi mamá, un paracetamol y agua para tomarlo. La tomo y me tragó con fuerza, después de haber vomitado la cabeza me comenzó a dar vueltas y a doler. — Con cuidado -añade mi mamá preocupada. Tomo agua rápido, dejando el vaso a un lado para luego tener un ligero ataque de hipo. Me cubro la boca, maldiciendo mentalmente por actuar tan impulsivamente. Miro hacia el pasillo que lleva a las escaleras en las cuales antes había subido mi papá junto con mi tío. Han pasado ya dos horas desde que subió y lo único que se ha escuchado son quejidos de dolor y maldiciones, aunque se que está ocupado tratando de salvarle la vida a Davis también me preocupa lo que escuche. — Davis va a estar bien, hija -dice mi mamá, malinterpretando el hecho del porqué estoy viendo las escaleras. No mamá, no me preocupa Davis solamente. Me preocupa el hecho de que estamos en peligro y que posiblemente haya traidores entre nosotros. Eso es lo que me preocupa. Quisiera decirle eso. Pero conociéndola me cuestionaba el porque estoy escuchando conversaciones ajenas y después castigarme durante un mes. Y aunque ella sabe mejor que nadie del tipo de Crush que Davis tiene conmigo también sabe que nunca me fijaría en él, si me preocupa es porque lo veo como un amigo o incluso como familia. Solo asiento, ignorando lo que minutos antes escuché de Sarahí. Me levanto de la silla y me acerco al refrigerador para sacar una jarra llena de agua de jamaica. Siento la mirada de mi mamá puesta sobre mí. — ¿Qué tienes? -pregunta mientras me sirvo el agua de la jarra en el vaso que antes me había dado. — Nada -contestó con frialdad, incluso me llegó a sorprender por mi tono de voz y a la vez maldigo el haber hablado así ya que eso la molestaba. — Scarlett Eluney -me llama por mis dos nombres, logrando que cierre los ojos con fuerza y me maldije mentalmente. La escucho acercarse, y con una mirada por sobre mi hombro la observo. Me miró molesta y a la vez preocupada, dejó la jarra a un lado y cabizbaja tomó el vaso entre mis manos y me acerco a ella. — Perdón, mamá -digo con sinceridad sin levantar la mirada. Siento sus manos tomar mi rostro para levantarlo y con una sonrisa triste besa mi frente. — Sabes que puedo sentir todo lo que tú sientes, ¿no? -añade pegando su frente con la mía. — ¿Por qué eres bruja? -bufo con ironía, logrando que ella sonría. — Porque soy tu madre... y todo lo que tú sientes, ya sea alegría o dolor -añade, alejando un poco su rostro soltando una de sus manos de mi rostro para ponerla en su pecho.— Yo lo siento, es una conexión de madre e hijos -dice, acariciando con su otra mano mi mejilla. Descanso un momento mi rostro en ella y antes de despegarla la beso. — ¿Me dirás que tienes? -pregunta una vez más— Porque no me creo que estés solo preocupada por Davis -añade logrando que fuerce una sonrisa. — Si te lo digo me regañaras -confieso con la mirada baja de nuevo. — Y si no me lo dices, también me molestaré -añade y yo la miro con curiosidad— Pero será menos el enojo si me dices la verdad a que me ocultes algo o me mientas -agrega y aunque duró mucho tiempo mirando sus ojos color avellana al final cedo en decírselo. — Escuché que hubo un ataque en Veracruz... -comienza a contar y aunque parece que no le sorprende lo que le estoy contando da un paso hacia atrás— ... Y que uno de los nuestros nos ha traicionado, el mismo que atacó a Davis -agregó. Y eso es más que suficiente para que la sorpresa y el terror aparezca en su rostro. Cubre su boca con su mano y con la otra se apoya en la barra que tiene al lado. — ¿Mamá? -Me acerco a ella preocupada al notar como su rostro se ha puesto pálido. Ella asiente y con la mano que antes cubría sus labios me detiene. — Ve con Juan y los demás, no les digas esto a nadie -dice sería. Demasiado diría yo. Deja de estar en un tipo Shock y comienza a caminar hacia las escaleras. — ¡Espera, mami! la llamo, mirándola y observando cómo sube las escaleras con rapidez. — Te dije que vayas con tu hermano y primos y nada de esto a nadie -añade. Mirándome sería y con autoridad. Me siento pequeña cuando la veo así y sin que le pueda decir algo más ella sube las escaleras, dejándome en medio del pasillo sintiéndome mal conmigo misma. Trato de borrar las ideas negativas de mi cabeza y comienzo a caminar hacia el jardín de la casa, encontrándome a Juan sentado en los escalones de la puerta hablando con Mateo quién está sentado en un tronco que habían cortado y acomodado como una pequeña banca. Alan y Mariam otra de mis primas y con la que más me he llevado, están sentados en una pequeña fuente hecha con piedras y barro y decorada con unas pequeñas lianas verdes con flores. El jardín de está casa, o más bien de está hacienda, es muy grande. Cómo dije antes, cada familia del linaje de las primeras ha sido ocultada por mucho tiempo y considerando que nuestro árbol genealógico es enorme el terreno de este lugar abarca casi las 400 hectáreas, suficiente espacio para que nosotros entrenamos y además para que algunos vivan aquí. A lo que voy, es que como el terreno es enorme el jardín también lo es. Mesas de jardín adornan los anchos pasillos que dan hacia aquí y que conectan con la cocina, entrada de la hacienda o incluso con los gallineros. Áreas verdes son demasiadas en este jardín, en donde hay macetas de rosas, tulipanes, claveles, orquídeas, jazmines, etc. A Magdalena le ha encantado la naturaleza y sobre todo las flores, le gustan tanto que a cada nieta o sobrina que tiene le regala una desde su nacimiento. Por ejemplo, los claveles que están a un lado de Juan son míos, las orquídeas son de Sarahí, las rosas son de Mariam y las Teresitas son de mi mamá. La luz de la luna se refleja sobre nuestras cabezas, dándoles un toque de romanticismo al lugar. Mi hermano me nota a lo lejos y con su mano me pide que me acerque. — Pero si ahí está la causante de que casi muera -Alan habla. Logrando que Mateo carcajee y Mariam le de un golpe en el hombro. — Oye -se queja, al notar la fuerza con la que ha sido golpeado. Mariam es una chica morena de mi misma edad, su cuerpo es rellenito, siempre usa vestidos florales, como el que lleva ahora de color vino, resaltando su bronceada piel, su cabello es castaño lacio y muy largo, lo es tanto que incluso sentada le llega hasta las caderas, usa unos botines cafés que hacen juego con lo que lleva puesto y sobre todo, es mi prima favorita. — Respetala, idiota, no fue su culpa -dice molesta. — Claro que lo fue -añade en su defensa. — Aún así, esa no es manera de tratarla, wey -ahora me defiende mi hermano. Alan sigue sobándose el golpe de su hombro como un niño recién regañado. — Déjalo, tiene razón -digo, sentándome a un lado de Miriam, quién en seguida pone sus ojos como platos y me mira. — ¿Ves? ¡Hasta ella lo acepta! -reprocha Alan. — Alan -Le habla serio y molesto mi hermano, finalmente se queda callado y con la cabeza baja. — Está bien, eso le pasa por no saber usar la magia de la familia -añade, encogiéndose de hombros y abriendo mis ojos un poco al decir lo último. Miriam pasa su brazo derecho por mis hombros, dándome un abrazo amistoso y sonriéndome sin mostrar los dientes. — El problema no es que no sepas usar la magia, Scar -finalmente habla Mateo, apoyando sus barcos en sus rodillas para mirarme, transmitiendo tranquilidad y paz en sus ojos. Curiosa lo observó, arrugando mi entrecejo y poniéndome recta. — ¿Qué quieres decir? -pregunto. — Me refiero a que "tu problema" -añade, haciendo un gesto de comillas con los dedos en lo último— es que no es porque no sepas usar tu magia, sino que te falta entrenarla -agrega, comenzando a levantarse del tronco de árbol en donde está sentado. — Lo dices como si fuera fácil -digo sin ánimos. Siempre he entrenado para ser mejor, pero por una extraña razón solo logro dañar a los que me rodean con mi magia. Una vez intenté crear magia de la naturaleza, tratando de hacer crecer un árbol y lo que terminé logrando es que saliera hierba y hongos venenosos. Algunos de mis primos salieron lastimados por eso, pues estaban jugando ahí y al rozar con la hierba u hongos que había hecho se ganaron una quemazón en sus pieles. — Ufff, claro que no lo es, ¿en serio crees que nosotros aprendimos a controlar nuestra magia con facilidad? -pregunta bufando. Poniendo sus brazos en forma de jarra— Miriam se tardó más de 4 meses en aprender a encantar un cuchillo, Juan se tardó 1 año en lograr hacer crecer un matorral, y ni hablar de Alan, tardó más de 3 años en poder hacer que una pluma volará y yo me tarde más de 2 años en aprender a hacer esto -añade, para luego chasquear los dedos y lograr crear una luz blanca similar a la de una estrella sobre sus dedos juntos. Observó la luz en su mano, su magia es considerada una de las más hermosas. La magia de la luz, cuando era pequeña deseaba poder usar una magia como esa algún día, pero tal parece que mi magia es más de caos que de salvación. — Como ves, hemos tardado mucho en aprender a usar nuestra magia, ¿es estresante? si lo es, ¿valdrá la pena? ¡Claro que valdrá! -dice, elevando sus brazos al cielo, haciendo desaparecer la luz de antes en el aire— Solo tienes que tener paciencia, pequeña -añade, acercándose a mí, poniendo una de sus manos en mi cabeza para acariciarla. A regañadientes sonrió, mirando a mi hermano quién tiene los ojos puestos en mateo y con una sonrisa en su rostro, como si recordara algo que le provocará mucha gracia. — Ahora que recuerdo, ese matorral no duró mucho tiempo -dice Juan, mordiéndose los dientes para no sonreír. — Pero lo lograste, carnal y eso es lo que cuenta -le dice Mateo, señalando con el dedo y guiñandole el ojo. Miriam ríe, deja de abrazarme y toma una de mis manos que descansan en mi regazo. — Vamos anímate, ¡Ya sé! Te leeré las cartas -dice con emoción. Quiero negarme, pero no puedo. Miriam recientemente se volvió una experta en el tarot, incluso me ha dicho que ha tenido más conexión con este que con otras formas de comunicación con los ancestros. Y para mí suerte nunca ha fallado en sus predicciones. — Está bien -contestó con una sonrisa amarga. — Tiene que olvidas lo que pasó en el entrenamiento, prima -añade, levantándose de dónde está sentada para sacar de una bolsa que tiene su vestido una caja con cartas de color n***o con una luna de un lado del otro figuras que representan algo al estar unidas. — Uy, yo también quiero que me las leas -dice con emoción Alan, levantando la mano como si quisiera ser parte de un show de magia. — $200 Alan -Le dice Miriam mientras camina hacia una de las mesas de jardín y a su vez va barajando las cartas. — ¡Oye, a Scar no le vas a cobrar nada! -se queja de nuevo. — Porque es mi prima favorita y no se la pasa quejándose de todo -dice siendo seguida por él. Cansada me levanto de dónde estoy sentada y la sigo, sentándome ahora en una mecedora blanca la cual tiene delante una mesa y otra mecedora. Miriam se sienta delante de mí, Juan, Mateo y Alan buscan unas sillas y se acercan. Todos queremos que nos lea las cartas, no solo por curiosidad, sino porque a veces es necesario saber cómo está nuestra energía y si nos están haciendo alguna maldad para poder protegernos o en algún caso defendernos. Miriam baraja una y otra vez las cartas, cerrando los ojos y concentrándose en la energía que emana de ellas. Finalmente termina y pone la baraja en un extremo de la mesa para luego arrastrarlas, creando una perfecta onda de cartas sobre la mesa para al fin abrir los ojos. — Sabes lo que tienes que hacer -me dice con un tono de voz serio. Sus ojos cafés me observan con determinación, segura de lo que está haciendo. Esto es algo de lo que ella se caracteriza y por la cual siempre la buscan. La mayoría de las "tarotistas" sacan las cartas a sus clientes, es decir que ellas escogen las cartas en vez de ellos y desafortunadamente la mayoría de esas tarotistas lo hace con la finalidad de engañar, pues algunas buscan que carta sacar para inventarse cosas sin sentido y luego robarles mucho dinero. Miriam no es así, es de las pocas brujas que deja que quien le lee las cartas las escoja, porque al final de cuentas es el futuro del cliente no el de la bruja. Cierro los ojos, pasando la mano sobre las cartas agudizando mis sentidos. La manera en escoger las cartas no es solo al azar. Debes de sentir las cartas, es como si pasarás la mano por frío y calor, cuando sientes calor es porque sabes que esa carta quiere decir algo, o bueno así es como yo lo siento. Voy escogiendo una por una las cartas. Cada vez que lo hago una extraña energía recorre mis venas y un revoltijo en mi estómago se comienza a formar, como de esas veces que sientes que algo malo va a pasar. Cuando terminó abro los ojos, terminando de escoger la cantidad de cartas que ella necesita, pero esa energía extraña sigue en mi. — Muy bien, empecemos -dice, tratando de quitar las demás cartas, pero la detengo. — Miriam -la llamo, sus ojos se posan de mi agarre a mi rostro— Quiero sacar otra carta -digo. Ella me observa dudosa, pero no dice nada, quizás porque también ha sentido esta sensación antes de que me dejara escoger la otra carta. Suelto su mano y paso la mía de nuevo sobre las cartas ahora sin cerrar los ojos. Un extraño hormigueo recorre la palma de mi mano al pasarla por la última carta de lado derecho. Sin dudarlo la tomo y esa "emoción" de antes que sentía mayor se va haciendo más pequeña. — ¿Terminantes? -me pregunta y yo solo asiento. Las manos me comienzan a sudar cuando ella empieza a recoger las demás cartas para luego mirar la carta que queda abajo. Sonríe al ver la imagen que hay ahí para luego mostrarla. — La emperatriz -dice con emoción mostrándome la imagen de una mujer con corona sentada en un trono de oro con un león a un lado— significa que la vitalidad y buena energía vendrá a tu vida -dice, dejando la baraja a un lado y tomando las demás cartas para acomodarlas. Empieza de izquierda a derecha. Sacando la siguiente carta muestra a una pareja desnuda nadando en un lago muestras se abrazan. Un sutil rubor se dibuja en sus mejillas y me observa de reojo. — ¿qué? -pregunto. Ella se lame los labios y noto como mi hermano se pone incómodo y Mateo y Alan se aguantan la risa. — Son los amantes -ella dice con un tono de voz pícaro— Significa que un posible romance se aproxima a tu vida -añade risueña. Bufo con burla. Nunca he creído en la idea de que el amor se lea en cartas, soy más de que se usan para protegerse que para saber que hombre llegará a tu vida. Miriam no dice más y continúa con lo suyo. Lo que sigue es una ruleta de madera con decorados de colores pasteles. — La ruleta de la fortuna -añade y una sonrisa de oreja a oreja se forma en sus labios— Si me baso en lo que la anterior carta me dijo significa que este amor próximo es inevitable, llegará cuando menos lo esperes y antes de que te des cuenta ambos terminarán enamorados -dice para después mostrar la otra carta. Una mesa con varias copas aparece en la siguiente carta y un extraño brillo aparece en sus ojos. -- Awww, esto es muy tierno y hermoso -chilla con emoción. Yo miro a Alan quien está a mi lado y quién ya lleva rato aguantando la risa. Él solo se encoge de hombros y cuando miro a Juan me doy cuenta del porqué Alan estaba así antes. Mi hermano tiene las orejas rojas y mirada fija en las cartas, observándose con molestia como si odiara lo que está escuchando. — Esa persona es tu alma gemela, Scar -dice con más emoción mi prima. Solo sonrió y ella continuó con las cartas. Voltea la siguiente aún sonriendo pero su sonrisa se borra al ver la siguiente imagen. En donde hay un hombre arrastrando un carro viejo y roto. Su mirada se centra en la carta y sin decirme que significa muestra la siguiente, en donde se muestra una torre destruida y de fondo un relámpago se dibuja en lo que parece ser el cielo. Sus labios se dibujan una línea y con preocupación me mira. — Esto no es bueno -dice, su rostro se va poniendo pálido. — Que novedad -digo con burla, pero ella me interrumpe. — No entiendes, Scar -dice con seriedad. Pronto me doy cuenta que sus ojos están rojos— Cuando estás dos cartas salen solo significa una cosa... Estás en peligro, un peligro grande, demasiado diría yo -dice con la voz temblorosa. Me acomodo en mi lugar, sintiendo esa sensación extraña de nuevo en mi vientre. ¿Será por esto que me sentía nerviosa? — Alguien te buscará y será para hacerte daño. Un peligro, una batalla empezará pronto en donde tú estarás involucrada -dice— Debes de cuidarte lo más que puedas, y sobre todo pasar desapercibida -añade, tomando mis manos con fuerza. La última carta, la cual había escogido antes de que ella quitará las demás se queda a un lado. Una extraña voz en mi cabeza me dice que la volteé y Miriam se da cuenta de ello, pues mis ojos no dejan de mirarla. Ella voltea la carta y la preocupación de antes se desvanece un poco. — La justicia -dice, mostrándome a una mujer con ojos vendados cargando una balanza en sus manos— Significa que todo lo malo que te vayan a hacer, todo por qué has vivido y sentiste que no merecías se pondrá en balance. -añade, levantando la mirada de la carta para ponerla de nuevo en mi.— Significa que vas a encontrar esa paz que tanto buscabas... Y no se porque pero tengo la sensación de que esa paz comenzaras a sentir después de conocer a tu alma gemela, Scar -dice con un poco de ánimos. Solo sonrió, quedándome mirando aún las cartas que hay sobre la mesa. Mirando las 6 cartas que dicen mi futuro próximo. De nuevo mi cabeza comienza a dar vueltas. Escucho a lo lejos como Mateo le pide a Miriam que le lea las cartas y ella solo asintió. Mi hermano le observa, esperando alguna reacción de mi parte, pero yo me he quedado en blanco. Miriam es en la única en quién confío puede saber el futuro, mi futuro. Y el hecho de que ella me haya dicho que estoy en peligro no ayuda mucho que digamos. — Voy por agua -digo, levantándome de la mecedora para volver a la cocina y buscar algo que tomar. Cuando estoy en medio del jardín moro al cielo, desde pequeña siempre lo hago. Es como si el cielo nocturno me quisiera decir algo que no logro descifrar. Solo me queda la curiosidad del porque cada vez que miro a la luna o a las estrellas me siento como si me hablarán. Miro las estrellas, dándome cuenta que una línea delgada de color blanco vuela en el cielo. Sonrió, sintiéndose contenta a pesar de lo que Miriam me acababa de contar. — No sabía que hoy habría lluvia de estrellas -digo, girando en hacía mi hermano y primos que siguen cerca. Juan arruga la frente y se levanta de su lugar. — Pues porque hoy no habría, herma... -y mi hermano no termina de decir la oración cuando siento como una onda de calor me empuja con fuerza, haciéndome rodar por el suelo hasta chocar con una columna cercana. Abro mis ojos, encontrándome con una escena salida de una película de acción.
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