CAPITULO 4. NEGOCIANDO CON EL DIABLO.

4962 Words
Monterrey, Nuevo León, México. El sudor por mi frente y espalda hace que me refresque un poco. Han pasado tan solo unas pocas horas desde que llegamos aquí con aquella bruja. La negociación sobre el juicio que le darán pronto está tardando más de lo que pensaba. Así que desde hace rato estoy encerrado en nuestro gimnasio, el cual está debajo de una iglesia cercana. Es el único lugar donde verdaderamente puedo desahogarme, golpear costales sin miedo a que alguien salga lastimado. El recuerdo de la noche de hace unas semanas atrás viene a mi mente para distraerme de seguir golpeando el pesado costal que tengo delante de mí. No me dejes... Por favor, sálvame... ...Alexander, ¿que has hecho? Golpeó con fuerza el costal, logrando que éste se mueva a un lado por la fuerza con la que lo golpeé. Lanzó un grito de enfado, recordando las voces de las mujeres y niños que murieron ese día. Recuerdo la voz de Nora llegando a mi lado mientras veía todo el caos delante de mí, como sus ojos cafés me observaban con miedo y preocupación. Cómo mis manos estaban cubiertas de sangre al igual que mi cara. Sangre... Fuego... Gritos... Llanto... Muerte. Tomó el costal entre mis manos para que esté deje de moverse y apoyó mi cabeza en el cuerpo del costal. Respiro hondo, tranquilizando mi cuerpo y emociones para no perder la cordura como suele pasarme algunas veces. Mi respiración está agitada por todo el ejercicio pesado que he hecho, mi corazón palpita con tanta fuerza que incluso escucho los latidos en mis oídos. Las gotas de sudor corren por mi espalda, y muy a mi pesar dejo de abrazar el costal para acercarme al ring que está en medio del gimnasio donde tengo mi botella de agua y una toalla negra. El gimnasio es enorme. Hay una zona donde es solo de pesas, otra donde hay máquinas para correr, a lado de estás hay bicicletas eléctricas. A un lado de donde cuelgan los costales hay una máquina de ligas elásticas, la cual uso habitualmente para estirar la espalda. En una esquina hay una pared completa de casilleros ya algo viejos pero que aún sirven. A lado de estos hay una pared de las cuales hay cuerdas gruesas y otras que están colgadas en la pared para quien quiera hacer saltos con esta. Unos faros enormes iluminan el lugar, y aunque son grandes la luz que desprenden no es tanta y en algunas zonas llega a estar muy oscuro que en otras. Esto es lo malo de vivir bajo tierra. Escucho la puerta del gimnasio abrirse. Es una puerta gruesa de metal y cada que se abre o cierra se escucha un sonido agudo. Quizás sea porque le falta aceite a la puerta o algo así. Me giro hacia dónde está, encontrándome con Nora usando un pantalón de mezclilla ajustado y un suéter tejido encima. Al verme se acerca pasos lentos hacia mí. El sonido del tacón de sus botines cafés hace eco en todo el lugar. Su cabello está perfectamente recogido en una coleta alta y su rostro está perfectamente maquillado al natural. — Hola -me saluda con voz baja. — Hola,la saludo, mientras le doy un trago al agua que he traído para entrenar. Ella camina hacia el ring, sentándose en un escalón que hay en una de las esquinas para mirarme. — Escuché que estuvieron interrogando a la oscura -dice, juntando sus manos entre sus piernas y descansando su espalda en el tubo acolchado que hay en cada esquina. — Si -digo asintiendo, tomando la toalla para limpiarme la cara y después ponerla en los hombros. La playera blanca que suelo usar para hacer ejercicio está toda húmeda y gracias a eso cada parte de mi cuerpo se marque. — ¿Le pudieron sacar información? -pregunta sin despegar su mirada de mí, sus ojos me observan de pies a cabeza y se detienen en mi pecho por unos segundos para después mirarme sin expresión alguna. — Más de la que pensamos -contestó, sentándose en el ring a un lado de ella.— Al parecer ella no es una oscura por completo, pero fue criada como una y odia a quienes la mandan — ¿Le preguntaron quiénes eran? — Si, pero ellos son listos y la tienen callada con una maldición -añado, juntando mis manos entre mis piernas. Ella solo asiente, y baja la mirada de mi rostro a sus manos. Un corto silencio incómodo se crea entre los dos, abro la boca para contarle que esa bruja nos ayudará pero me interrumpe, tomándome por sorpresa su tono de voz y pregunta. — Y ¿tú cómo estás? -pregunta con timidez, jugando con los dedos de sus manos y bajando la mirada a sus pies. Parpadeo unas tres veces seguidas sin poder creer el comportamiento que ella está teniendo conmigo. — ...¿Bien? -digo como pregunta— ¿Por qué? -preguntó con curiosidad. Ella levanta la mirada de sus pies y me observa, sus ojos están rojos, como si estuviera conteniendo las ganas de querer llorar. Es ahí donde entiendo un poco su comportamiento. Travis debió decirle algo. — Travis te dijo algo... -digo molesto, tratando de ocultar mi enojo con una sonrisa, pero solo logro hacer una mueca con mi boca mientras me muerdo la lengua. — No, no me dijo nada -dice con voz sería. Su rostro muestra preocupación y miedo, dos sentimientos que raras veces suele verlos en ella. — Nora... -lo llamo descansando mis manos en los lados de mi cadera y apoyándose en el suelo de madera del ring. — Fue Mónica -dice y siento mi sangre congelarse. — ¿Qué? -pregunto sin poder creer de quién está hablando. — Lo que escuchaste... -dice, levantándose del escalón para verme— Tú hermana me lo dijo -añade. La observó unos cuantos segundos, tratando de buscar alguna señal de que está mintiendo, pero no es así. Nora me mira con los brazos cruzados y los ojos aún rojos. — No me chingues, wey -digo, negando con la cabeza varias veces. — Sabes que a ella no se le escapa nada, Xander -añade, acercándose un poco a mí. — Es imposible que ella sepa algo sobre mí. -digo, bajando la cabeza y mirando mis manos las cuales tengo unidas en forma de puño. — Pero lo sabe, Xander. Y no solo ella, todos los que te rodean se dan cuenta que algo te ocurre -añade preocupada. — Que estoy bien, puta madre -digo molesto, bajando me del ring de un salto para cambiar hacia los casilleros y sacar de está mi teléfono. — Xander, por favor. ¿Qué es lo que te pasa? -me pregunta, pero no contestó— Si es que estoy siendo dura contigo dímelo, sabes que nos preocupas, que eres importante para nosotros, para Travis, Edwin, Lyn, Mónica y para mí -una vez más escuchó el nombre de mi hermana y mi sangre comenzó a hervir. — ¡Que estoy bien, Nora! -grito molesto. Logrando que ella dé un pequeño salto en su lugar y de un paso hacia atrás. Su rostro muestra miedo y pronto me doy cuenta del porqué. Sin darme cuenta he lanzado una ola de aire de mi cuerpo a mi alrededor lo suficientemente fuerte como para mover unas pesas que hay cerca. La botella de agua que antes sostenía ahora está en el suelo, rodando cerca de ella y me maldije internamente al verla así. Con miedo hacia mí. — Nora... yo no quise... -trato de hablar, pero ella no dice nada y solo se acerca a mí para abrazarme. Su reacción me sorprende, cualquiera saldría disparado de miedo por esa puerta y me llamaría loco, pero ella no es así. La relación que tengo con mi hermana no es muy buena, y más cuando está está más ocupada en su trabajo en el iris que en su familia, que en mí. En un principio la admiraba, lo hacía tanto que llegué a entrenar y estudiar como ella para poder enorgullecerse, pero cada vez que quería llamar su atención por algo bueno que hacía ella nunca me miró. Solo me decía que es tu deber. Caí en depresión por un tiempo y con eso llegó mi época de rebeldía, ahí fue cuando conocí a Nora y a Travis. Ellos dos me felicitaban por cada cosa que hacía. Gracias a la depresión tocó fondo, comenzando a ingerir sustancias que no le hacían bien. Quizás lo hice para llamar la atención de Mónica, pero ni eso le importó. Solo le importaba ser mejor y de gran ayuda para el Iris solamente, mientras que yo me mataba para que ella me mirara. Nora me ayudó a dejar ese mal camino, entrenando junto con Travis, me enseñó a equilibrar mis emociones. Se convirtió en mi apoyo y puedo decir que ella es más mi hermana mayor que Mónica. Es por eso, que ahora que me diga que ella se ha dado cuenta que algo anda mal conmigo me suena a un mal chiste. Ruedo mis brazos por su cintura, descansando mi cabeza en su hombro, sintiendo como las lágrimas no tardan en salir de mis ojos. Soy así cuando estoy con ella, solo con Nora puedo ser yo mismo, puedo llorar sin escuchar un deja de llorar, no eres niña como solía decirme Mónica cada que me sentía triste. Nora acaricia mi espalda para tranquilizarme. Si, solo ella puede relajarme. — Tranquilo, si no quieres hablar de ello está bien -dice cerca de mí. Me aleja un poco, poniendo sus manos en mi rostro, para secar los caminos húmedos que han dejado las lágrimas en mis mejillas. — No, no quiero -digo en un intento de sonar serio, pero mi voz salió temblorosa. — Está bien -dice con una sonrisa. Con esa sonrisa que suele darse y que me dicen que todo estará bien. — Solo, no dudes en decirme si te sientes mal, sabes que me preocupas -dice y solo asiento. Ella hace lo mismo, se aleja un poco de mí, para tomar mis manos y apretarlas para darme ánimos. Sonrió a regañadientes, quiero agradecerle por todo lo que ha hecho por mí, pero en cuanto quiero decirle algo alguien nos interrumpe. — Aquí están -dice Michelle toda agitada— El Iris ya dio la orden, Travis los está buscando -añade y con una mirada rápida que le doy a Nora salimos corriendo a dirección de la sala de juntas. (******) — ¿Qué te dijeron? -pregunto apenas entrando a la sala, encontrándome con Travis tomando unos papeles en las manos y unos legajos que nos entrega tanto a Nora como a mí. — Aceptaron el trato, quieren trabajar con la bruja cuánto antes -añade con rapidez, comenzando a salir de la sala para caminar a dirección de los cuartos de tortura. — ¿En serio? -pregunta Nora sorprendida. — Si, en el legajo que les di esa toda la información -dice, en cuanto subimos por unas cortas escaleras que nos llevan a pasillos de los cuartos. Abro el legajo, encontrándome con varias cartas de verificación, acuerdo y contrato sobre la negociación que hizo con ellos. — ¿Y qué dijeron exactamente? -preguntó mientras leía todos los términos que hay en las cartas. — Ey, brujita, despierta -dice Travis al llegar al cuerpo y abrir la puerta encontrándose con la mujer de antes mirándonos sin entender lo que está pasando. — ¿Qué? -pregunta al vernos. — Te haremos una preguntas y si contestas con la verdad podemos hacer que vuelvas a ver a tu familia. -añade Nora, ha comenzado a desatar a la muchacha. Los ojos de la chica se iluminan y busca su mirada la mía. — ¿Hablan enserio? -pregunta sin poder creer lo que estamos diciendo y con alegría. — Si -contesta Nora. La chica grita de emoción y comienza a reír. — ¡Si! vaya que el maldito karma si existe -chillar de emoción. Finalmente la sueltan y contenta nos observa. — Bien, ¿para qué soy buena? -pregunta con emoción. — Siéntate, voy a empezar a hacerte preguntas y nos dirás todo lo que sepas -dice Travis, señalando una silla de metal que hay cerca, ella hace caso como una niña. Se sienta en la silla y en seguida Travis le entrega un legajo. — ¿Qué es esto? -pregunta, abriendo el legajo para ver qué hay dentro. — Son los acuerdos que tendrás con nosotros. -contesta Travis— Ahí explica que deberás de ayudarnos y ser nuestro espía por un tiempo, nos ayudarás a capturar a las personas relacionadas ya sea cercana o lejana al círculo de oscuras para las que trabajas, si haces lo que te pedimos te dejaremos libre con una condición -comienza a hablar Travis. — Nada de magia negra o que haga daño a otros, solo la usaré para proteger a las personas. -añade la chica, leyendo una de las cartas que hay dentro— Si, cuentan con eso. Es más, no vuelvo a hacer magia en mi vida, a no ser que sea necesario y con eso me refiero a curar alguna enfermedad o proteger a alguien -dice con emoción y rapidez. Sus ojos brillan al vernos, tal parece que la esperanza le ha llegado a su vida. Travis parpadea un poco, para después seguir hablando. — Si, claro -dice sorprendido ante la reacción de la chica— Si, llegas a hacer algo que ponga en peligro a alguno de nosotros o que nos engañes el Iris se encargará de quemarte. Si nos dices la verdad, podremos llevarte de nuevo a casa con tu familia -añade, sacando de su pantalón una pluma para entregársela y una caja negra, en la cual hay una aguja para que ella se pinche el dedo y deje su marca en la hoja. El conocido pacto de sangre. La bruja no duda en tomar la pluma y con una sonrisa en su rostro nos mira. — ¿Dónde firmó? (******) — ¿Para quienes trabajas? -comienza a preguntar Travis, mientras que Nora escribe en una libre cada respuesta que dice la bruja, yo solo los observo, analizando la situación y checando que ella no mienta. — No puedo decirlo -dice con seriedad. — ¿Por qué? — Porque me tiene callada por una maldición, digo el nombre de la organización o hablo de ello moriré -contesta. Nos hemos movido y dejado el cuarto de tortura donde ella estaba para traerla una sala de interrogatorio, en donde hay una mesa y tres sillas alrededor de está. — ¿Qué tipo de maldición? -pregunta Travis. — No estoy segura, me la pusieron cuando tenía 11, se podría decir que casi toda mi vida la he tenido -añade. — Dices que no puedes hablar de ellos, pero ¿si puedes escribir sobre ellos? -pregunta Nora. Travis la mira molesto y aunque cualquiera se sentiría amenazado por si mirada Nora no titubea. La chica la observó por unos segundos y luego arrugó su entrecejo. — Nunca lo he intentado -dice cabizbajo. Nora arranca una página de su libreta y se la da junto con un lápiz. La chica los toma y comienza a anotar una especie de pirámide. Para sorpresa de todos no siente dolor ni nada por el estilo, ella escribe y escribe cada vez más rápido y a un lado de cada nombre que anota pone palabras clave que explican quienes son. La pirámide se compone por políticos, millonarios, oscuros y narcotraficantes. Entre ellos ella señala a uno en específico. El diablo Es la mano derecha de uno de los que encabezan la organización y quién tiene toda la información sobre cada integrante que hay en esta. — ¿Él es importante? -pregunta Travis y ella asiente. — ¿Que tiene de especial está organización? -pregunta y ella voltea la hoja para comenzar a escribir. Crear la vida eterna Escribe. — ¿Vida eterna? ¿De qué hablas? -pregunta Travis y ella vuelve a escribir. Planean crear una tipo de poción para que las personas vivan más tiempo y se mantengan jóvenes, juntando narcóticos con magia para crear una sustancia que solo personas de mucho dinero pueden comprar Escribe de nuevo. — ¿Y eso que tiene que ver con la desaparición de niños? -pregunta Travis de nuevo. No estoy segura. Solo nos piden a nosotras el borrarle la memoria a quienes creen que ya no son importantes o matarlos y que se crea que fue un suicidio. Escribe.Un silencio incómodo se crea a nuestro alrededor. Nora mira a Travis y Travis solo lee lo que la bruja escribe. — ¿Quién puede saber sobre las desapariciones de los niños? -pregunta Travis. La bruja toma de nuevo la hoja y comienza a escribir, se tarda un poco y luego nos muestra lo que ha escrito. El diablo lo sabe todo. También escuché que no solo niños desaparecen, también jóvenes y personas mayores. Solo él puede saber sobre ello... Yo puedo sacarle la información, dentro de unos días llegará un camión lleno de personas y que él encabeza, puedo verlo antes y hacerle creer que mi jefa, con quién tiene relación, me mandó con él para preguntarle sobre el "pedido" — ¿Pedido? -pregunta Nora. — Así llaman a los que secuestran -habla al fin. Al parecer eso no la lástima y si es así lo esconde muy bien. — ¿Puedes quedarte de ver con él? -pregunta Travis y ella asiente. Volviendo a escribir en la hoja. El diablo es un viejo rabo verde que me tiene ganas desde hace tiempo, puedo sacarle información rápido Escribe de nuevo. — ¿Cómo te comunicas con él? -preguntó, ella levanta la mirada de mis compañeros hacia mí y vuelve a escribir. Anota un número telefónico y me lo muestra. — Puedo marcarle. Pero debe de ser de un teléfono no rastreable, si es público mejor -dice. Tomó la hoja entre mis manos y asiento. — Muy bien, te conseguiremos uno -digo. — Deberás de quedar con él en algún lugar que no haya mucha gente y nosotros te acompañaremos para que estés a salvo -añade Nora a su lado, tomando una de sus manos para tranquilizarla. La chica la mira dudosa, pero termina asintiendo. — Si, si gustan ustedes pueden grabar la llamada, no hay problema con ello -dice mirándonos a todos. — Muy bien, iremos a hacer los arreglos, te dejaremos aquí con Nora y en cuanto tengamos todo regresamos -digo, dándole un golpe en el hombro a Travis quién me entiende en seguida y salimos de la sala de interrogatorio. Nos movemos rápido. Busco a Edson quien me entrega un celular viejo y el cual ha sido hackeado para que no sea rastreado y que solo nosotros podemos escuchar de lo que hablan. — ¿Tienes el teléfono? -me pregunta Travis mientras subimos las escaleras de nuevo a la sala donde está la bruja. — Si, me lo acaba de dar Antonio -contestó. — Muy bien. — ¿Ya tienes a quienes vas a llevar? -pregunto y él asiente. — Si, iremos 10, entre ellos tu y Nora -dice con rapidez, llegando a la sala de interrogatorio abriendo la puerta y encontrándome con Nora hablando con la chica sobre su familia. — Ya lo tenemos, márcale al diablo ese y hagan el acuerdo de dónde van a verse -dijo, entregándome el teléfono a la mujer, quién lo toma y comienza a marcar. Pone el teléfono el altavoz y mientras suena cierra la puerta y nos quedamos en silencio. Al final alguien contesta, es la voz de un hombre mayor. — ¿Quién habla? -pregunta serio. — Diablo -la mujer lo llama. El hombre tarda un poco en hablar. — ¿Anto? -pregunta y escuchamos como lanza una carcajada. — Si, soy yo -contestó la chica. — Pinche, Anto. Ya no te veía desde hace días, creímos que ya te habían dado cuello wey -dice entre risas. — Si, bueno, pues no es así -dice la mujer por teléfono. — Escuché que tuviste problemas con unos legados, ¿estás bien, morra? -pregunta. La mujer nos mira unos segundos y luego habla. — Si, estoy bien, diablo -dice con voz contenta. — ¿No te hicieron nada? — Nombre, sabes que se necesita más que unos pinches legados para que me hagan algo -contesta con burla. Pero nos lanza una mirada que nos dice a gritos perdón. Nora toma su mano dándole a entender que está bien, que ella está actuando para poder ver a su familia de nuevo. — ¡Esa es mi perra! Así se habla, mamona -dice casi a gritos el hombre— Entonces, si estas bien ¿para que me hablas? -pregunta con un tono de voz curioso. — Pues porque necesito tu ayuda, diablo -dice y escuchó al hombre bufar. — Irá, irá, ¿Y eso? -pregunta. — Pues es que ando escondida wey, hay un chingo de legados por dónde ando y no puedo estar tranquila en la calle -dice y escuchó al hombre volver a reír. — No me digas eso, ¿pues donde andas? -pregunta de nuevo. La chica nos mira, esperando a que le digamos algo pero Nora dice con su boca "el Topo chico" — En el Topo, wey -dice y el hombre maldice. — Ay, no mames,ahí está bien cabrón Anto. Ni yo me atrevo a ir ahí, wey — Pues para que veas en el problema en que estoy metida -dice y el hombre bufa. — Está bueno, morra. Paso por ti este jueves, que es cuando llegó -dice. — Nombre, gracias diablo, te debo una — ¿Qué ni qué nada? Ya sabes cómo es mi paga -añade el hombre y creo notar como la chica se tensa. — Si, está bien. Llegando allá te pago -contesta muy a su pesar y escuchó al hombre chiflar. — Hijole, así te ha de estar llendo que aceptas sin peros -añade el hombre. — Ya te dije que estoy en pedos, wey. Además sabes que nunca te miento -añade la chica. — No pues está bien, Anto. Te veo el jueves en la carretera que siempre tomo para el Topo -dice y se escucha como un motor se enciende.— Cuídate wey — Si, tu igual, adiós — Adiós -dice y cuelga. Ella nos mira con una sonrisa en su rostro y toma a la hija de antes para anotar la dirección de la carretera de la cual hablaba aquel hombre. — Está es la dirección, es el jueves. Al parecer van a traer a las personas ese día -dice. Tomó el teléfono y lo tiró al suelo mientras ella hablaba, salvando el chip. Ya que era algo que me había pedido Antonio. Una vez haya usado el teléfono este se destruía y se regresaba el chip. Pues él se encargaba de resetearlo. Todos nos miramos y nos sentimos, sabemos lo que hay que hacer. Hay que movernos rápido y tener todo listo para ese día. — Te traeremos algo para que comas, también ropa y una sábana, hoy dormirás aquí con llave, te estaremos vigilando, ¿de acuerdo? -dice Travis señalando la pequeña cámara que hay en una esquina de la habitación. La chica se queja y solo asiente. — También habrá un guardia en la puerta, quién te llevará al baño cuando quieras ir -añade Nora y la chica vuelve a asentir. — Si, está bien. Haré lo que me pidan, todo sea por hacer justicia -añade mirándonos a los tres. Siento mi pecho caliente y sin decir me giro para salir de la habitación. — Espera -me llama la mujer. Me giro sobre mi eje y la observo, sus ojos me miran con piedad y tristeza. -- Quiero agradecerles por todo esto -dice mirándonos a los tres de nuevo. — No nos agradezcas aún -digo serio— Todavía no tenemos a ese tipo, agradecemos cuando el trabajo esté completo Y sin más salgo de la habitación caminando hacia la salida que solemos tomar para ir al exterior y dirigirme a mi casa que queda cerca de aquí. Salgo por una puerta de servicio que da hacia un jardín del parque fundidora y salgo de este con rapidez. Cruzó unas calles para al fin llegar a una avenida donde hay muchos negocios de vulcanizadoras. Doy vuelta por una de las calles que hay entre la avenida y que da hacia unas casas algo antiguas. Entro en una de dos pisos de color carne, cercana a un puesto de tacos.Abro el barandal n***o que la adorna y me adentro a la casa. En cuanto llegó y prendo el foco, Cain, mi perro me recibe. Es un pastor alemán color marrón, su cabello ya está muy largo que incluso parece un pequeño león. — Hola, amigo. ¿Cómo está mi guardián preferido? -lo halago, recibiendo un pequeño baile de su parte. Acaricio su pelaje y me adentro a la casa, caminando hacia la cocina para sacar una botella de agua del refrigerador junto con un plato tapado con aluminio y en dónde tengo un pedazo de carne de ayer. Enciendo la estufa, poniendo la carne en un sartén junto con la salsa enlatada. Caín me chilla a lo lejos y me mira con ojos de cachorro. Me río y tomó un pedazo de carne y se lo lanzó, él lo toma enseguida y comienza a comerlo. — Solo será eso, Caín. Que no hay mucho para los dos -digo, volviendo a cocinar. Me sirvo en un plato la comida, listo para comer y sentándome en una mesa que tengo enfrente de la cocina, Caín se acerca a su plato, el cual está lleno de croquetas y comienza a comer. Miro a mi alrededor por un momento. Enfrente de mí una gran vitrina de madera está, en la cual fotografías de mis papás y hermana descansan, también hay algunas figuras de mármol y vidrio, junto con algunos diplomas y trofeos. Dejo de mirar la vitrina y miro ahora hacia la entrada. En donde enfrente de la puerta hay una mesa pequeña con un plato largo de porcelana negra, en donde comúnmente dejo las llaves. Al lado izquierdo de la puerta un mueble grande sin puertas, solo repisas adorna toda la pared, dejando solo un pequeño espacio en donde está una ventana que da hacia la calle. En el mueble grande descansa la televisión y el modificador de canales al igual que un DVD viejo. En los demás espacios descansan libros, más fotografías familiares, discos de artistas de los 90 'sy 2000' s. Al igual que un pequeño peluche de felpa que era de Mónica. Enfrente del televisor se encuentra la sala, con muebles cafés que hacen juego con la pintura blanca y café oscuro. Una pared con una barra divide el comedor con la sala. Una lámpara antigua cuelga del techo, iluminando gran parte de la casa. En la cocina hay otra puerta, la cual da para un pequeño patio que conecta con otra casa. La cual usó como almacén oa veces gimnasio. Mis padres habían comprado este terreno hace ya mucho tiempo por lo baratos que estaban, además de que quedaba cerca de algunas escuelas y sobre todo el cuartel general. Siempre he vivido aquí, junto con Mónica y con ellos, hasta que un día ellos murieron. Fueron enviados a una misión y unas oscuras los asesinaron. O eso es lo que me han dicho por años. Cuando ocurrió aquello yo era tan solo un niño de 12 y Mónica una adolescente de 17. En un principio como éramos menores de edad aún nos dejaron con un amigo de la familia, pero como era de esperarse Mónica tuvo que estudiar y prepararse para ser una legada y que no dependieramos de nadie más. La admiraba en ese entonces, cuando se esforzaba y era ella misma para lograr todo lo que quería, pero el trabajo, el estrés por querer ser mejor cada día la fue carcomiendo, hasta convertirse en una persona fría y sin sentimientos. Tomó una de las tortillas que calenté y me hice un taco con la carne que recién me hice con salsa. Justo cuando estoy por darle un mordisco enfrente de mí, en la vitrina la imagen de mis papás recién casados descansa en una de las repisas, sus rostros sonrientes y mirada iluminada de felicidad resalta de entre toda la vitrina. Levantó el taco a su dirección y les sonrió. — Gracias -digo. Siempre les he agradecido por todo a pesar de que ya no están conmigo. Lo hago porque gracias a ellos tengo un techo donde vivir, tengo una profesión que me da de comer todos los días, aprendí a defenderme gracias a mi padre y a respetar y valorar a todas gracias a mi madre. Gracias a ellos soy quien soy ahora, y lo mínimo que puedo decirles es un gracias. Vuelvo a comer, mirando a Caín devorarse todas las croquetas que le dí. Sonrió al verlo contento y moviendo su cola peluda. Mi celular suena y lo sacó de mi bolsillo trasero del pantalón. Al abrirlo es un mensaje de Travis. TRAVIS: Edwin ya despertó... No digo nada, solo lo dejo en visto. Vuelvo a comer, escuchando como mi celular vuelve a sonar. Ahora es una llamada y el nombre que aparece en mi pantalla casi me hace escupir la comida... Mónica
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