Laura

1158 Words
capitulo 3 Narra Laura Smith (pediatra) Mis pensamientos no se quedan tranquilos, siento que llevo muchísimo tiempo sin dormir o al menos descansar, esto que da vueltas a mi cabeza, no me deja en paz. He tenido varias relaciones, ninguna buena, siento que no he tenido suerte en mi vida, ni he tenido suerte con los hombres. Camino para tratar de despejarme, ya no sé ni qué pensar, creo que me quedaré un tiempo sola, sin tener que rendirle cuentas a nadie, generalmente las parejas que he tenido me exigen mucho; uno me pidió más tiempo que dedicarle cuándo debo estar hasta horas extras en el hospital. Otro me dijo que quería que viviéramos juntos, y de verdad lo intenté, pero sentía que me tenía en una prisión, me monitoreaba cada vez que podía, me revisaba el celular y me armaba una escena de celos absurda, porque ni siquiera tenía el tiempo de conocer a otros chicos. Incluso una vez Intentó ir a diario al hospital, con la excusa de ir a buscarme por romántico, pero lo descubrí en uno de los pasillos preguntándole a una de las enfermeras si me había visto con algún amor. ¡que vergüenza! Sentí que quería correr y no volver más. Al día siguiente no quería ni verle la cara. Pasó como un año de ese bochornoso episodio, decidí dejarlo porque sentía que no había esa chispa de estar juntos. Un día por la tarde, después de salir del hospital temprano porque me sentía un poco indispuesta, veo a lo lejos un chico atractivo, no se por que me pareció interesante si no tenía nada sobresaliente en particular, yo ni siquiera creo en el amor a primera vista, pero estoy casi segura que eso pasó. Era una atracción tan fuerte que no podía dejar de verlo hasta que lo perdí de mi visión. Después decidí pasar por el mismo lugar varias veces a ver si por casualidad lo encontraba en ese mismo café, incluso sin ganas de comer algo, iba con la excusa de pedir algo para llevar y así buscarlo y poder verlo, lamentablemente no corrí con la suerte. Una vez de tantas en las que fui, lo halle ahí sentado, como si me estuviera esperando, no negaré que tuve ganas de sentarme y presentarme, pero no quería parecer una mujer desesperada o loca. Me limité a visualizarlo de reojo, para que él no se sintiera incómodo, pude notar como la brisa volaba ese cabello castaño, como sus brazos velludos se llevaban lentamente esa taza de café hacia sus labios ¡oh! ¡como quisiera ser esa taza! Quisiera que me tomara con esa misma precisión, que me hiciera suya. No se si esto se limita a un deseo s****l nada más, o si es un sentimiento que nació por él. No se cómo conocerlo de manera que parezca casual y no como si supiera que lo ando persiguiendo, ¡ni yo misma me reconozco! Pero es que es la primera vez que siento esto. Cuando estoy cerca de él, se me estremece el cuerpo, es como si mis labios temblaran porque pierden el control, es como si mis piernas de repente entrarán en un frío incontrolable a tal punto que no siento la circulación de ellas, es como si me desmayara pero estando consciente. Creo que sí me dijeran que algún día iba a reaccionar así, que me volvería de esta manera, no lo hubiese Creído, ¿yo? ¿persiguiendo a un chico? ¿Enamorándome a simple vista? ¡ni siquiera pasaría por mi cabeza! Un día, me entero que en el hospital donde trabajo llega un médico residente nuevo, o mejor decir que varios, pero cuando voy a darles la bienvenida, ¡no lo podía creer! ¡era él!. Sentí que el tiempo se detuvo. Ya puedo comprender el dicho que dice que ¡el mundo es un pañuelo! Estaba parada frente al amor de mi corazón, no sé si estaba soñando. Intentaba disimular mi emoción, decía que era por el hecho de que hubieran futuros doctores parados frente a mi. ¡si supiera él mis pensamientos! Pensaría que estoy loca y creo que hasta huiría de mí. Ese día les di el recorrido por el hospital, les mostré donde se ubicaban los cubículos, donde estaba la sala de operaciones, donde podían conseguir insumos, donde estaban los pacientes, la UCI, y no puedo recordar mucho de ese día, solo sé que de último les recalqué cuál era mi cubículo y mirándolo fijamente le dije: -recuerden, que aquí estaré cuando lo necesiten o si tienen alguna duda- y todos sonrieron de la emoción por comenzar rápido, pero la única en la que me fijé, fue la de él. De allí en adelante, pude visualizar su rutina: llegaba a las 7 am aproximadamente, iba a la cafetería y pedía un late con una galleta de chispas, se sentaba con sus libros de medicina a repasar por 20 minutos las cirugías en las que estaría presente de observación, ¡que bello se veía con sus gafas! Resaltaban sus ojos cafés. Recuerdo que desde que él comenzó a trabajar aquí en el hospital, mis días eran más alegres, ya no necesitaba que mi alarma sonara, era como si mi cerebro lo calculara para poder llegar a tiempo y poder ir a la cafetería a mirarlo, mis horas de trabajo se pasaban lento, aprovechaba el momento que no tenía pacientes para dar un recorrido y saber que estaba haciendo, siempre me ofrecía para cualquier cosa con él. Siempre pensaba que era un chico serio, por más que le insinuaba cosas de manera disimulada, nunca se aprovechó de eso para tener algo, aunque no sé si es que no lo notaba. Yo creo que ni se acordaba de mi nombre, solo estaba enfocado en sus notas y sus procedimientos, a veces me sentía frustrada porque lo quería para mí, de manera inmediata. Solo me decía: -¡buen día doctora!- -¡gracias por la instrucción-¡ Pero siempre me decía así, aunque en algunas ocasiones le dije que me llamara por mi nombre porque había confianza. Un día paseando por la cafetería, lo vi allí sentado y decidí acercarme para conocerlo un poco más e indagar un poco si está algo interesado en mi. Le pregunté de dónde era, a pesar de que me comenzó a contar de su vida, yo me enfoque en sus labios, sus movimientos hasta el punto de imaginarme besándolos. Llegamos a la conversación de mi vida de como me hice pediatra, lo que me dejó un poco sorprendida fue el hecho de que a mitad de conversación el me interrumpiera y se fuera de allí. Creo que llegó a molestarme, pero recordé que tuvo un mal día por un paciente que murió en sus manos, suele pasar cuando estamos nuevos como cirujanos. Lo que sé es que no me rendiré, ¡lucharé por él! ¡Lo quiero para mí!.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD