―Qué quieres decir, Adam, se claro. ―Quieres que sea claro, pues entonces te lo repito. Voy por todo con mi hija sino quieres aceptar que me equivoque me da igual, te diré que no pienso renunciar a ella. Adam adelanta los pasos que retrocedió anteriormente y llega nuevamente a mí, mirando desafiante, con ese gesto altanero y orgulloso de yo soy el mejor. ―Busca toda la asesoría que quieras, pero digas lo que digas voy a pelearte mi derecho como padre. Y no me provoques porque haría hasta lo que no deba para lograr que me sea dada la patria potestad de mi hija. ―No te atrevas ―mando pero me ignora se gira y camina hacia la salida sin mirar si quiera para atrás. ―Es mejor que veas como harás para que vea a mi hija diariamente o yo cumpliré mi palabra. Abre la puerta y sale sin cerra

