capitulo 33

1099 Words
Ansiosa, balanceo mis caderas, frotando mi sexo empapado contra su gordo y duro m*****o. Gruñe, y yo me arqueo cuando me empotra contra la pared más cercana. —Balthazar — gimo, rompiendo el beso. Comienza a frotarnos en seco, y su boca baja a mi cuello con hambre. Me lame allí. Mi sexo palpita y mis pezones duelen por ser chupados. —Siente lo duro que me pone saber que puse a mi hijo en tu vientre, que estás totalmente marcada por mi — vuelve a mi boca y me besa con rudeza. Los movimientos de sus caderas se vuelven más duros y desesperados. Sus manos me agarran del culo, y me quejo cuando sus dedos se meten dentro de mis bragas, apretando mis mejillas mientras me embiste en seco. —Oh, Dios. Más — suplico entre besos —. Por favor — gimoteo, tirando de su cabello y acompañando sus movimientos con las mismas ansias. El placer no me deja concentrarme en seguir sus besos. Me aparto y lo miro con los ojos entrecerrados. Araño sus hombros cuando veo una sonrisa de pura malicia en sus labios al verme tan ansiosa por él. La lascivia en su mirada tampoco se me pierde. —¿Me quieres aquí dentro, nena? — provoca, metiéndome una mano entre las piernas. Mi cabeza cae sobre la pared cuando sus dedos me tocan sobre las bragas. Gimo. Me frota tentativamente, y me muerdo el labio para no gritar. —Si. Allí — suplico, balanceando mis caderas contra su mano. —Yo también lo quiero — gruñe, y me arranca las bragas, dejando mi sexo desnudo. Chillo cuando adentra sus dedos entre mis pliegues humedecidos y rodea mi clítoris con su dedo pulgar. Hace movimientos circulares sobre él mientras dos de sus dedos comienzan a bordear mi entrada. —No, tus dedos no — gimoteo, arañando su cuello. Lo miro, y sus oscuros ojos se vuelven tormentosos, porque sabe lo que le pido. —Toma lo que quieres de mí, Valerie — ordena, ronco. Me sonrojo, pero bajo una de mis manos por su cuerpo, paseando mi mano por su duro pecho y bajando hasta la abertura de sus pantalones. Su pecho se estremece cuando abro su bragueta y meto la mano en su ropa interior. Me empapo al sentir su m*****o en mi palma, porque se siente pesado y caliente, y no puedo evitar acariciarlo. —Valerie — advierte en un gruñido sobre mi boca. Pero lo ignoro, comenzando a subir y bajar mi mano por toda su longitud, en lentas y firmes caricias, que poco duran, porque Balthazar se pone impaciente. — Suficiente — jadeo cuando me aparta la mano y me mueve para llevar su m*****o a mi entrada empapada —. Siente lo que me haces, Valerie — gruñe, y es la única advertencia, antes de embestir duro. Grito y ruedo los ojos, sintiéndole estirarme tan bien y placentero. Hay un leve rastro de incomodidad, pero sentir su m*****o tan duro y caliente dividiendo mis músculos más sensibles, hace que el placer sea mucho más que el dolor. —Nena — gime ronco cuando le aprieto. Entra y sale de mi interior con firmes movimientos. Me mueve a su antojo. Embiste profundo, llegando hasta el final. Estoy tan mojada, tan excitada. Mi cuerpo se siente tan caliente, mis pechos tan pesados. Paseo mis manos por sus músculos, y me mojo cada vez más. Es tan masculino y sexy. —Toca todo lo que quieras, solo haces que quiera joderte más duro — gruñe sobre mi boca abierta por la falta de aliento. Sonrío entre el placer. Sus embestidas se vuelven más rápidas. Sus dientes me recorren la garganta. Su lengua me chupa los pechos a través de la camiseta. Muerde mis pezones duros a través de ella. Y la explosión empieza a formarse en mi bajo vientre. Cuando no puedo aguantar más los gritos que quieren salir, me abalanzo sobre su boca y lo beso. Me prendo de sus labios húmedos y gruesos. Balthazar me quita al instante el poder, me besa a su antojo, así como también me embiste a su voluntad. Gimo, grito entre sus labios. Recibo lo que me da, relajo mis músculos internos y le permito entrar más profundo. —Tan rico — gruñe cuando me baja el escote de la camiseta y el sostén sin tiras, dejando mis pechos desnudos para su boca. Me chupa los pezones y sube una de sus manos para pellizcarlos y amasar mis pechos. Entra y sale. Profundo y húmedo. Araño su espalda y me arqueo cuando el placer es absoluto. Sus embestidas son demasiado, su lengua sobre mi piel es todo. Me siento una muñeca hecha para su placer, y eso hace que me moje más, porque me usa a su antojo, pero también me da lo que necesito. Sus caderas se mueven con frenesí, y la pared fría en mi espalda es el cielo contra mi piel ardiendo. —Siente lo que me haces, Valerie. Siente el delirio en el que me pones — me mete el m*****o con profundidad. Lo siento palpitar en mi interior, engrosarse. Su respiración está agitada, sus pupilas dilatadas. Me muestra los dientes mientras me jode. Está frenético. Y me empapa toda. —Te siento, Balthazar — susurro, agitada. Mis paredes le aprietan. Sobreexcitada, muerdo su hombro, chupo su garganta. Gimo cuando baja la mano y me toca el clítoris con dos de sus dedos. Hace círculos delirantes. Le muerdo más fuerte. —Eso es, pequeña, márcame, soy tuyo — gime, complacido. Mis mordiscos le ponen más duro, y empuja más rápido cada vez. Mi espalda choca contra la pared y el orgasmo se siente tan cerca. Mis pliegues palpitan una y otra vez. Mi humedad nos empapa a ambos. Y los sonidos que hacen sus pelotas al chocar contra mi carne, hacen eco en la sala del hospital. Tres embates luego, y el orgasmo explota inevitablemente en mi interior como un huracán, quitándome un último grito que acallo contra su piel mientras me corro con intensidad y me aferro a sus hombros con fuerza. —Valerie — Balthazar gruñe ronco con ronquedad cuando mi orgasmo hace que mis paredes se contraigan alrededor de su pene, presionándolo con fuerza y logrando hacerle correr en una última y profunda embestida —. Joder — brama y explota en mi interior. Agitada, escondo mi rostro en la curvatura de su hombro y jadeo cuando le siento comenzar a descargarse entre mis paredes con la misma intensidad de siempre. Sonrío contra su piel y lo miro.
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