CAPÍTULO 2

1226 Words
El tictac del reloj resonaba en mi estudio, recordándome que el tiempo se agotaba. Siete días. Siete largos días desde aquella cena en casa de mis padres, y aún no había tomado una decisión. O tal vez sí, pero no era la que todos esperaban de mí. Miré por la ventana, observando el ajetreo de Chicago. La ciudad nunca dormía, siempre en movimiento, siempre exigiendo más. Como mi padre. Como Ethan. —Megan, cariño —la voz de Ethan interrumpió mis pensamientos. Entra en el estudio, su rostro una mezcla de preocupación y frustración—. ¿Has pensado más en la propuesta de tu padre? Suspiré, cerrando el manuscrito del cuento infantil en el que había estado trabajando. —Ethan, ya hemos hablado de esto. Todos los días, de hecho. —Lo sé, pero... —se acercó, poniendo sus manos sobre mis hombros— es una oportunidad única. Es tu legado. Me levanté, apartándome de su toque. —Mi legado —repetí, el sabor amargo de la palabra en mi boca—. ¿Y qué hay de mis sueños? ¿De mis historias? Ethan hizo un gesto hacia el manuscrito en mi escritorio. —Megan, sabes que apoyo tu escritura, pero... —hizo una pausa, eligiendo cuidadosamente sus palabras— no se dirige un imperio editorial escribiendo cuentos infantiles. Sus palabras me golpearon como una bofetada. Me volví hacia él, la ira burbujeando en mi interior. —¿Un pasatiempo? ¿Eso es lo que piensas que es esto para mí? —No, no quise decir... —Sé exactamente lo que quisiste decir —lo interrumpí—. Lo que no entiendo es cuándo cambiaste tanto. Cuándo dejaste de apoyar mis sueños. Ethan se pasó una mano por el cabello, frustrado. —Megan, te estoy apoyando. Podemos hacer esto juntos. Puedes trabajar en la editorial por un tiempo, y luego yo me haré cargo. Así podrás dedicarte a lo que te gusta. Negué con la cabeza, cansada de la misma conversación. —No entiendes, Ethan. No quiero "un tiempo". No quiero comprometerme con algo que sé que me hará infeliz. —Pero tu madre dice... —Mi madre ha vivido bajo la sombra de mi padre toda su vida —lo corté—. No voy a cometer el mismo error. El silencio cayó entre nosotros, pesado y cargado de tensión. Finalmente, Ethan habló, su voz suave pero firme. —Tu padre espera una respuesta hoy, Megan. ¿Qué vas a decirle? Tomé una respiración profunda, sintiendo el peso de la decisión sobre mis hombros. Pero en el fondo, sabía que ya había tomado mi elección. —Le diré que no, Ethan. No puedo hacerlo. No lo haré. Vi la decepción en sus ojos, mezclada con algo más... ¿incredulidad? ¿Ira? —Megan, por favor, piénsalo bien. Estás tirando por la borda una oportunidad increíble. —No, Ethan —respondí, mi voz más firme de lo que me sentía—. Estoy eligiendo mi propio camino. Estoy eligiendo ser fiel a mí misma. Ethan me miró por un largo momento antes de sacudir la cabeza y dirigirse a la puerta. —Espero que no te arrepientas de esto —dijo antes de salir, dejándome sola con mis pensamientos. Me dejé caer en la silla, el peso de mi decisión finalmente cayendo sobre mí. Sabía que las cosas no serían fáciles a partir de ahora. Mi padre estaría furioso, mi madre decepcionada, y Ethan... bueno, eso estaba por verse. Pero mientras miraba el manuscrito sobre mi escritorio, sentí una chispa de esperanza. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que estaba tomando el control de mi vida. Y aunque el camino por delante fuera incierto, al menos sería mío. Me miro en el espejo una última vez, ajustando el vestido n***o que se ajustaba perfectamente a mi figura. El escote palabra de honor resaltaba mis hombros, y la abertura en la pierna añadía un toque de sensualidad. Mis ojos, ahumados y resaltados con sombras oscuras, brillaban con mi tono morado inusual, el llamado síndrome de Alejandría que había heredado de mi abuela. Mientras me hacía una cola alta, no pude evitar reflexionar sobre las decisiones que me habían llevado a este momento. Toda mi vida había sido una serie de expectativas cumplidas: ser una buena hija, destacar en mis estudios, casarme con el "hombre adecuado". Ethan... mi mente se detuvo en él. Le debía tanto. Después de todo lo que paso, cuando todo mi mundo se derrumbó, él estuvo allí, inquebrantable. Incluso ahora, después de años de matrimonio sin hijos, nunca me presionó. Entendía que no me sentía lista para ser madre, y respetaba eso. Pero esta noche... esta noche era diferente. La gala de aniversario de la empresa de papá se cernía sobre mí como una nube oscura. Sabía lo que todos esperaban: que aceptara públicamente el cargo de sucesora. La idea me revolvía el estómago. —¿Megan? ¿Estás lista? —la voz de Ethan llegó desde el piso de abajo. —Ya voy —respondí, tomando una respiración profunda. Bajo las escaleras, sintiendo el peso de las expectativas con cada paso. Ethan me esperaba al pie, impecable en su esmoquin. Sus ojos se iluminaron al verme. —Estás hermosa —dijo, ofreciéndome su brazo. —Gracias —respondí con una sonrisa tensa—. Tú también te ves muy bien. Mientras nos dirigíamos al auto, Ethan me miró de reojo. —¿Estás segura de tu decisión? —preguntó suavemente. Sentí que mi corazón se aceleraba. ¿Lo estaba? —Yo... —comencé, pero las palabras se atoraron en mi garganta. Ethan se detuvo, volviéndose hacia mí. —Megan, sé que esto es difícil para ti. Pero quiero que sepas que, sea cual sea tu decisión, estoy aquí para apoyarte. Sus palabras me sorprendieron. ¿No había estado presionándome toda la semana para que aceptara? —Pensé que querías que aceptara el cargo —dije, confundida. Ethan suspiró, tomando mis manos entre las suyas. —Quiero lo que sea mejor para ti, para nosotros. Sí, creo que podrías hacer cosas increíbles en la empresa, pero... —hizo una pausa, sus ojos buscando los míos— también sé cuánto amas escribir. Y te amo a ti, no a un título o una posición. Sentí que las lágrimas amenazaban con arruinar mi maquillaje. "¿Cómo podía haber dudado de él?" —Ethan, yo... El sonido de una bocina nos interrumpió. Nuestro chofer nos indicaba que era hora de partir. —Tenemos que irnos —dijo Ethan, abriendo la puerta del auto para mí—. Pero recuerda, sea lo que sea que decidas anunciar esta noche, estoy contigo. Mientras nos dirigíamos a la gala, mi mente era un torbellino de emociones. Por un lado, el peso de las expectativas familiares y sociales. Por otro, mis propios deseos y sueños. Y en medio de todo, Ethan, recordándome que tenía opciones. El auto se detuvo frente al lujoso hotel donde se celebraba el evento. Pude ver los flashes de las cámaras, los reporteros esperando capturar la llegada de la familia Sinclair. Ethan me apretó la mano suavemente. —¿Lista? Tomé una respiración profunda. No, no estaba lista. Pero era hora de enfrentar mi futuro, cualquiera que fuese. —Vamos —dije, preparándome para salir del auto y enfrentar lo que me esperaba.
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