Capitulo 2

2075 Words
Daniela 3 Años antes Estoy sentada en el campo de americano, viendo cómo los chicos practican. Mi hermano siempre se molesta cuando vengo, pues dice que distraigo a muchos de los chicos y él, como capitán, tiene que estar llamando su atención. Pero eso realmente no me importa; a mí solo me gusta llamar la atención de un solo chico y, para mi desgracia, la tengo, pero no como realmente quisiera. Me pongo de pie, pues los chicos han terminado y van a las duchas. Empiezo a caminar hacia la cafetería. Cuando llego a ella, voy y tomo una hamburguesa. Cuando voy con mi bandeja a la mesa de siempre, me topo con Emiliano, uno de los chicos más guapos de la universidad. Solo que él está en último semestre y yo apenas en segundo. Él me sonríe coqueto y yo vuelvo los ojos con fastidio. —Hola, Dani, ahora te ves más linda que otras veces. ¿Cuándo vas a aceptar una cita conmigo? Yo empiezo a negar, pero antes de que pueda contestar, alguien me toma por la cintura y pone su barbilla en mi hombro. —¿Cuántas veces te tiene que decir que nunca? No eres su tipo, déjala en paz. Él mira a Mauri con una ceja alzada y le sonríe. —Tú, ¿por qué te metes donde no te llaman? Simplemente eres su amigo, no puedes estar decidiendo por ella. ¿Por qué no vas y buscas a tu noviecita? Créeme que te conviene. Cuando él dice eso, Mauricio se pone serio, toma mi mano y caminamos hacia la mesa. Cuando tomamos asiento, yo empiezo a comer mis papas como si no hubiera escuchado nada. Él solo suspira, se recarga en su silla y cruza los brazos, viéndome comer, hasta que después de unos minutos rompe el silencio. —Daniela, te voy a hacer una pregunta. Tú eres mi mejor amiga, ¿cierto? Yo, aún con la boca llena, sé que no es muy sexy que digamos, asiento. —Claro, ¿por qué dudas de eso? —No es que dude de tu amistad, solo quiero creer que siempre me dirías la verdad. Así que, tú eres la capitana de las porristas y Nancy es una de tus porristas. ¿Alguna vez la has visto con alguien más? o Coquetea con los chicos. No lo sé, siempre escucho rumores en los pasillos. Yo empiezo a toser como una loca, pues casi me ahogo con la estúpida papa que tenía en la boca. Él se pone de pie de inmediato y empieza a palmear mi espalda. Toma el zumo de naranja y me lo ofrece. Yo le doy un trago y respiro hondo para tranquilizarme. Veo que me mira a los ojos, esperando una respuesta. ¿Cómo le dices a tu mejor amigo que su estúpida noviecita se entiende con la mitad del equipo de americano sin verte celosa, sin que piense que es mentira, sin partirle el corazón? Como lo haces, creo que no hay manera, así que solo suspiro y me encojo de hombros, como si no tuviera importancia, cuando yo sé que sí la tiene. —Lo lamento, sabes que a pesar de que soy la capitana, no paso mucho tiempo con ellas, así que no podría decirte algo que no se. Solo te voy a decir una cosa: si hablan, es por algo, así que solo quédate atento. Pero aquí está el porqué no puedo abrir mi bocota. —Sí, claro, hablan porque la envidian. Una chica tan buena y noble, aparte de hermosa, tiene que tener personas que no soporten su brillo. Yo suspiro y vuelvo los ojos con fastidio. Tomo mis libros y me pongo de pie, golpeo su hombro y le digo: —Ay, Mauricio, eres un idiota. No es perfecta, nadie lo es. Él me miró con los ojos entrecerrados y está a punto de decir algo cuando escucho esa voz tan empalagosa y chillona. Justo acaba de llegar la reina de Roma. —¿Quién no es perfecta, cielo? Mauricio me mira a los ojos y yo levanto una ceja. Quiero escuchar que le diga delante de mí que he dicho yo que no es perfecta, pero obviamente no lo hace. —Daniela, Daniela no es perfecta, ¿cierto, Dani? Ella suelta una carcajada y me mira de arriba abajo. Sí, obviamente ella y yo jamás nos soportaremos. —Pero por supuesto que no es perfecta. ¿No la estás viendo? Por más que se quiera vestir linda, está demasiado delgada, no tiene curvas. Su cabello, mmm, ¿cómo decirlo? Está seco, se ve mal, y su forma de ser... vamos, si es un chico más. Yo doy un paso hacia ella, pero Mauri se mete entre nosotros dos. A esta estúpida le voy a partir la cara en este momento, pero cuando veo los ojos de Mauri, como un estúpido corderito, solo suspiro y me doy la vuelta y salgo de ahí. Cuando llego al pasillo, se escucha el bullicio de un montón de alumnos. Llego a mi casillero y guardo mis libros. Cuando lo cierro, ya está Emiliano de nuevo, recargado con una linda sonrisa en sus labios. Yo cierro mi casillero y empiezo a caminar hacia mi aula. Antes de llegar, Emiliano me detiene y me pega mucho a su cuerpo, así que yo solo lo miro a los ojos, esperando que me diga algo, hasta que lo hace. —Y entonces, ¿qué dices, Dani? ¿Aceptas mi invitación? Vamos, me has rechazado tantas veces. Dame una oportunidad para que me conozcas. Yo lo pienso un momento. Tengo que reconocer que el chico es guapo. Hace aproximadamente medio año terminó con su novio y hasta ahora no se escucha que esté saliendo con nadie, así que, ¿qué más puedo perder? Yo le sonrío y asiento. —Está bien, tienes una oportunidad. Espero que me guste el lugar a donde me vas a llevar. Su sonrisa se hace más grande y besa mi mejilla, pero muy cerca de mis labios. Él se da la vuelta y empieza a caminar lejos del aula, pero veo que viene Mauricio con el ceño fruncido. Yo lo ignoro y entro en el salón. Ya se encuentra la mayoría aquí. Soy de las chicas que les gusta sentarse al final de este, así que voy hacia mi asiento. Cuando estoy ahí, Mauricio llega y se sienta a un lado mío. Se ve molesto, pero no le tomo importancia. La clase transcurre normal. Bueno, no tan normal, pues Mauricio se mantuvo callado todo el tiempo, cuando por lo regular los profesores siempre le están llamando la atención. Cuando el timbre suena, yo tomo mis cosas y empiezo a caminar fuera del salón. Salgo al pasillo y camino hacia el estacionamiento. Cuando llego a mi coche, Mauricio me detiene. —¿Se puede saber qué diablos te pasa? Además, ¿ahora qué quería Emiliano? Sigue insistiendo con lo mismo. Yo volteo y le sonrío sarcástica. Él me pide explicaciones después de la estúpida respuesta que le dio a su novia, que se vaya mucho al carajo. —A mí no me pasa absolutamente nada. ¿Y qué quería Emiliano? Eso no te importa. Y anda, corre, porque Nancy viene para acá y no se me olvida que me debe una, así que mantenla alejada de mí, ¿entiendes? Él se ve sorprendido, pero no dice nada más. Yo me subo al coche y voy a casa. Cuando llego, ya es un poco tarde, así que solo subo a mi habitación y me aseo, pues mi madre ha servido la cena. Después de terminar de cenar, empiezo a hacer tarea. Ni siquiera me di cuenta cuánto tiempo he estado aquí sentada en la computadora hasta que veo el reloj y ya pasa de la medianoche. De pronto suena mi celular y, cuando lo veo, es un mensaje de Mauricio. En serio, yo suspiro y lo abro, sonriendo triste con lo que dice: “Lamento lo que sucedió en la cafetería. Jamás debí decir eso. Eres mi mejor amiga y sabes que te quiero mucho, pero estoy enamorado de Nancy y no quiero que se enoje conmigo por una estupidez. ¿Me perdonas, por favor? ¿Me perdonas? Anda, di que sí.” Es un idiota, pero como él dice, es un idiota enamorado, y yo soy aún más idiota por seguir enamorada de él cuando sé perfectamente que jamás habrá nada entre nosotros. Me tiré en la cama y solo le mando un mensaje: “Yo también te quiero, idiota.” Cierro mis ojos y me quedo dormida sin darme cuenta. Por la mañana, mi madre toca la puerta. Estoy terminando de arreglarme, así que es muy extraño, pero con lo que me dice, entiendo todo. —Dani, Mauricio te está esperando abajo. Dice que él te llevará a la universidad. Yo sonrío como tonta, termino de arreglarme y bajo las escaleras. Me cruzo de brazos y lo miro con una ceja alzada, pues en sus manos trae mi pastelillo favorito y un café americano n***o, que obviamente él sabe que también es mi favorito. Yo niego y sonrío. Pone su mejilla para que la bese, pero no lo hago. Solo tomo el café y el pastelillo, camino hacia la nevera y guardo este último, y empiezo a caminar fuera de casa con mi café en la mano. Solo le grito a mis padres: —¡Mamá, papá, ya me voy! Mi madre es la que me contesta. Eso quiere decir que papá ya está en la oficina. Mauricio viene tras de mí. Cuando llegamos a su coche, él me abre la puerta y hace una reverencia. —Adelante, mi princesa, que su caballero la llevará hasta su escuela. Yo subo al coche y vuelvo los ojos. Es un ridículo, pero no le digo nada más. Cuando vamos en camino, los dos estamos en completo silencio, hasta que él suspira y hace la gran pregunta. —Eh, oye, Dani. —Mmm. —Ayer ya no me dijiste qué quería Emiliano. ¿Te volvió a molestar? Tú dime y yo me encargo de resolverlo. Yo suspiro y vuelvo a ver todo el paisaje por la ventanilla. Me encojo de hombros porque realmente él jamás me ha molestado. Por el contrario, siempre se ha portado muy bien. —Mauricio, sabes que de mis problemas me encargo yo. Además, Emiliano jamás me ha molestado. Por el contrario, solo quería una cita conmigo, así que acepté. Él frena tan bruscamente que mi café se tira completamente en el piso del coche. Yo volteo a verlo muy molesto, pues mis zapatos han quedado manchados. —¿Qué diablos te sucede? ¿Por qué conduces así? Él guarda silencio, pero su ceño está fruncido. Empieza a conducir de nuevo y yo, con un poco de papel, trato de limpiar mis zapatos. —Lo lamento, simplemente me sorprendió tu decisión. Jamás habías querido salir con un chico. ¿Te sientes bien? ¿Te pasa algo? Yo sigo limpiando mis zapatos sin prestar atención a su rostro. —¿De qué estás hablando? Simplemente es una cita. Además, tengo que aceptar que Emiliano es un chico muy guapo. Cualquier mujer quisiera salir con él. ¿Por qué yo no lo haría? Además, él sí me ve linda, perfecta. Él golpea el timón del coche y es cuando vuelvo a ver su rostro. Se ve muy molesto. Ya no está la sonrisa con la que lo había encontrado en la sala de mi casa, así que ahora la que frunce el ceño soy yo. —¿Qué diablos te sucede? Él empieza a negar. —Nada. No me pasa nada. Simplemente es muy extraño que de pronto te llame la atención los chicos. Yo suelto una carcajada. Este idiota, ¿de qué está hablando? —Mauri, tienes toda la vida de conocerme. Siempre me han gustado los chicos, ¿o qué pensabas, que me iba a ir a un convento? Por Dios, eso no va a pasar. —¿Que? no sería una mala idea. Yo sigo riendo; definitivamente se ha vuelto loco. Cuando llegamos al estacionamiento de la universidad, ahí está Emiliano con una rosa en su mano. Cuando me ve, me sonríe y creo que me he puesto como un tomate, pues nadie había tenido este pequeño detalle conmigo. Después de todo, creo que no fue mala idea aceptar su invitación.
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