Capitulo 3

1798 Words
Daniela 3 Años antes Cuando Emiliano se para frente a mí con la rosa en sus manos y una sonrisa arrebatadora, la verdad es que soy una mujer, cómo decirlo, cero cursi. No soy una mujer que sueña con flores y corazones, así que para no soltar una carcajada, simplemente aprieto mis labios en una línea. Sé que mis mejillas están rojas, pues, como dije, jamás nadie había hecho algo similar para mí. Cuando me ofrece la rosa, yo la tomo y agacho un poco la cabeza. Estoy por decirle algo cuando pasa Mauri por un lado nuestro. —Eres idiota y, aparte, cursi. Él sigue caminando; se ve molesto, pero la verdad es que no prestó atención. Emiliano solamente voltea los ojos con fastidio, pues ya es costumbre de Mauricio molestarlo. El día pasó como si nada; de hecho, se me hicieron las horas muy rápidas. A Mauricio no lo volví a ver en todo el día hasta la hora de salida, y aquí estoy, esperándolo, recargada en su coche, pues se suponía que me llevaría a casa. Pero cuando lo veo que viene con Nancy, suspiro y cierro los ojos, pues le pedí que la mantuviera lejos. Me cruzo de brazos y, cuando está frente a mí, lo miro con una ceja alzada. —Tú eres idiota, ¿cierto? ¿Cuánto tiempo más te tengo que estar esperando aquí? ¿Me llevarás a casa o no? A esta mujer parece que Dios no le dio cerebro. Da un paso hacia adelante y se cruza de brazos; me mira de arriba a abajo y sonríe. —Escúchame, Daniela, creo que tú no ves diferencia entre una amistad y una obligación. Mi novio sí. Escuchas bien, mi novio no tiene por qué llevarte a tu casa, así que anda, camina sola. Yo respiro hondo y cierro los puños. Apenas voy a dar un paso hacia adelante cuando Mauricio la coloca detrás de él. Yo lo miro con ganas de matarlo, pero él me mira muy serio y lo que me dice no lo puedo creer. —Lo lamento, Daniela, tendrás que irte sola a casa. Después hablamos, ¿quieres? Yo sonrío y niego. Me acerco a él y, con los dientes muy apretados, le digo: —Tú y yo ya no tenemos nada de qué hablar, así que no me busques, no me llames, no me dirijas la palabra, ¿entiendes? Y no te preocupes, que yo me voy caminando. Me di media vuelta y él toma mi brazo. Se veía arrepentido por lo que acababa de hacer, pero para su desgracia tengo un carácter que él sabe perfectamente que esta vez no lo voy a perdonar. Yo jalo mi brazo y empiezo a caminar. La verdad es que fue la mejor idea; necesito aclarar mi mente. Cuando he caminado un par de calles, se acerca un coche y se para a un lado mío. Cuando veo de quién se trata, sonrío, abro la puerta y me subo. Me recargo en el asiento y cierro mis ojos, pero, obviamente, él tenía que preguntar. —¿Qué le pasa a Mauricio últimamente? Parece que para él fuera más importante su novia que tú. Y esto que me dice Darío, se los juro, me dio en el corazón, pero tiene razón. Últimamente, Nancy es más importante que yo, aunque si lo ves de otro punto de vista, ella es su novia; es lógico. —No lo sé, Darío, y ahora guarda silencio, que me duele la cabeza. Él hace lo que le pido y la verdad es que lo agradezco. Cuando llego a casa, corro y subo las escaleras. Mi madre me llama para la cena, pero la verdad es que no tengo hambre. Siento un nudo en mi garganta, pero esto ya lo veía venir. Me tiro en la cama y me quedo dormida. Cuando abro los ojos es porque alguien golpea constantemente mi puerta. Yo frunzo el ceño, me pongo de pie y la abro, y ahí está mi hermano, cruzado de brazos y con una sonrisa torcida. —¿Qué quieres? —Ahí abajo está Mauricio. ¿Qué le digo? —Que se vaya al diablo y que no me vuelva a molestar, ¿entiendes? Él abre la boca sorprendido, pues Darían no está enterado de nada, pero solo asiente y baja las escaleras. Yo vuelvo a cerrar la puerta, me doy la vuelta y estoy a punto de tirarme de nuevo en la cama cuando se abre la puerta de un solo golpe. Apenas me doy la vuelta para ver de quién se trata cuando Mauricio, como un toro desbocado, camina hacia mí y me sube a su hombro. Hacía tanto tiempo que no hacía eso, y él está muy consciente de que odio que lo haga. Yo golpeo su espalda, pero, obviamente, a él no le afecta nada. Baja las escaleras como si cargara una pluma. Cuando estamos casi en la calle, por fin me baja. Yo me cruzo de brazos y él me ve molesto, pero si hay alguien molesto, tengo que ser yo. —¿Qué diablos te pasa? ¿Por qué haces eso? —¿Acaso me diste otra opción? Me mandaste al diablo. Yo sonrío y niego. ¿En serio está enojado por eso? —¿Y qué esperabas? ¿Que te recibiera con rosas y chocolates después de que me mandaste caminando cuando tú prometiste traerme a casa? Déjate de pendejadas, Mauricio. Qué es lo que quieres, que haga, como si nada hubiera pasado. No, ya estoy cansada de que Nancy siempre esté por encima de mí. Entiendo, es tu novia, estás enamorado y lo respeto. Siempre he respetado a las parejas que has elegido, a pesar de que eres un idiota para escoger a las mujeres, pero ya me cansé. Siempre soy tu plato de consolación, tus brazos cuando vienes llorando, tu psicóloga para aconsejarte y tu mejor amiga para soportar todo. Lo lamento, ya no quiero ninguno de esos títulos, ni siquiera el de mejor amiga. Él abre sus ojos sorprendido; creo que no puede creer lo que le estoy diciendo. Suspiro y empiezo a caminar hacia la casa de nuevo, pero él dice algo que hace que me detenga, pues no puedo creer que piense eso. Dios, ¿por qué no se pone en mi maldito lugar? —Todo esto es por Emiliano, ¿cierto? Ya no quieres ser mi amiga. Ahora que el primer chico que te habla y muestra un poco de interés en ti, me dejas de lado. Claro, ya no me necesitas. Yo me volteo y sonrío. —De verdad piensas que Emiliano es el único chico que se ha fijado en mí, ¿cierto? Tan poca cosa me crees. Pues déjame decirte que no es el primer chico que se ha fijado en mí, pero es el primer chico al que le voy a dar la oportunidad para que me haga olvidar. Y yo no te estoy dejando de lado; tú fuiste el que me dejaste a mí. Tú fuiste el que la preferiste a ella, y siempre ha sido así. Así que yo ya me cansé. En la tarde me trataste como si yo no fuera nada, y ahora vienes aquí a que te reciba con los brazos abiertos. No, Mauricio, ya no. —Tú tuviste la culpa de que te dejara ahí. Apenas llegamos a la universidad y te fuiste con Emiliano. Me dejaste a mí ahí como un idiota, a que todos se burlaran. Yo frunzo el ceño porque no sé de qué diablos me está hablando. —Yo no te dejé ahí. Ni siquiera me diste oportunidad de hacer nada. Simplemente te fuiste. Escúchame, Mauricio, esto se está haciendo cansado. Mejor de una vez por todas, cada quien por su lado. Te quiero mucho más de lo que quisiera y quiero lo mejor para ti. Si ella lo es, felicidades. Yo por fin empiezo a caminar de nuevo hacia la casa. Él dice algo entre dientes que no alcanzo a escuchar, pero ya no interesa. Cuando entro a la casa, todos están en la sala esperando, pero no es algo que les interese, así que subo a mi recámara y me vuelvo a acostar. Abrazo una almohada y empiezo a llorar. Me duele tomar esta decisión, pero sé que si no lo alejo ahora y saco esto que siento por él, más adelante, cuando él esté con alguien que de verdad ame, me dolerá aún más. Así que me quedo dormida sin siquiera darme cuenta. Por la mañana, mi rutina de siempre: prepararme para la universidad. Lo único bueno era que ahora Emiliano no se me despegaba para nada. Los rumores decían que Nancy se estaba cansando de Mauricio, pues se había vuelto callado, cuando él siempre había sido divertido. Cuando escuchaba platicar a las chicas en los entrenamientos, solo guardaba silencio, pues sabía que un día le daría su merecido, ya que hablaba de Mauricio como si fuera alguien insignificante. Había llegado el momento de la tan esperada cita con Emiliano, y puedo decir que me ha sorprendido, pues jamás me esperé esto. Me llevó a un bello acantilado, puso una manta en el césped, hicimos un camping. Había traído pastelillos, fruta y un poco de vino. Conocí a un Emiliano completamente diferente al que todos conocen en la universidad: sencillo, noble, inteligente y trabajador. Ahora, la pregunta incómoda: ¿por qué, si es un chico tan perfecto, su novia lo dejó? —Tengo algo que preguntarte. Él tomó un poco de su vino y me sonríe de lado. —Adelante, ¿qué quieres saber? —No quiero ser metiche, pero ahora que te conozco un poco más, eres un chico muy lindo. ¿Por qué te dejó tu novia? Él suelta una carcajada y niega. —Es que hay que ser sinceros: nadie entiende a las mujeres. Y no me malinterpretes, son un ser excepcional, pero muy complicadas, a veces. Te voy a responder: porque, al contrario de lo que todos piensan en la universidad, yo no tuve nada que ver con eso. Simplemente conoció a un chico mayor, tenía su trabajo, era inteligente, así que llamó su atención, y así de fácil me cambió. Pero no pasa nada, son experiencias que te da la vida. De hecho, tengo una buena amistad con ella. Yo lo miro con una ceja alzada, pues soy de las personas que piensan que una exnovia que ha engañado no puede ser una buena amiga, pero eso no tengo por qué decírselo. Yo simplemente sonrío y sigo disfrutando de este momento, y la verdad es que la pasé increíble. Definitivamente no me equivoqué al aceptar la salida por Emiliano; la equivocación la iba a cometer un par de años más adelante.
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