Daniela
Actualmente
Hace un par de semanas llegué a Nueva York. No voy a mentir, me ha costado un poco adaptarme a todo esto que es tan nuevo para mí. Vivir sola es tan diferente, aunque mi padre se encargó prácticamente de todo. Me regaló un hermoso departamento y, obviamente, un hermoso coche que estoy segura de que mi madre ni enterada está. Pero bueno, cuando se entere, ya mi padre se encargará de contentar a mi madre, que estoy muy segura se molestará demasiado con él. Por ahora, me preocuparé por el hambre tan terrible que tengo, así que entro a un restaurante después de haber estado todo el día por las calles de la Gran Manzana junto a un chico muy guapo. Pues mi padre no pierde el tiempo, así que creo que van cerca de seis edificios que veo para las oficinas que mi padre planea abrir aquí.
De inmediato, tomo asiento en una de las mesas, pues no miento cuando digo que muero de hambre. Una linda chica se acerca y me sonríe. De inmediato, levanta mi orden. Le pido que, por favor, me traiga un zumo de naranja, pues aunque prefiero una copa de vino, sé que si la tomo, me pondré muy ebria, así que por ahora no es una opción. Saco mi teléfono y de inmediato hago una videollamada, pues aún no he visto a mi terrón de azúcar. Apenas suena la llamada, mi mejor amiga de inmediato contesta y su hermosa sonrisa es lo primero que aparece en mi pantalla. Yo le sonrío y ella empieza a gritar como loca.
—¡Ahhhh, hermosa! ¿Cómo estás?
Yo sonrío y volteo los ojos.
—Pues tú misma lo has dicho, hermosa. ¿O acaso no me ves?
Ella deja de sonreír y me saca la lengua. Yo la miro con los ojos entrecerrados, pues no llamé para verla a ella.
—¿Dónde está mi terrón de azúcar? Anda, ponla en la pantalla que muero de ganas de verla.
Ella suspira y antes de irse me dice:
—Sabes que me lastima que no llames para verme a mí, solo a tu terrón. Sabes cuánto te extraño, me dueles, Daniela, me dueles mucho.
Yo suelto una carcajada porque se ve ridícula haciendo un puchero, pero como ella sabe que no me afectan sus palabras, se va y de pronto veo la cosita más hermosa del mundo. Estoy enamorada completamente de mi sobrina, es la cosa más dulce, más risueña. Dios, jamás había conocido a una beba tan hermosa. Prácticamente mis ojos votan pequeños corazoncitos.
—Dios, apenas son dos semanas sin verla y ha crecido demasiado. ¿Dónde está mi pequeño terronsito?
Sé que las personas me verán extrañadas por las tontas caras que le estoy haciendo a mi sobrina, pero no me importa. Así estoy por un largo momento, hasta que escucho que alguien carraspea y, así, con una cara muy extraña, levanto mi rostro y se los juro, me arrepentí mucho, pues frente a mí está un hombre muy apuesto, alto, pelinegro, con sus lindos ojos azules. Cuando lo miro a los ojos, él mantiene una sonrisa en su rostro y yo abro la boca completamente sorprendida, pues hacía varios años que no sabía de él. De inmediato, me pongo de pie y me lanzo a sus brazos. Él de inmediato me envuelve en un fuerte abrazo y suelta una carcajada. Solo escucho a Madison gritar:
—¿Qué? ¿Quién es? ¿Quién está contigo? ¡Yo quiero saber!
Yo me separo de él y le sonrío, beso su mejilla y suspiro. Dios, jamás pensé que lo volvería a ver y menos aquí, en esta enorme ciudad.
—Dios, ¿cómo has estado? Hacía tanto tiempo que no sabía de ti, pero mírate, estás guapísimo.
Él niega y suspira. Está a punto de responder cuando escucho que Madison vuelve a gritar:
—Por favor, ¿alguien podría tomar el teléfono? Si no, en este momento llamaré al 911.
Yo volteo los ojos con fastidio, me doy la vuelta y le muestro a Madison quién está conmigo. Ella guarda silencio por un momento y luego empieza a gritar de nuevo como loca:
—¡Ahhhh, Emi! ¿Cómo estás? Dios, años sin verte, pero parece que la gran ciudad te ama, pues te ves genial.
Emiliano se pone rojo como un tomate y yo suelto una carcajada. De pronto, escucho la voz de mi hermano.
—¿A quién ama la gran ciudad?
Él también se pone en la pantalla y yo volteo los ojos. Solamente llamaba a mi terronsito, pero parece que nos han interrumpido.
—Vaya, Emiliano, ¿cómo estás? Te habías desaparecido, brother.
—Hola, Darian. A mí también me da gusto verlos, pues aquí ando trabajando.
Y antes de que empiecen a decir otra cosa, yo carraspeo y los interrumpo.
—Sí, bueno, después les llamo porque yo quería ver a mi terronsito, pero ustedes ya me interrumpieron, así que cuídense. Los amo, bye.
Darian está por decir algo, pero yo de inmediato cuelgo. Volteo a ver a Emiliano, que ya está con los brazos cruzados y una sonrisa en su rostro.
—Jamás cambiarás, ¿verdad, Daniela?
Yo pongo mi mano en mi pecho como si estuviera ofendida y empiezo a negar.
—Obviamente no. Toda la vida voy a ser así. ¿Por qué cambiaría si me gusta como soy?
Él me sonríe y asiente.
—Sí, a mí también siempre me gustó cómo eras, realmente como ninguna chica que haya conocido.
Estoy segura de que ese comentario hizo que mis mejillas se pusieran color carmesí, pero sacudo un poco mi cabeza y suspiro.
—¿Y vienes acompañado? Porque si no lo haces, puedes comer conmigo. Muero de hambre, creo que me voy a desmayar.
Su sonrisa no se borra. A pesar de todo este tiempo, él no ha cambiado absolutamente nada, gracias a Dios. Quedamos como buenos amigos, aunque ahora me arrepiento de eso, pues quién quita y él hubiera sido el futuro que yo quería, pero claro, tenía que escoger al idiota de Mauricio.
—De hecho, vengo solo. Vengo a comer algo ligero, pues aún estoy en horas de trabajo. Puedo comer contigo.
Yo tomo asiento y le señalo la silla para que él también lo haga. Cuando la chica viene con mi comida, él ordena. La verdad es que me siento un poco nerviosa. Tenía tanto tiempo de que no hablaba con él y vaya que Madison tiene razón, la gran ciudad lo ama, pues se ve muy diferente.
—Y dime, ¿qué estás haciendo aquí en Nueva York? ¿Te aburriste de California?
Yo pico un poco mi comida y sonrío triste, pues todo lo que sucedió no es fácil de olvidar.
—No, realmente amo California, es mi casa. Simplemente sucedieron cosas que no estaban planeadas y tuve que tomar un rumbo distinto. Me ofrecieron una beca para una maestría aquí en Nueva York y mi padre quiere abrir una empresa. Me pidió ayuda y aquí estoy, tratando de que la gran ciudad no me coma viva.
Él suspira y alza una ceja. Estoy segura de que aquí viene la pregunta incómoda.
—Si entendí bien, me estás diciendo que ya no estás con Mauricio. ¿Qué? Después de todo lo que pasó, ¿no están juntos de verdad?
Yo sonrío, pero más que una sonrisa, es una mueca, pues desgraciadamente así es.
—Sí, a pesar de todo lo que sucedió, no estamos juntos. Digamos que queríamos cosas diferentes. Yo quería algo con lo que he soñado toda la vida, obviamente lo incluí a él, y él quería algo que no me incluía a mí.
Él guarda silencio un momento, toma mi mano y la aprieta un poco.
—Lo lamento. Hubiera jurado que ustedes estaban destinados a estar juntos toda la vida. Y se escuchará muy feo, pero al fin estás soltera. Disfruta, conoce personas. Sé que esta gran ciudad no te comerá viva, de eso estoy completamente seguro. Es más fácil que Daniela se coma a Nueva York a que Nueva York se coma a Daniela.
Yo sonrío porque la verdad deseo que sea de esa manera, aunque no estoy tan segura. Ahí pasamos prácticamente toda la tarde entre pláticas y risas. Me hizo bien volverlo a verlo. Cuando salimos del restaurante, él está de pie y toma mis manos entre las suyas. Me mira a los ojos y, con una sonrisa en su rostro, me dice:
—Si necesitas algo, no dudes en llamarme. Yo estaré para ti siempre que lo necesites. Sabes que dejaste una marca en mi corazón y eso nadie lo ha podido borrar.
Cuando dice eso, yo sonrío. Me vuelve a abrazar y suspiro. Se siente tan bien que alguien que no ves hace mucho tiempo te apoye de esta manera. Él me da su teléfono y yo me voy hacia mi departamento. Cuando llego, me tiro en el sillón, cierro los ojos recordando el último momento que estuve con él.
**Dos años antes**
Estoy en el aeropuerto, entre los brazos de Emiliano. Sabía que este momento llegaría, pero no pensé que tan rápido. Él se separa de mí y me sonríe, levanta mi barbilla para que lo mire a los ojos.
—Prométeme que siempre seremos amigos, que siempre hablaremos y que nunca te olvidarás de mí.
Yo golpeo su hombro juguetona y suspiro.
—No digas estupideces. Me diste el apoyo cuando más lo necesitaba. Fuiste mi hombro para llorar. Te hiciste mi mejor amigo. ¿Por qué te olvidaría ahora que tú me necesitas?
Él me mira con una ceja alzada, no muy convencido de lo que le estoy diciendo, y vaya que tenía razón.
—Porque ahora tienes a Mauricio. Ya no me necesitas para nada. Tienes al amor de tu vida a tu lado. Solo espero que cumplas tu promesa, que conmigo siempre vas a contar cuando lo necesites. No me importa si es ahora o en 5 años o en 10. Tú siempre vas a ser la chica que robó mi corazón.
Escucho que alguien carraspea. Volteo a ver a Mauricio y volteo los ojos con fastidio. Él se ofreció a traerlos, así que no tiene por qué decir nada más. Yo vuelvo a abrazar a Emiliano. Él besa mi frente. Cuando nos separamos, se da la vuelta y empieza a caminar hacia el enorme pasillo que lo llevará al avión. Yo limpio una lágrima y suspiro. También espero no romper esa promesa. Por desgracia, lo hice solamente unos meses después de que se marchó. Seguí hablando con él y después nada, hasta ahora.
Abro los ojos y miro al techo, pensando en qué tan mala amiga soy, pero de ahora en adelante eso cambiará. Volveré a ser la misma Daniela de hace más de 3 años. De eso que no les quede duda.