Por la tarde invitamos a mi familia a tomar la merienda con nosotros, tenía que contarles lo que estaba ocurriendo antes de que lo supieran por otro lado. Cuando llegaron quedaron maravillados por las vistas y la decoración, nos sentamos en la mesa del balcón a tomar café, junto a unos pasteles hablando de diversos temas, con algo de preocupación miraba hacia la puerta no fuera que se abriera y apareciera alguna otra mujer. – Bueno, realmente os invitamos para contaros una cosa…–dije sintiéndome nerviosa por las posibles reacciones – ¿Estás embarazada?–preguntó mi padre haciendo que Dante casi se ahogara con el café – ¡Papá, claro que no!–exclamé avergonzada, dándole pequeñas palmadas a Dante en la espalda – Podía ser una posibilidad… Yo comienzo a ser viejo– – Arthur, cállate, qu

