Scarlett:
Le había pedido a Nara que no hiciera nada en mi nombre, pero era tan terca, que había ido a molestar a ese, no me importaba que casi me matará; su cara de molestia fue algo digno de ver.
Ella había vuelto con la indicación de prepararme para la dichosa ceremonia, encima, me había amenazado, no era idiota, podía hacerlo rabiar en privado, pero en público, sabía lo que tenía que hacer.
- Esta lista mi señora –dice Nara frente al espejo de cuerpo completo, todo era muy bonito, la decoración, incluso el vestido; lo único que no quedaba con todo aquello, éramos mi apatía y yo. Asiento, camino a la puerta, salgo seguido de Nara, ella me guiaría a la Chapel. Ahí, frente a cientos de “personas”, porque siendo sincera no sé si lo sean; nos uniríamos en matrimonio por todo el tiempo que durará mi vida, que esperaba fueran dos minutos, eso o conseguir que me diera el divorcio, ¿si lo hacía enojar, me mataría o me daría el divorcio? Era una buena pregunta, quizás podría intentarlo, nada perdía.
Llego al salón y respiro profundo, era hora de actuar, de aparentar que era la persona más afortunada del mundo por casarme con el idiota Dios.
- Por este lado –dice él saliendo de quien sabe dónde. Apunta una puerta pequeña, claro, si la comparas con las otras puertas; la cual tiene grabado pequeñas flores en las esquinas, así como un extraño símbolo que podría pasar por una nota musical.
Asiento y llamo a la puerta, esta se abre; entro y me sorprendo al ver que son miles, trago saliva, debía ser fuerte, por Nana y por mi hermana.
Camino al centro, siento como él me sigue de cerca; me detengo donde me señala el sacerdote, me vuelvo hacia él y sin prestar mucha atención, sigo las indicaciones que me da.
- Acepto –digo mirando a la nada, no quería pensar que todo lo que había hecho se iría por la borda, de verdad que a estos les encantaba arruinar todo, tantos años de estudio, de trabajo duro, para terminar siendo la esposa de un idiota, ¿qué es lo que haría? Lucir ropa bonita, asistir a reuniones y hacerlo quedar bien, por lo que sabía, las esposas de los altos funcionarios, no solían participar, algunas lo hacían por gusto, pero otras, eran relegadas a esa miserable vida, sin olvidar el cuidado de los niños. Siento como se detiene mi corazón al pensar en esa idea, ¿debía darle un heredero? La sola idea me causaba nauseas, me rehusaba a llevar en mi vientre al hijo de semejante pedazo de imbécil.
- Acepto –su voz es fría, quiero burlarme de él porque al final tuvo que casarse conmigo, sin embargo, me coge de la cintura y me besa, su beso es frío, soso, mis labios apenas se habían movido. Me separó sonriendo cuando en realidad quería gritar, huir de aquí, volver con ellas, ir a mi trabajo como todos los días.
Los aplausos interrumpen mis pensamientos, él habla algo acerca de un banquete, miro a la nada.
- Te odio –digo bajo, me mira con una sonrisa burlona, unas increíbles ganas de mostrarle mi dedo medio se apoderan de mí, pero no podía hacerlo con tanta gente observándonos como la novedad del circo, ya tendría oportunidad de hacerlo en la privacidad de mi habitación.
- El sentimiento es mutuo, cariño –susurra lo último con desprecio, miro a mi alrededor, al notar que nadie nos observa, le muestro el dedo medio, adiós a mis ganas de querer ser educada.
- Aquí tienes tu cariño –me doy media vuelta y camino hacia el comedor, quizás podría divertirme un poco.
Kaled:
Tras acercarme a ella, había dicho que ya que era la recepción de su boda, se divertiría, era justo, según ella. Su diversión había consistido en comer de todo y beber hasta ponerse ebria, estado en el que había admitido que era guapo y sexy, además de recordarme que era un idiota y un inútil Dios.
- Eres más razonable en este estado –digo mirando como Nara la arropa, parece tener aprecio a su nueva ama.
- Me pareces menos idiota, más guapo y sexy –alzo una ceja, ríe ante lo que acaba de decir, puedo decir que en ese estado es menos pesada y molesta, aunque no sería correcto ni me daría una buena imagen que la señora de este palacio, fuese una ebria total.
- Claro, y mañana dirás que soy un Dios idiota –digo bajo, a decir verdad, esta situación me causaba un poco de diversión, sin embargo, esto jamás lo sabría ella, sería darle un arma contra mí, y eso no podía permitirlo.
- Exacto, eres genial –dice bostezando, se acomoda, balbucea algo sobre otra mimosa y se queda dormida.
- Puedes retirarte Nara, gracias –ella hace una reverencia y sale, me quito la ropa y me acomodo a su lado, ¿por qué no podía ser así siempre? Era claro que pasaríamos un largo tiempo juntos, ¿no habría sido mejor llevar la fiesta en paz? Las anteriores habían aceptado sin chistar el acuerdo, habían sido buenas compañeras hasta el día de su muerte, entonces había llegado ella, y había puesto mi mundo de cabeza en tan sólo un día, en realidad, eran unas cuantas horas, ni siquiera los ladrones fuera del pueblo le daban tantos problemas como esta niña.
Debía admitir que siendo gemelas, ambas eran guapas, pero si debía ser honesto, Elyse era más dulce y alegre, mientras ella era una gruñona y contestona, aunque claro, dormida era un ángel.
- Nana –le escucho susurrar y después silencio. Había otra diferencia, las otras chicas no tenían un lazo tan fuerte con sus familiares, pero claro, ellas habían sido educadas para servir.
Suspiro y cierro los ojos, mañana quizás estaría irritante debido a la cantidad de alcohol que había ingerido, para evitar un mal rato, le diría a Nara que le preparará un remedio para evitar que estuviese de malas, y por consiguiente, evitar asesinarla, la necesitaba y no podía esperar otros cien años, además, ella debía aprender cuál era su lugar, y se lo mostraría, por las buenas... o por las malas.